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David Casinos, atleta y medallista paralímpico: “La primera vez que cogí el arnés de mi perro guía sentí libertad. Fue una sensación increíble”

Testimonio

El atleta paralímpico reflexiona sobre su carrera deportiva y sobre cómo la convivencia con un perro guía ha marcado su forma de entrenar, competir y vivir

David Casinos, atleta paralímpico.

David Casinos, atleta paralímpico.

Cedida

David Casinos Sierra ha caminado siempre acompañado de perros. Mucho antes de perder la visión ya convivía con ellos, y desde entonces su vida no se entiende sin esa presencia constante que va más allá de la ayuda práctica. Tyson, su primer bóxer, y después sus perros guías no solo le han acompañado en el día a día, sino también en una trayectoria marcada por el deporte de élite, los viajes y la competición al más alto nivel. 

Atleta paralímpico y referente del lanzamiento, Casinos explica que un perro guía no llega para sustituir nada, sino para sumarse a una autonomía que ya existe. No es una solución automática ni válida para cualquiera, sino un vínculo que se construye con tiempo, exigencia y confianza. En su caso, trenes, aviones, concentraciones y competiciones hicieron del perro un aliado imprescindible. Pero con los años, esa relación fue mucho más allá del trabajo: el perro pasó a ser familia. 

¿Qué requisitos se tienen en cuenta para conceder un perro guía?

Para poder acceder a un perro guía es necesario superar cuatro informes. En primer lugar, se realiza un informe médico para asegurar que la condición física y mental de la persona es adecuada. Después interviene un psicólogo, que evalúa aspectos emocionales y de adaptación. Luego un trabajador social visita el domicilio para comprobar que el entorno es adecuado y que existen las condiciones necesarias para cuidar y mantener al perro. Por último —y es uno de los pasos más importantes— se lleva a cabo la evaluación del TDR, el técnico de rehabilitación, conocido también como profesor de personas ciegas. Este profesional analiza cómo la persona se desenvuelve en su día a día, le enseña a manejarse con bastón y evalúa tanto el interior de la casa como la movilidad en el entorno antes de considerar si asignar o no un perro guía. 

La primera vez que cogí el arnés de Farala sentí libertad. Esa es la palabra. Una sensación increíble

David Casinos Sierra

Atleta paralímpico

¿Qué significa la enseñanza con bastón?

Sirve para ver cómo se mueve una persona antes de poder trabajar con un perro guía. El técnico te pide que camines con bastón para ver cómo te desplazas por la calle, cuál es el ritmo de tu marcha, cómo cruzas un paso de peatones o cómo reaccionas a los obstáculos. Es imprescindible tener un mínimo de autonomía con bastón antes de pasar a un perro guía. El bastón detecta todo lo que toca, pero el perro funciona de otra manera: se detiene, toma decisiones, un charco o alguien con otro perro. Debes estar preparado y confiar en cómo el perro interpreta estas paradas. Además, también tienen en cuenta tu edad, tu estilo de vida, si trabajas o no, a qué te dedicas... Toda esta información se envía a la escuela de perros guías y se decide qué perro es más adecuado. 

David Casinos, atleta paralímpico
David Casinos, atleta paralímpicoCedida

¿Cuánto tiempo de espera hay para conseguir un perro guía?

La lista de espera suele ser larga. En muchos casos, puede irse a cuatro o cinco años para tener tu primer perro guía. Por eso, cuando te llaman, la sensación es comparable a que te toque la lotería. Llevas años dependiendo únicamente del bastón y, de repente, te dicen que vas a tener un perro que te ayudará a moverte de otra manera. Es un momento muy emocionante. Aunque, hay miedos. Cuando llegas a la escuela de perros guías no eres consciente de todo lo que supone: aprender a caminar a otro ritmo, dar órdenes— en castellano o inglés según el centro—, interpretar el entorno y, sobre todo, conocer a tu nuevo compañero y dejar que él te conozca. 

El vínculo no es inmediato. El perro ha pasado casi dos años en formación y está acostumbrado a otro tipo de trabajo y de referencias. Cuando te lo entregan, él no siente un cariño automático. Al principio puede ser raro, puede haber incluso rechazo, pero luego todo surje. 

¿Cómo seleccionaron a Urano tras la jubilación de Farala?

Urano tenía un paso muy similar al mío. Era un perro con una sensibilidad muy alta, muy sociable, y al que le gustaba coger aviones, trenes o montarse en el coche. Esto al final te une. Y el usuario no se tiene que adaptar al perro, es al revés. Y cuando además hay cosas que os unen, pues todo está claro. 

