Sociedad

Los retos de convivencia con animales de compañía continúan en España: el marco legal ha experimentado cambios, si bien las trabas perduran en el día a día.

Convivir con animales

La legislación progresa en lo referente al bienestar animal, no obstante, todavía resta un largo camino por transitar en el día a día, según comentan diversos especialistas. 

Perro

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La ley de Bienestar animal, que entró en vigor en septiembre de 2023, ocupó titulares informativos previamente, en el transcurso y tras su recorrido parlamentario. Desde su inicio con medidas como la castración obligatoria de todos los canes exceptuando los de criadores, la supresión de las razas conocidas como PPP (perros potencialmente peligrosos) o el amparo a los animales de caza, hasta la ley que se sancionó finalmente, no solo hubo un gran debate, sino que además esas tres propuestas, junto a otras, fueron descartadas. Y actualmente, todavía carece de un reglamento para su desarrollo.

Recientemente, una normativa actualizada sobre el marco legal de los animales empezó a definirlos como seres con sensibilidad, lo que significa que ya no pueden ser objeto de hipotecas, embargos, abandono, maltrato o separación de sus propietarios ante situaciones de divorcio o ruptura. “Este cambio rompe con siglos de consideración jurídica de los animales como bienes y supone un giro conceptual profundo: ya no se legisla solo sobre la propiedad de un animal, sino sobre su bienestar, sus intereses y su capacidad de sentir dolor, placer y estrés”, comenta Jon Moral, veterinario experto en neurología, traumatología y tratamiento del dolor crónico.

Para muchas familias, viajar con su perro es una carrera de obstáculo. 
Para muchas familias, viajar con su perro es una carrera de obstáculo. 

Si bien el progreso de los últimos tiempos es innegable, también es cierto que todavía falta mucho camino por recorrer en cuanto a las garantías legales de los animales y de sus responsables. “Reconocer que un animal siente, pero no asegurar que ese hecho tenga consecuencias jurídicas reales y exigibles, es un avance incompleto”, indica Moral. Por este motivo, consultamos a diversos especialistas sobre los desafíos venideros ahora que los animales de compañía ya se consideran seres sintientes.

La fortuna de desplazarse con un can

“Para muchas familias, viajar con su perro es una carrera de obstáculos: límites de peso, obligación de transportín, viajes en bodega o directamente prohibiciones”, comenta Victor Padilla, quien junto a Alba Fernández escribió la obra Educación canina para toda la familia e integra el grupo de Olfateando el mundo. Dentro de España, existen aerolíneas que prohíben el traslado de cualquier clase de animal doméstico. Diferentes empresas, mediante un abono adicional, únicamente admiten en la cabina a canes cuyo peso no exceda los ocho o diez kilos (según la firma), contando el recipiente, y los mismos tienen que estar dentro de su transportín durante el trayecto, ubicado bajo el asiento del propietario. En cuanto a los canes que superan los 10 kilos, la única opción es viajar en bodega , sitio donde pierden su condición de seres con sensibilidad para ser transportados bajo la categoría de mercancía o bulto adicional.

Tratándose del transporte ferroviario, las reglas son parecidas para los animales pequeños, aunque para los canes de entre 10 y 40 kilos el traslado solo es posible en rutas específicas donde, mediante un pago adicional, el animal puede ocupar una plaza, siempre sujeto y con bozal al entrar o salir del vagón. Los perros que excedan los 40 kilos no están autorizados a viajar en tren en ningún recorrido. Por otro lado, en la mayoría de los autobuses interurbanos, las mascotas únicamente pueden ser transportadas si pesan menos de 10 kilos, debiendo ir en un área reservada dentro de la bodega.

