La ciencia advierte: las reservas de agua dulce se están agotando en el sur y centro de Europa
Cambio climático
Detectan con satélites la preocupante disminución del recurso en los acuíferos, que va a más con el cambio climático y que en países como España se suma a la explotación para cultivos de regadío

Vista del embalse de Rialb (Lleida), en 2022, en el antiguo pueblo de Tiurana, durante la sequía en Catalunya.

Las reservas de agua dulce de Europa se agotan, y las de del centro y el sur del continente, incluidas las de España, lo hacen a ritmo preocupante. Así lo ha revelado una investigación realizada por científicos del University College de Londres (UCL) y el grupo de periodismo de investigación ambiental Watershed Investigations, del que forma parte T he Guardian. Los investigadores observan una correlación clara entre la evolución de los acuíferos y el cambio climático, y ponen el foco en las consecuencias que tendrá en el futuro, especialmente porque los acuíferos son la ‘hucha’ en caso de sequías intensas y prolongadas como las que se prevén.
Estas conclusiones, publicadas en el periódico británico, se basan en los datos recogidos durante 20 años por los dos satélites gemelos GRACE, puestos en órbita en 2002 para medir los cambios en el campo gravitacional de la Tierra. Mohammad Shamsudduha, científico principal del UCL en este análisis, y especialista mundial en seguridad hídrica, señala a Guyana Guardian que lo que han hecho es aplicar a Europa la metodología que recientemente publicó con su equipo en la revista Geophysical Research Letters. Gracias a eso, señalan, han encontrado una solución al desafío que es monitorizar los cambios en los acuíferos, sobre todo donde escasean observaciones en el terreno. Los satélites pueden detectan cambios de gravimetría y, dado que el agua pesa, pueden calcular la cantidad tanto en reservas subterráneas como en superficie.
El norte y noroeste de Europa se humedece; el sur y el sureste, se seca