¿Qué fue lo primero que sintió el día que cogió por primera vez el arnés de Farala o Urano y entendió que, a partir de ese momento, su seguridad dependía de ellos?

Sentí libertad. Esa es la palabra. Una sensación increíble. En la escuela te enseñan a usar el arnés unas semanas antes, hay que “romperlo”, acostumbrarte a lo que significa. Porque en el momento en que das la orden de avanzar, el perro se mueve y empieza a interpretar todo lo que tiene delante. De repente te das cuenta de que ya no dependes solo del bastón, sino que el perro avanza, se detiene, esquiva, toma decisiones… Empiezas a caminar con una libertad que antes no tenías. Con el bastón vas tocando lo que tienes delante, en cambio, con el perro te mueves de otra manera. Él detecta bicicletas, patinetes, niños corriendo, personas que se cruzan, sillas de ruedas… Todo eso lo vas descubriendo poco a poco. Es una sensación completamente nueva. 

Para mí son mi familia, están por encima de todo. Me dan vida, y creo que otros usuarios compartirán esta sensación... Yo soy quien soy gracias a mis perros

David Casinos Sierra

Atleta paralímpico

¿La adaptación en casa cómo es?

No es fácil. En la escuela siempre estás acompañado por instructores, pero cuando vuelves a casa y sales por primera vez solo con tu perro, sin nadie detrás, es duro. Ahí aparecen los miedos. Además, el entorno ha cambiado mucho con los años. Cuando a mí me dieron el primer perro guía, empezaron a aparecer algunos coches eléctricos, pero hoy todo es eléctrico: bicicletas, patinetes, coches… Hay muchos estímulos nuevos y eso exige adaptación todo el rato. También hay más perros en la calle, lo cual es positivo, pero añade dificultad. Les gusta jugar y distraerse, y el perro guía tiene que aprender a ignorar eso. Tiene que tomar decisiones para protegerte y protegerse, y eso es lo que hace que sean mucho más que un apoyo; son un compañero que piensa, evalúa y actúa. 

La conexión entre usuario y perro guía es absoluta. ¿Cómo se construye esa confianza cuando sabes que estás poniendo tu vida en manos —o mejor dicho, en patas— de otro ser?

Aquí todo funciona desde el cariño, desde lo emocional. No es una relación basada en la disciplina. Yo voy hablando con él por la calle, le cuento cosas, le toco, le doy premios, un beso… para mí él es mi familia, está por encima de todo. Me da vida, y creo que muchos otros usuarios de perros guía compartirán esta sensación... Yo soy quien soy gracias a mis perros. Me acompañan a llevar a mis hijos al colegio, al parque, a la guardería, al supermercado. Me ayudan a encontrar una esta, el azúcar o los huevos… Es un perro de agua y siempre digo que es mi bastón de agua. 

David Casinos, atleta paralímpico.
David Casinos, atleta paralímpico.Cedida

¿Cómo se afronta emocionalmente la idea de que quien te ha dado libertad durante años deje de guiarte, como fue el caso de Farala?

Es muy duro y muy complicado darse cuenta de que el perro ya no sale con la misma alegría del paso de cebra, que va más despacio, que por un ojito no ve... Sueles notar que con 8 o 9 años a ese perrito no le puedes meter la misma caña, ni pedirle que tome de la misma manera las decisiones. Tú en ese momento debes reflexionar y decidir. Normalmente, he jubilado con esa edad, y cuando decides hacerlo debes saber que estarás un tiempo sin perro. Es decir, cuidamos al perro jubilado en casa y volvemos al bastón mientras viene otro perro. Emocionalmente es muy complicado. Además, sabes que ese perrito tendrá que estar más en casa y ver cómo viene un nuevo integrante a casa y que tendrá que hacer un poco de soporte, de amistad, de nuevo compañero...

¿Siempre sucede de esta manera?

No, depende mucho de las circunstancias personales de cada usuario. Por ejemplo, en mi último curso había un compañero de unos ochenta años que, junto a su mujer, ya no podía hacerse cargo del perro jubilado como requería: bajarlo al parque, salir en días de mucho frío o asumir el ritmo diario que necesita. Además, cuando una persona se jubila, el perro guía deja de trabajar legalmente con arnés. A partir de ese momento, el animal ya no puede ejercer como perro guía, porque si ocurre un accidente —como un atropello— o se pone en riesgo a otra persona, la responsabilidad es mayor. Por eso, en estos casos entran en juego muchos factores: la edad, la salud, el entorno y la capacidad real de cuidar al perro en su etapa final.

Antes de Farala estuvo Ximena, y ambas convivieron durante un tiempo. ¿Qué aprende un nuevo perro guía del anterior y qué aprende la persona en ese proceso?

