“Los pacientes viven la visita de su perro como la de un familiar”: el Hospital de Getafe crea un espacio para que los ingresados se despidan de sus animales
Animales y terapia
La iniciativa está dirigida a personas ingresadas con una larga hospitalización o con necesidades paliativas que quieren despedirse de su perro
Tras el encuentro con el perro, “su estado emocional mejora porque esas endorfinas son curativas, y les genera ganas de irse de alta, de curarse, de volver con el animal”, señala la responsable del proyecto.

Un paciente del Hospital de Getafe acaricia a su mascota

Hay dos experiencias, una personal y una profesional, que cambiaron la mirada de Ángeles García Sánchez, jefa de Servicio de Información y Atención al Paciente del Hospital Universitario de Getafe, en Madrid.
La profesional fue la visita a Urgencias de una persona con discapacidad visual que iba con su perro de asistencia. “Todo el mundo me llamaba: ‘¿qué hacemos?, ¿puede pasar el perro con él?’. Yo les contestaba que, por supuesto, que para esa persona era algo imprescindible, como unas gafas o un bastón. Al paciente hubo que ingresarlo y, de nuevo, surgieron las preguntas: ‘¿puede ingresar con el perro?’. Yo les aseguraba que sí y ahí estuvo con el enfermo en su habitación. Todos los días venían de la ONCE a darle de comer y a sacar a pasear al animal, y funcionó muy bien”, recuerda.
Mi padre ya no iba a salir del hospital y su perrita era su vida, les pedí salir con él al patio y en el reencuentro lloramos todos

La segunda es mucho más intensa y conmovedora, pues está protagonizada por su propio padre. Cuando estuvo ingresado en la Unidad de Cuidados Paliativos. “Ya no iba a salir del hospital y su perrita era su vida. Entonces comenté a las enfermeras que quería llevarle a la perrita y dijeron que no se podía. Les pedí entonces sacar a mi padre en silla de ruedas al patio y le llevé a su perrita. Vi lo que se emocionaba y lloramos todos”, rememora conmovida.
A raíz de estas dos situaciones se planteó crear un espacio específico en el hospital para albergar, de forma continuada, este tipo de encuentros. “Yo tengo mascota [se quedó a cargo de la perrita de su padre] y sé la importancia emocional de todo lo que nos aportan. Lo que he pretendido es que los demás lo vean como un beneficio para la salud del paciente. Además, dentro del Plan de Humanización del hospital es muy adecuado, porque se pretende que el centro tenga un ambiente lo más familiar posible, y ayudar a mejorar el estado anímico de las personas ingresadas”, subraya.
La creación de la ‘Mascozona’
Así fue cómo, hace seis meses, comenzó a funcionar de manera oficial la que ha sido bautizada como la ‘Mascozona’. Está situada en un área acotada del vestíbulo principal para que los peludos no tengan que hacer desplazamientos por las instalaciones hospitalarias. De esta forma, el perro puede entrar directamente desde la calle. Hay que tener en cuenta que no a todas las personas que pasan por un centro hospitalario les agrada la presencia de un animal y que también puede haber alergias. De ahí la elección del lugar.
El espacio se ha acotado con mobiliario y con vinilos, que son huellas de perros. Hay un banco, “como si fuera el de un parque”, para que el paciente esté cómodo. Es un espacio amplio, pero que goza de intimidad para que tutor y peludo puedan relacionarse como en casa. Actualmente, los pacientes ingresados pueden recibir la visita de su perro de lunes a viernes entre las 17 y las 18 horas. Tras usar el espacio, actúa el servicio de limpieza para dejarlo todo impecable de nuevo para la siguiente visita. Para acceder a este servicio, se puede hacer una petición oral o también en la página web del hospital a través de un formulario.
Yo tengo mascota y sé la importancia emocional de todo lo que nos aportan
La iniciativa está dirigida, sobre todo, a personas ingresadas con una larga hospitalización o con necesidades paliativas que quieren despedirse de su perro. Además, hay una serie de requisitos. En relación a los pacientes, no pueden participar los que precisan oxígeno de manera continuada, los que están en una situación hemodinámica inestable o los que permanecen en aislamiento. A estas salvedades podría unirse alguna otra a criterio de los médicos.
Por su parte, el perro debe acudir siempre a la visita acompañado de un familiar, “pedimos que traigan la cartilla de vacunación actualizada y que si es un perro que se altera mucho, venga con bozal, aunque luego se lo quiten durante el encuentro”, detalla Ángeles García Sánchez. No está permitida la visita de los considerados como razas peligrosas, según la ley actual.

De momento, solo los perros tienen la suerte de encontrarse con sus tutores, aunque la responsable del proyecto no descarta que en un futuro pueda ampliarse a gatos o a otras especies. De entrada, prefieren ir paso a paso y con cautela, teniendo en cuenta la normativa vigente (que es mucho más explícita en relación a las interacciones caninas), para que no haya ningún ‘tropiezo’ que pueda dar al traste con la ‘Mascozona’.
Emociones positivas y un mayor bienestar
Algunos estudios científicos apuntan la mejora en el estado de ánimo y la estimulación motora de las personas que interaccionan con peludos. En ciertos trabajos se habla incluso de beneficios cardiovasculares y reducción de la presión arterial. Hay investigaciones que han examinado, de manera bidireccional, cómo repercute la relación humano-animal en la salud de cada uno de ellos. Por ejemplo, The Veterinary Journal publicó un estudio sobre los parámetros
fisiológicos observables cuando había una buena sintonía entre la persona y su animal de compañía. “Nuestros resultados indican que las concentraciones de beta-endorfina, oxitocina, prolactina, beta-feniletilamina y dopamina aumentaron en ambas especies tras la interacción positiva interespecies, mientras que las de cortisol disminuyeron únicamente en los humanos”, señalan.

Aunque en el Hospital Universitario de Getafe no han llevado a cabo aún un análisis estructurado de los beneficios de este servicio, la experiencia diaria es la que mejor le devuelve la realidad de cómo impacta. “Solamente hay que ver la cara del paciente, que a lo mejor baja triste y de repente ya sonríe. Su estado emocional mejora porque esas endorfinas son curativas, y les genera ganas de irse de alta, de curarse, de volver con el animal”, señala. En esta reunión tan especial no hay que olvidarse del perro, “al que, aunque no le podemos preguntar, seguro que siente alivio al ver que no lo han abandonado”.
Hay casos muy desgarradores en que ese perro es el único ser con el que se relaciona el ingresado. Sucede algunas veces en pacientes de edad avanzada que viven solos con su mascota. “Y les echan mucho de menos porque organizan su día a día con él, lo sacan de paseo, hablan con él… Y te piden si puede ir a verlo el animal. Creo que es un esfuerzo que hay que hacer entre todos, porque es una iniciativa casi a coste cero y que genera muchos beneficios”, concluye Ángeles García Sánchez.