Hasta ahora se obtenían estimaciones inverosímiles, sobre todo durante sequías o trombas de agua, un problema que, aseguran, han conseguido solucionar. En la nueva investigación sobre Europa, aún sin publicar en una revista científica, detectan un gran desequilibrio por zonas. Mientras en el norte y el noroeste (partes del Reino Unido y Portugal) se vuelven más húmedos con el cambio climático, el sur y el sureste, especialmente España, Italia, Francia, Suiza, Alemania, Rumania o Ucrania, se secan. Señala Shamsudduha que, frente a quienes aún no creen que hay que reducir emisiones de gases de efecto invernadero, este escenario indica que “ya caminamos probablemente hacia los 2 °C por encima de los niveles preindustriales, y lo que se presencia son las consecuencias”. Incluso en el Reino Unido, donde las lluvias pueden aumentar en el futuro, observan un cambio en el patrón porque serán más intensas.
A la vez, las sequías en verano ya son más prolongadas, lo que hace que el agua superficial sea más difícil de mantener. Además, si hay precipitaciones muy fuertes, mucha se pierde por escorrentías y en inundaciones repentinas, mientras que los acuíferos, que al ser subterráneos son más resistentes, ven acortarse los inviernos, su temporada de recarga. Esta es la situación que se vive en España, donde el 44% de los acuíferos han llegado a estar en mal estado en 2022. Tras una ligera mejoría desde entonces, los 8.500 muestreos realizados en 2024 detectan que habrían empeorado algo en la cantidad de nitratos y plaguicidas que tienen, aunque su situación general se califica de estable, según reflejan los datos oficiales del MITECO.
David Pulido, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), inmerso en un proyecto europeo que analiza la resistencia de los acuíferos europeos, hace hincapié en la importancia de estas reservas: “Hay que preservar su buen estado porque en periodos de sequía son fundamentales y porque una vez esquilmados son difíciles de recuperar. A la contaminación, además, en nuestro caso se suman los conflictos con la agricultura de regadío. Por un lado, se pide más control contra los pozos ilegales, pero por otro hay quien rompe los contadores de control cuando se instalan”, señala. Cabe recordar que en el territorio nacional el 80% del consumo de agua dulce es agrario – más del doble que en la UE - y que hay un problema creciente: reservas subterráneas costeras se están salinizando por la subida del nivel del mar.
De nada sirve si al tener más agua disponible si se usa para tener tres cosechas al año y aumentar la productividad, en vez ahorrarla
Si bien la situación a nivel continental ha mejorado desde que se aprobó en 2002 la Directiva Marco del Agua de la UE, y según datos oficiales ha bajado la cantidad de agua total consumida, no ocurre igual con los acuíferos, en los que ha aumentado un 6%. “Con el proyecto europeo estamos analizando cómo se recuperan a cinco años, sobre todo para tomar las medidas adecuadas para cuando haya sequías”, señala Pulido. La estrategia comunitaria se centra también en mejorar la eficiencia del consumo, evitando las pérdidas por tuberías o pozos ilegales. Para España se estima que hasta un 23,5% del agua que entra en la red no se factura, un 14,4% por pérdidas y el resto por extracciones no autorizadas. “En todo caso, la cuestión no es solo mejorar la eficiencia, con nuevos métodos de riego, mejores redes. Porque de nada sirve si al tener más agua disponible si se usa para tener tres cosechas al año y aumentar la productividad, en vez ahorrarla”, asegura el geólogo del IGME. A ello se suma el aumento de la demanda estival, con la llegada de millones de turistas cuando menos llueve.
En el actual escenario hacia más sequías, los científicos del UCL alertan de que disminución de las reservas de agua dulce afectarán en todo el continente a la seguridad alimentaria, porque impactan de forma directa en la agricultura, además de los daños a los ecosistemas. Shamsudduha pone el foco en España, dado que es un país suministrador de frutas y verduras en toda Europa, con otros países del sur.
Argumentos para esta alerta no faltan, y así se recoge en el recién publicado Informe C: la sequía en España, presentado en la Oficina C del Congreso. En él, los científicos recuerdan que transitamos hacia un clima más seco y, por tanto, con menos aguas superficiales, el recurso más utilizado a nivel nacional (el 70% del total). Explican que hay 800 acuíferos identificados y que en solo 20 años podrían disminuir su capacidad recarga hasta un 11% de media, algunos más del 20%. Uno de los autores, Dionisio Pérez-Blanco, investigador del IMDEA Agua, además de insistir en el problema de una demanda insostenible, recuerda que “cuando un acuífero baja mucho de nivel, llega un momento en el que el coste de sacar el agua lo hace inviable”.
Es urgente reducir la demanda antes de que se agoten las reservas; entonces habrá que hacerlo a la fuerza, con graves pérdidas, como en Catalunya
Para Pérez-Blanco, las campañas de concienciación no bastan “si no van acompañadas de regulaciones, porque lo urgente es reducir esa demanda antes de que se agoten las reservas porque entonces hay que hacerlo a la fuerza, con graves pérdidas, como vimos en Catalunya”. Tras la sequía crítica entre 2021 y 2025, en esta comunidad reconoce que se ha avanzado en el uso de aguas residuales, “pero sigue siendo un agua que sale de algún sitio y la cuestión es que tenemos 3,8 millones de hectáreas de regadío y no hay una planificación agraria adecuada”. “Debería haber una intervención coordinada a nivel estatal, pero no se hace y se habla de soluciones, como la desalación, que no acaban con el problema”, afirma a este medio.
Shamsudduha, en The Guardian, también pide una mejor gestión del agua, dado que el cambio climático no tiene visos de frenarse a corto plazo ni en Europa ni en el mundo y las últimas sequías en Irán o en Cuerno de África han causado muchas víctimas directas o indirectas, en protestas sociales.
El ‘Informe C’ sobre la sequía recuerda que la Estrategia Europea de Resiliencia del Agua de 2025 incide en que los países deben desarrollar planes preventivos y que España está entre los primeros puestos de pérdidas al año por este motivo, unos 1.500 millones de euros. Sobre todo en cultivos de regadío. “Usamos el agua como si no hubiera fin, pero cuando falta surgen problemas con la energía hidroeléctrica, con el consumo humano, baja el PIB, y hay que saber que existen medidas preventivas”, concluye Pérez- Blanco.
Entre ellas, menciona la revisión de concesiones de agua para la agricultura, que siguen vigentes aunque están obsoletas porque superan ya la capacidad natural del recurso hídrico. “Esta revisión requiere un análisis socioecológico a largo plazo de estas asignaciones hídricas para que se consideren las incertidumbres del cambio climático y el equilibrio entre eficiencia, justicia social y sostenibilidad ambiental”, señala los autores del análisis. Es una recomendación muy distinta a las peticiones de agua que, también en el Congreso, hicieron hace unas semanas el conjunto de las organizaciones agrarias.