El perro que llega de la escuela llega perfectamente formado. Cuando te lo conceden, sabe hacer su trabajo. El problema no es el perro, es que tú todavía no eres su referencia. Durante los primeros meses, el perro no te reconoce como si figura principal, porque viene de pasar dos años con una familia educadora y con instrucciones que han sido su mundo hasta ese momento. De repente lo sacan de ahí y lo colocan contigo, en una casa distinta, con otros olores, otras rutinas, otra forma de moverse. Es como irte de Erasmus a casa de alguien que no conoces. Debemos hacer equipo. 

¿Esa adaptación es igual con todas las razas de perros guía?

No. Depende mucho de la raza. Un labrador, por ejemplo, suele generar un vínculo muy rápido. En pocas semanas ya te reconoce como su persona. En cambio, el pastor alemán es más independiente, muy libre, que necesita decidir cuánto entra realmente en la unidad. Pero cuando se produce el vínculo, es muy fuerte. 

Más allá del vínculo con el perro, ¿qué es lo que más cuesta en la vida diaria con un perro guía?

Muchas veces, la falta de empatía y de información. Un perro guía no es una mascota: es una herramienta de movilidad. Sin embargo, todavía hay personas que no entienden que el perro debe entrar en un restaurante, en un transporte o en cualquier espacio público, aunque suelte pelo o incomode. Curiosamente, cuando alguien va en silla de ruedas, la empatía es inmediata. Con el perro guía no siempre ocurre lo mismo. Como el usuario parece autónomo, se tiende a pensar que no hay vulnerabilidad, cuando en realidad una persona ciega es extremadamente vulnerable en la calle. El perro es quien toma decisiones para protegerla. Creo que no es mala intención, es desconocimiento.

Cuando entrenas o compites como atleta paralímpico, ¿qué papel juegan en tu equilibrio emocional?

Un papel fundamental. Yo soy quien soy gracias a mis perros. Literalmente. Ellos son los que me han llevado en metro, en avión, a los entrenamientos, a las competiciones. Muchas veces he pensado que las medallas tendrían que habérselas dado a ellos. He competido durante muchos años, he estado en cinco Juegos, desde Sídney hasta Río, y todo ese camino ha sido posible porque sabía que al día siguiente mi perro estaría ahí para acompañarme, para ayudarme a salir de casa y entrenar.

David Casinos, atleta paralímpico. 
David Casinos, atleta paralímpico. Cedida

¿Hasta qué punto esa autonomía influye en la confianza de un deportista paralímpico?

Influye en todo. Yo no soy quien soy por las medallas, sino porque he podido valerme solo. Y eso me lo ha dado el perro. Te permite vivir la discapacidad desde la capacidad, no desde la limitación. Durante muchos años el deporte paralímpico apenas se veía. Hoy somos más visibles, y eso es importante para la sociedad. Para que alguien vea a un deportista con discapacidad y piense: “Si él puede, quizá yo también”. Esa visibilidad también es una forma de motivación.

Los perros trabajan desde la motivación. Incluso el perro más triste es capaz de dar cariño. Siempre. Te abraza, te acompaña, te empuja a seguir. Para mí son grandes generadores de hábitos

David Casinos Sierra

Atleta paralímpico

Habla mucho de motivación. ¿Qué te enseñan los perros en ese sentido?

Los perros trabajan desde la motivación. Incluso el perro más triste es capaz de dar cariño. Siempre. Te abraza, te acompaña, te empuja a seguir. Para mí son grandes generadores de hábitos. Y el hábito es clave. Yo entreno cada día porque sé que eso me hace bien, me hace feliz. A veces cuesta, como a todo el mundo, pero cuando conviertes algo en hábito, la motivación aparece sola. Los perros te enseñan eso sin palabras.

Existe la idea de que un perro guía trabaja todo el día. ¿Es así?

No. Es una idea equivocada. Un perro guía trabaja aproximadamente un 20% del tiempo en la calle. El otro 80% hace vida social: está en casa, descansa, recibe cariño, acompaña. Tienen, sinceramente, una vida muy buena. Además, están muy controlados. Cuando recibimos un perro, llega con un expediente completo: alimentación, vacunación, medicación. Durante el primer año enviamos informes mensuales sobre su estado y, más adelante, informes anuales. Son perros muy cuidados, incluso más que muchos otros, porque acceden a lugares sensibles como hospitales o restaurantes y eso exige mucha responsabilidad.

Laura Villanueva

Laura Villanueva

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Coordinadora de Peludos y SEO en Guyana Guardian. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra y máster en Periodismo Deportivo. Especializada en bienestar y temas sociales. Ha trabajado en Diario de Navarra y Mundo Deportivo.