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¿Cuál será el panorama meteorológico para los próximos días? Esto es lo que señalan los pronósticos.

Lo que auguran los modelos

Las predicciones meteorológicas indican que se observarán valores térmicos superiores al promedio a lo largo de 2026, aunque persiste una duda significativa en relación con las precipitaciones.

Un snowboarder esquía en el jardín de la Plaza Louise Michel, con Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre (París) al fondo 

Un practicante de deportes de invierno transita por los espacios ajardinados de la Plaza Louise Michel, teniendo la Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre (París) ubicada detrás. 

ANNE-CHRISTINE POUJOULAT / AFP

Los pronósticos de temporada de las principales instituciones mundiales, tales como el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF, según su acrónimo anglosajón), los Centros Nacionales de Predicción Ambiental estadounidenses (NCEP) y el Servicio Meteorológico Nacional británico (Met Office), ofrecen una base de consulta esencial con el fin de analizar la evolución de factores climáticos determinantes.

Aunque no brindan garantías definitivas, dichos instrumentos proyectan panoramas estadísticos respecto a las lluvias y el clima que facilitan la detección de patrones y peligros con una anticipación de diversos meses.

¿En qué consisten los pronósticos estacionales?

Anomalías de la temperatura de la superficie del mar según el modelo del ECMWF para el período marzo-abril-mayo del 2026. 
Anomalías de temperatura en la capa superficial del mar estimadas por el sistema del ECMWF para el periodo de marzo-abril-mayo de 2026. Climate Change Service, Copernicus, CC BY-SA

Los pronósticos estacionales se apoyan en la inercia térmica de las masas oceánicas –su destreza para asimilar, retener y emitir calor pausadamente– y su interacción con el entorno atmosférico. Por medio de esta inercia, los valores térmicos de la superficie del mar varían con mucha más lentitud que la atmósfera, operando como un rastro duradero que posibilita proyectar los rumbos meteorológicos en periodos extensos.

No obstante, dado que la atmósfera constituye un sistema complejo y caótico, los especialistas en meteorología deben llevar a cabo diversas simulaciones con pequeñas modificaciones para determinar el nivel de seguridad que se puede otorgar a los hallazgos. Este método presenta una variedad de situaciones potenciales, lo cual facilita la medición de la duda: si gran parte de los cálculos concuerdan, el pronóstico es más certero; de lo contrario, el grado de inseguridad aumenta.

Con el fin de representar este acuerdo, gran parte de las instituciones emplean cartografías de probabilidad. En vez de proporcionar una cifra aislada, clasifican el clima en tres grupos o terciles: por debajo de lo habitual, promedio y por encima de lo habitual. El gráfico definitivo indica en qué zona se ha concentrado la mayor parte de las proyecciones de dicho espectro.

De este modo, una tonalidad potente no señala forzosamente lluvias extremas, sino una elevada seguridad (con múltiples integrantes del modelo en sintonía) de que el periodo será más húmedo o árido de lo normal. Otros recursos más concretos, como los del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), facilitan mapas de anomalías medias que miden la discrepancia entre el estado previsto y una climatología de base.

Despedimos a La Niña

Inundaciones provocadas por el tifón 'Yagi' en Vietnam.
Inundaciones provocadas por el tifón 'Yagi' en Vietnam.Europa Press

El cierre del año se caracterizó por un descenso inusual en la temperatura de las aguas del Pacífico ecuatorial, un evento denominado La Niña. Dicho suceso integra un patrón climático mundial llamado El Niño-Oscilación del Sur (ENSO, por su acrónimo en inglés) que varía de forma aleatoria cada 2-7 años alternando entre periodos cálidos (El Niño), fríos (La Niña) y neutros.

Si bien 2026 comienza aún condicionado por La Niña, las últimas actualizaciones de Centro de Predicción Climática de la NOAA indican una transición de fase: es muy probable que el fenómeno progrese a un estado ENSO-neutral durante el siguiente periodo.

