Cambio climático

El inesperado efecto meteorológico de los incendios destructivos durante el periodo de verano en España.

Medio ambiente

Los restos de humo que se mantienen en el aire luego de un incendio forestal de gran escala causan un descenso inusual de las temperaturas en la zona de forma inmediata, mientras que emiten carbono y promueven el calentamiento global de manera prolongada.

Imágenes del incendio forestal en Villafranca del Bierzo (Léon), en el fatídico verano de 2025.

Imágenes del incendio forestal en Villafranca del Bierzo (Léon), a lo largo de la trágica etapa veraniega de 2025.

JCYL / Europa Press

España necesitará mucho tiempo para sanar las secuelas de los fuegos forestales de este periodo estival, que han arrasado cerca de 400.000 hectáreas. El incendio ha alterado el balance ambiental de muchos ecosistemas —degradando superficies y contaminando ríos, por citar casos— y ha liberado una cifra histórica de C02 a la atmósfera, equiparable a cinco veces el tráfico aéreo nacional o al conjunto de emisiones de los inmuebles del territorio, según los reportes actuales del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS). Curiosamente, estos fuegos devastadores, que alimentados por el cambio climático se están manifestando por todo el globo, podrían provocar un insólito impacto de enfriamiento en la Tierra que, hoy por hoy, ningún esquema climático está analizando.

Un reciente e impactante descubrimiento científico fue publicada por especialistas atmosféricos de la Universidad de Harvard, Estados Unidos. Por vez primera, pudieron estudiar los rasgos del humo que se desplazó hasta la troposfera -la región más baja y próxima a la superficie de la atmósfera terrestre- tras el desencadenamiento de un incendio forestal masivo. El equipo de expertos empleó un vehículo aéreo de la Nasa con el fin de recolectar esta prueba.

Ciertos fuegos forestales poseen tal magnitud que llegan a producir sus propias condiciones climáticas.

En el centro de investigación, localizaron “partículas inusualmente grandes” en esta columna de humo a elevada altura, capaz de mantenerse durante meses en la atmósfera. Dichos aerosoles —como se conoce a las partículas sólidas o líquidas diminutas que flotan en el aire— afectan la cantidad de radiación que alcanza la superficie del planeta, ya sea captando la luz solar o rebotándola hacia el espacio.

Se ha confirmado que ciertos elementos, como el sulfato, reflejan la luz del sol incrementando la claridad del planeta y enviando energía de vuelta al cosmos, lo que produce un impacto de enfriamiento. En la presente investigación, el humo del gran fuego forestal estudiado presentó este resultado: elevó la radiación despedida entre un 30 % y un 36 % frente a las partículas situadas a menor altura.

“Este efecto no se ha incluido en los modelos climáticos actuales. Los resultados podrían tener importantes implicaciones para la comprensión científica del clima futuro de la Tierra. Nuestro estudio proporciona nuevos conocimientos para delimitar mejor cómo las partículas de estos fenómenos específicos de tormentas eléctricas provocadas por incendios forestales afectan el presupuesto energético del planeta”, señala Yaowei Li, investigador jefe del análisis.

Chimeneas gigantes

Los expertos utilizan la figura de un “incendio que crea su propia chimenea” para ilustrar el fenómeno de los pirocúmulos
Los investigadores recurren a la figura de un “incendio que crea su propia chimenea” para describir el funcionamiento de los pirocúmulos.LV

Ciertos fuegos forestales alcanzan tal fuerza que desarrollan su propia meteorología: tempestades eléctricas provocadas por el calor que elevan el humo a 16 kilómetros de altura como si fueran chimeneas colosales, como ocurrió en julio en Lleida.

Al momento en que estos penachos de humo llegan a la atmósfera tenue y calmada de la troposfera superior y la estratosfera inferior, logran permanecer por lapsos de semanas o hasta meses. No obstante, su impacto preciso en el clima de la Tierra continúa siendo un misterio importante debido a la complejidad que conlleva su detección y medición.

Un grupo especializado en ciencias de la atmósfera perteneciente a la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas John A. Paulson de Harvard (SEAS) ha conseguido una hazaña que se antojaba inalcanzable: capturar las emisiones de un incendio forestal de gran magnitud ocurrido en Nuevo México durante junio de 2022. Transcurridas cinco jornadas desde el comienzo del siniestro, varios investigadores abordaron la aeronave de gran altitud ER-2 de la NASA, provista de instrumental técnico avanzado para llevar a cabo dicho monitoreo. Las herramientas instaladas analizaron las dimensiones, la densidad y los componentes químicos de los sedimentos.

En el interior de la nube de humo, el grupo de Harvard detectó niveles de aerosoles asombrosamente elevados, con cerca de 500 nanómetros de diámetro, duplicando la magnitud de las partículas de humo habituales en cotas más bajas. Posteriormente, contando con el apoyo de especialistas en simulación de la Universidad Estatal de Colorado, probaron que las dimensiones considerables de los elementos se debían a la “eficiente coagulación”.

Dentro de esa capa atmosférica, la mezcla del aire sucede de forma pausada, lo cual favorece que las partículas de humo de los fuegos forestales se “concentren y colisionen con mayor frecuencia, lo que hace que la coagulación sea mucho más eficiente”, comenta Yaowei Li. El resultado de la investigación indica que, si bien estas conflagraciones masivas emiten carbono y calientan el globo de manera duradera, en un periodo breve podrían originar una consecuencia de enfriamiento local y regional.

Las conclusiones señalan que las quemas de gran magnitud no solo repercuten por sus vertidos químicos, sino también por su incidencia directa en el equilibrio radiativo global. “Comprender esto es clave para mejorar los modelos climáticos que estiman cómo cambiará el clima con más incendios extremos”, agrega John Dykema, colaborador del estudio y experto vinculado al proyecto.

Desde su criterio, dicho entendimiento es cada vez más imprescindible ante los fuegos forestales que, con una intensidad jamás vista, devastan millones de hectáreas por todo el planeta. Durante 2025, ardieron en Europa más de un millón de hectáreas, lo que supone más del cuádruple que en 2024. Se registraron un total de 1.800 siniestros. “Nos interesa especialmente su impacto en el clima. Hemos puesto sobre la mesa una nueva e importante evidencia. Pero tenemos que seguir investigando”, finaliza. 

Andrés Actis Fernández

Andrés Actis Fernández

Periodista especializado en clima y medio ambiente

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