“Mi abuelo falleció y mi abuela es otra persona desde que tiene un perro en casa”: la salvación de muchos mayores para combatir la soledad
Afinidad
“Las personas mayores son invisibles en la calle. Pero cuando tienen perro acaban haciendo un núcleo social”, destaca la experta en terapias asistidas Maribel Vila
Por su parte, la etóloga Cristina González recuerda que la relación entre una persona mayor y un animal, como cualquier vínculo, implica ajustes y adaptación mutua

Mujer perro

“Mi abuelo falleció hace seis meses y mi abuela, aunque está con mi madre, ha cambiado completamente desde que llegó Lucas”, cuenta Cristina González, veterinaria, etóloga y responsable de la web etologo.es, a propósito de la incorporación a la familia del perro. Esta confesión personal queda ampliamente refrendada por lo que vive en su práctica profesional. “Los animales ayudan muchísimo a combatir la soledad de las personas mayores, hacen que puedan seguir con una serie de rutinas, que no se queden tan aisladas y que continúen su vida con más normalidad”, apunta.
De la misma opinión es Maribel Vila, experta en terapias asistidas con animales y socia fundadora de El Raco de Milu, en Manresa (Barcelona). “Las personas mayores son invisibles en la calle”, denuncia. “Pero cuando tienen perro, acaban haciendo un núcleo social”. Su trabajo con mayores se remonta al año 2007 cuando inició un programa de terapias asistidas con animales en el Centro Geriátrico La Torrasa, de Hospitalet de Llobregat. En el proyecto, que continúa actualmente, han podido comprobar cómo los ancianos viven una ‘transformación’ cuando están junto a los animales. “Te preguntan, se ponen a hablar, hacen aflorar su parte emocional, no se quejan al hacer los ejercicios…”. Es como si, de repente, fueran otros, lejos del dolor y de la falta de energía física y anímica que los puede aquejar.