Esto supone que, al desvanecerse un ciclo climático principal, las previsiones estacionales merman su precisión y los componentes locales influyen más en el comportamiento atmosférico. Ello provoca un contexto meteorológico bastante más inestable y complicado de predecir. Igualmente, si el desplazamiento a una fase positiva (El Niño) se efectúa con rapidez, veríamos una reordenación de los esquemas globales de lluvias y calor para la parte final de 2026.

El indicio inequívoco de las simulaciones sobre la temperatura

Si existe un parámetro en el cual las simulaciones presentan un patrón marcadamente uniforme para el tramo inicial de 2026, se trata de la temperatura, abarcando tanto el ámbito marino como el aéreo. Más que constituir un dato aislado, las proyecciones cartográficas ratifican la dinámica percibida en tiempos recientes: la competencia entre los ciclos naturales vinculados al Pacífico y el calentamiento global, una lucha que persiste favoreciendo a este último proceso.

Las estadísticas demuestran que el potencial refrigerante del ciclo frío del Pacífico (La Niña) ya no resulta bastante para originar desviaciones térmicas bajas y constantes en el ámbito internacional. Su repercusión se ciñe a estabilizar la franja ecuatorial en niveles similares al promedio, en tanto que en la mayoría de la Tierra predomina la posibilidad de alcanzar temperaturas más elevadas de lo acostumbrado.

Las representaciones gráficas muestran, asimismo, un indicio adicional del cambio climático: la existencia de temperaturas inusualmente bajas al sur de Groenlandia, denominada warming hole o agujero de calentamiento, un área donde el incremento térmico se ha desacelerado respecto a la media mundial y que habitualmente se vincula con variaciones en la circulación oceánica del Atlántico Norte.

La lluvia, un factor que elude el acuerdo general

Las indicaciones proporcionadas por los diversos organismos de pronóstico respecto a la evolución de las lluvias durante el periodo venidero varían de forma significativa dependiendo de la zona analizada. Esto no ocurre por azar: las precipitaciones constituyen el mayor talón de Aquiles para los esquemas de simulación, sobre todo en las franjas de latitudes medias, donde el más mínimo fallo al modelar las corrientes de aire o el calor se incrementa al calcular el volumen pluvial.

De este modo, nos encontramos con una marcada divergencia en el nivel de acuerdo. Al examinar la previsión del sistema C3S de Copernicus –que combina y promedia el enfoque de los modelos de diversas organizaciones–, la distinción de claridad entre la región tropical y el continente europeo es manifiesta.

En las áreas tropicales y América se percibe una concordancia más clara: el efecto de La Niña todavía impera, vaticinando precipitaciones inferiores a la media en el sur de EE.UU. Junto con excesos hídricos en el norte de Sudamérica.

Al mismo tiempo, las simulaciones para el Sudeste Asiático coinciden entre sí. Prevén un ambiente más árido en Sumatra y Borneo, una situación que se explicaría por la evolución hacia una etapa ENSO-neutral. Este síntoma de escasez hídrica indica que el flujo de los vientos alisios, que normalmente potencia los aguaceros en el archipiélago malayo con La Niña, está perdiendo fuerza.

Dicha nitidez en los resultados se disipa al observar hacia el norte. En Europa, donde el impacto del océano no resulta tan inmediato, la concordancia se esfuma. Aunque diversos modelos particulares sugieren una primavera con mayores precipitaciones en áreas específicas, la media del conjunto apenas exhibe una tendencia clara, lo cual evidencia lo complejo que es hallar una pauta generalizada en este territorio.

En resumen, según la información actual, el comienzo de 2026 muestra una tendencia clara hacia temperaturas superiores a la media, aunque se mantiene la duda sobre las precipitaciones. Es vital considerar que los pronósticos estacionales no buscan predecir sucesos climáticos específicos –como una dana o un episodio de frío puntual–, sino describir el entorno general que facilita o impide tales fenómenos. Por tanto, la táctica más adecuada será usar estas proyecciones como orientación básica y reforzarlas siempre con la previsión meteorológica a corto plazo.

Esta pieza apareció inicialmente en The Conversation. Andrés Navarro se desempeña como Profesor ayudante doctor de Física aplicada en la Universidad de León