Algo parecido sucede en lo referente al transporte urbano de pasajeros. “Aunque se han dado pequeños pasos, siguen siendo espacios poco amables para los perros. Normas confusas, exigencia de bozal sin valorar el contexto de cada individuo, vetos por tamaño… Todo esto transmite el mismo mensaje: tu perro es un problema”, afirma Padilla, quien agrega: “ Sin embargo, muchos conflictos aparecen precisamente por falta de adaptación del entorno. Viajar de pie, apretado, rodeado de estímulos y sin posibilidad de tomar distancia no es sencillo para ningún ser vivo”.

¿Un sistema de salud público para animales?

Nacho Perales, especialista en comportamiento canino y director de Garra libre, propone considerar la instauración de una asistencia sanitaria pública para mascotas. “Entiendo que tiene que ir de la mano de impuestos a las personas que tengamos animales o habría que ver cómo habría que hacerlo pero me parece que un paso fundamental es el de bajar los costes”, sostiene. 

Dentro de España, el gravamen impositivo para las prestaciones veterinarias —con excepción de las actividades agrícolas, forestales o pecuarias— se sitúa en el 21% aun cuando los profesionales llevan mucho tiempo reclamando una bajada. Según los expertos, esta circunstancia perjudica la integridad sanitaria de los animales. “Hay casos incluso en los que como no se puede pagar el tratamiento, el perro se termina eutanasiando”, señala Perales.

Según Padilla, una de las situaciones más penosas es la conocida como eutanasia conductual, aplicada cuando se sacrifica al animal debido a que su comportamiento se vuelve incontrolable. “Pero detrás de esa palabra suele haber años de señales ignoradas, de emociones no acompañadas y de intentos de corrección que solo aumentaron el malestar. Cuando un perro llega a ese punto, no ha fallado él: ha fallado el sistema que no supo escucharle antes”, afirma.

Gato en un hogar. 
Gato en un hogar. Xolodan

Si poseer un can te impide el acceso a una vivienda

A diferencia de lo que sucede en naciones como Francia o Bélgica, los dueños de inmuebles no tienen la facultad de restringir los animales de compañía en los convenios de arrendamiento, en España todavía constituye una costumbre frecuente, puesto que, conforme a la Ley de Arrendamientos Urbanos, dicha determinación recae exclusivamente en el arrendador. Un rastreo veloz en la plataforma inmobiliaria Idealista revela que, entre las más de 3.000 viviendas y apartamentos para alquilar en Barcelona, apenas poco más de 700 aceptaban animales de compañía, lo que representa un 24%. Esa misma indagación muestra un 9% en Girona, un 4% en Lleida y un 7,5% en Tarragona.

“El sistema de alquiler sigue viendo a los animales como una amenaza. Esto empuja a abandonos silenciosos y decisiones muy duras. Un perro no debería ser una carga, sino una parte de la familia”, medita Padilla. Una investigación de 2021 realizada por la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona señaló que las dificultades habitacionales representan uno de los motivos centrales de renuncia en el centro municipal de acogida de mascotas y, de acuerdo con el estudio sobre el abandono de la Fundación Affinity, la mudanza constituye el tercer factor (un 12%) para dejar a la mascota, una cifra que continúa en ascenso.

Verdadera comprensión

“Reconocer la sintiencia sin desarrollar un marco coherente de protección efectiva, prevención del sufrimiento evitable y toma de decisiones basada en criterios científicos, corre el riesgo de convertirse en un gesto simbólico”, sostiene con firmeza Moral, quien observa con frecuencia a canes que padecen dolencias persistentes y que no han sido comprendidos por sus cuidadores ni por sus médicos veterinarios.

Según Padilla, el principal desafío consiste en abandonar la exigencia de sumisión y lograr brindar entendimiento. “Seguimos interpretando demasiadas conductas como desobediencia, cuando en realidad son emociones mal gestionadas. Miedo, frustración, inseguridad, estrés… El perro no se rebela: se comunica. Y mientras no cambiemos esa mirada, seguiremos intentando controlar lo que en realidad necesita ser comprendido”, asegura.