A ello contribuye, sin duda, esa cualidad especial que atribuye a los perros y es que, como comenta, “son grandes lectores de nuestras emociones. Ellos observan, miran dónde están, quién hay… Su comportamiento no es el mismo cuando están en un geriátrico que en una escuela con niños. Recogen la energía que hay, recogen la tristeza de la persona y su lenguaje corporal, y se acercan a ti, están a tu lado”.
Compañía en un hogar solitario
En España, el 22,5% de los mayores de 65 años vive solo. Si avanzamos dos décadas, hasta los 85 años, el porcentaje sube hasta el 34% (sin considerar aquellos que están en residencias o entornos similares). Son datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que muestra la gran cantidad de hogares donde solo hay una persona de esta franja de edad. Combatir la soledad y dar sentido a su día a día es lo que mueve a algunos familiares a plantearse la conveniencia de adoptar un animal que compartirá vida con ese ser querido.
Pero no puede ser una decisión tomada a la ligera. “Además de todos sus beneficios, también es una responsabilidad y te ata. Si esa persona no ha tenido nunca animales, puede ser abrumador”, advierte la etóloga. Por eso su consejo es que siempre sea una decisión consensuada, nunca una imposición ni una sorpresa. “Siempre nos imaginamos la parte bonita en la que el perro o el gato está estable y se adapta perfectamente a esa nueva vida.
Pueden hacerse compañía mutuamente con la tranquilidad de que sus caminos son paralelos en la vida
Pero no siempre es así; de hecho, generalmente no es así”, añade. “Es como cualquier otra relación entre varios individuos: hay que hacer ajustes y si la persona que adopta al animal no lo ha pensado o no encaja en su estilo de vida, puede haber problemas. Del mismo modo que no se te ocurriría añadir un compañero de piso de repente a tu abuelo, tampoco debe hacerse con el animal. Estás interfiriendo en la intimidad de esa persona, que quizá necesite su espacio para gestionar el duelo”, detalla.
En ese consenso, que tiene que partir de una conversación sincera y realista, es muy conveniente recurrir a un asesoramiento profesional. Hablamos de un ser vivo, el animal, que también tiene un recorrido, unas necesidades y unas experiencias previas que han de casar con su nuevo entorno. Cuando hace consultorías de este tipo, Cristina González siempre pregunta por qué quieren incluir al animal en su vida. ¿Para sentirse acompañado?, ¿para socializar?, ¿para caminar más? Dependiendo de la respuesta, el indicado puede ser uno u otro.
Buscar el encaje idóneo
Comparte esta opinión Maribel Vila, que señala cómo a la hora de hacer ese match entre la persona mayor y el animal hay que tener muy en cuenta situaciones concretas cómo su estado de salud, si tiene experiencias anteriores, si cuenta con una red de apoyo cercana en el caso de que se pusiera enfermo… “No podemos romantizar la experiencia”, señala; por eso aboga por el realismo a la hora de tomar la decisión.
Todos estos condicionantes hacen que para ambas expertas sea mucho más importante considerar las circunstancias concretas en cada caso que las razas más o menos idóneas para los mayores. Aunque sí hay algunos casos que hay que evaluar muy detenidamente. Por ejemplo, si hablamos de los pastores, precisan de un ritmo alto que no todas las personas de cierta edad van a poder seguir. La etóloga también evitaría los que tienen mucho miedo, como los perros de agua o los galgos, y tampoco se decantaría por los nórdicos, “aparte de por tamaño, porque suelen ser bastante despegados”. Es un equilibro complicado, porque, por ejemplo, los beagles son “extremadamente sociales, pero también muy demandantes”. Es la razón por la que le gusta estudiar cada circunstancia particular.
Los animales ayudan muchísimo a combatir la soledad de las personas mayores, hacen que puedan seguir con una serie de rutinas, que no se queden tan aisladas y que continúen su vida
Por este motivo y porque aboga por la adopción, González se centra en el tamaño más que en la raza. “Yo elegiría un perro adulto, no muy grande, con un peso máximo de 15 kilos”, concreta. En que sea adulto también coincide Maribel Vila. Aunque, en principio, un cachorro, por su reducido tamaño, podría parecer más adecuado para un mayor, hay que tener en cuenta que en sus primeros años tendrá una serie de necesidades, quizá demasiado exigentes para una persona de edad avanzada.
Caminos paralelos vitales
Refugios y protectoras de animales están llenos de perros ya mayores para los que es muy difícil encontrar una familia con la que pasar sus últimos años. Es una gran oportunidad para este caso concreto de personas mayores. “Pueden hacerse compañía mutuamente con la tranquilidad de que sus caminos son paralelos en la vida”, señala Maribel Vila. Otra ventaja añadida, y no siempre conocida, es que los refugios suelen asumir los gastos veterinarios y de alimentación de estos peludos mayores para incentivar que puedan vivir en familia.
Una iniciativa similar se acaba de poner en marcha a través de la plataforma www.mayoresamigos.com, auspiciada por Leti Pharma en colaboración con VML Health. Se trata de un buscador con geolocalización que facilita la coordinación de encuentros entre mayores que viven en una residencia y perros mayores que esperan una segunda oportunidad en refugios. Así, los perros visitan a estos ancianos, en una doble solución que puede cambiar ambas vidas. Asunción Ruiz, directora de Rescate Animal Granada, destaca: “Hay que pensar que, para un perro, no hay mayor soledad no deseada que no tener familia”.

Hablamos de perros, pero también los gatos pueden hacer esta función. “Muchos creen que son muy independientes, pero no es así; tienen una manera diferente de demandar el afecto, pero no son distantes”, recalca la responsable de El Racó de Milu. En cuanto a los más adecuados para compartir el día a día con los mayores, “los British suelen ser súper dulces, igual que los Maine Coon y los gatos europeos, el típico gato de la calle, que pueden llegar a ser extremadamente divertidos y dulces”, comenta la etóloga. Si el mayor no sale a la calle y precisa compañía, un gato puede ser una excelente opción.
No obstante, no hay que cerrar posibilidades: cualquier otro animal con el que vincule el mayor será una buena decisión. ¿El resultado? Sentirse de nuevo vivo, saber que un animal necesita de sus cuidados y encontrar una motivación para levantarse cada mañana.