Las gélidas temperaturas que azotan a EE.UU. No contradicen el cambio climático: diversos especialistas responden a Trump.
Negacionismo
“¿Podrían los insurrectos ambientales explicar qué pasó con el calentamiento global?”, cuestionó el jefe de Estado en sus perfiles digitales durante la intensa tormenta invernal que afecta estos días a una vasta zona del territorio.

Una persona camina por la Explanada Nacional de Washington, D.C, en medio de una intensa nevada y un frío extremo.

Donald Trump, el mandatario de Estados Unidos, ha aprovechado el gélido temporal histórico que afecta a gran parte de la nación para poner en duda, nuevamente, la realidad del calentamiento global. Según su lógica, compartida por cientos de miles de internautas en plataformas digitales, una etapa de frío tan intenso contradice el cambio climático y el incremento global de los termómetros. La comunidad científica desmiente la postura del dirigente republicano. Señalan que existen pruebas que vinculan este evento climático radical con las variaciones que padece el entorno debido al gran volumen de gases de efecto invernadero que la humanidad ha emitido —y continúa emitiendo— hacia la atmósfera. Un factor determinante: el calentamiento del Ártico.
“Se espera que una ola de frío récord afecte a 40 estados. Rara vez se ha visto algo así. ¿Podrían los insurrectos ambientales explicar qué pasó con el calentamiento global?”, ha posteado Trump a través de sus plataformas digitales. Esta deducción no resulta inédita. Los escépticos del clima la emplean frente a cada descenso brusco de temperaturas. Inicialmente, un suceso con registros inferiores a los -10 ºC parece contradictorio con los periodos invernales más calurosos —un patrón verificado— derivado del calentamiento global. No obstante, los expertos que analizan la emergencia ambiental precisan que temporales severos como los que padece Estados Unidos “encajan” dentro de este contexto actual. Por lo tanto, no desmienten la alteración del clima. Más bien, en cierta medida, ayudan a comprenderlo.
La equivocación de asimilar meteorología y clima

Para comenzar, los expertos climatológicos señalan que Trump suele mezclar los patrones atmosféricos inmediatos con las transformaciones climáticas extensas. “El aire inusualmente frío que se filtra a los Estados Unidos es un ejemplo de condiciones meteorológicas, mientras que el clima es un promedio de temperaturas en todo el mundo a lo largo del tiempo que muestra áreas cálidas que superan a las frías”, puntualiza Steven Decker, quien encabeza el Programa de Pregrado de Meteorología de la Universidad de Rutgers.
Aquella diferencia inicial, comenta este especialista, resulta fundamental para eludir interpretaciones sesgadas e incorrectas. La meteorología se encarga de examinar los estados atmosféricos pasajeros, en tanto que la climatología se enfoca en la investigación y el análisis de los patrones atmosféricos constantes o frecuentes de una región específica.
Las cifras del pasado indican que la zona oriental de Estados Unidos, núcleo de este gran temporal de nieve, ha registrado una inclinación hacia inviernos más cálidos a lo largo de la centuria pasada. En urbes tales como Minneapolis y Cleveland, el promedio de las temperaturas mínimas por año se elevó por encima de los 5º a partir de los años 1970. Dicha situación no implica que el territorio se encuentre libre de padecer frentes gélidos más severos de lo acostumbrado.
“En general, y a nivel mundial, hubo una disminución en los nuevos registros de temperaturas frías como resultado del calentamiento global. Pero las bajas temperaturas y la nieve continuarán formando parte de nuestros patrones climáticos invernales en el hemisferio norte. Hay que distinguir entre el tiempo diario a corto plazo y el clima a largo plazo”, remarca Petteri Taalas, Secretario general de la Organización Meteorológica Mundial.
Concuerda Bob Henson, experto climático norteamericano: “Independientemente de si el cambio climático está implicado o no, sigue siendo invierno. Nadie dijo nunca que el calentamiento global eliminaría el invierno. Seguimos en las latitudes medias del hemisferio norte. Estamos lo suficientemente al norte como para tener un clima invernal realmente frío y nevado”.
La función que desempeña el incremento térmico en el Ártico

Diversos especialistas señalan una serie de cambios climáticos, originados por el calentamiento global, que contribuyen a esclarecer el frío intenso que afecta a Norteamérica. El componente primordial a observar es el “estiramiento del vórtice polar”, un inmenso ciclón de aire gélido que se origina cada temporada invernal sobre el Polo Norte, concretamente en la zona norte de Canadá y Alaska,
Un flujo atmosférico denominado corriente en chorro (jet stream en inglés) circunda el sistema ciclónico y lo conserva dentro de un área específica. Debido a que constituye una formación muy sólida y firme, las temperaturas gélidas habitualmente no se dispersan. No obstante, la alteración de este flujo está causando “explosiones” de masas gélidas rumbo al sur.
“Normalmente, el vórtice polar tiene poco efecto en nuestro clima, pero ocasionalmente se mueve o se estira hacia el sur sobre América del Norte, trayendo consigo una oleada de frío”, señala Jennifer Francis, investigadora jefa en el Centro de Investigación Climática Woodwell.
¿Qué factores están perturbando la corriente en chorro? Existen múltiples evidencias de que el calentamiento del Ártico es el causante. Los registros térmicos en esa zona se elevan de forma mucho más acelerada que la media del planeta. Al estrecharse el margen de temperatura entre el Ártico y el ecuador (amplificación ártica), este flujo de aire se ralentiza y adquiere una forma más serpenteante y ondulante.
Los expertos señalan que la corriente en chorro funcionaba antes como una barrera entre el aire gélido del Ártico y el clima templado de latitudes menores. No obstante, una corriente en chorro deformada genera la ruptura de este límite, haciendo que el frío descienda a áreas geográficas mucho más bajas. Sam Carana, comunicador científico y director de Arctic News, recurre a la imagen de la “puerta del congelador abierta” para ilustrar este suceso.
Jennifer Francis, experta climática del Centro de Investigación Woodwell, destaca como la investigadora que más respalda el vínculo entre la amplificación ártica y los episodios de frío intenso que se han vuelto recurrentes en los inviernos de Estados Unidos. No obstante, diversos estudios actuales señalan que aún no existe información fehaciente que permita validar esta correlación.
En opinión de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) “no hay por el momento pruebas convincentes” de una inclinación prolongada hacia la atenuación del vórtice polar que provoque episodios de frío intenso más recurrentes y severos en las regiones próximas al Ártico. Francis considera que es así: “El rápido calentamiento del Ártico es uno de los síntomas más claros del cambio climático provocado por el ser humano, que hace más probables los inviernos extremos incluso cuando el planeta se calienta en general”.
Judah Cohen, experto en investigación del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental del Instituto Tecnológico de Massachusetts y conocedor del clima de invierno, incorpora un par de elementos adicionales que permiten comprender el evento severo que golpea a Estados Unidos: la fundición de los hielos del Ártico y un entorno atmosférico con mayor humedad.
Indica, por una parte, que la capa de hielo “extremadamente bajo” en los mares de Barents y Kara, que bañan la región oeste del norte siberiano “favorece un patrón de ondas que acaba provocando irrupciones de frío en Estados Unidos”. Además, se enfoca en una “atmósfera más cargada” derivada del calentamiento global. El encuentro del aire polar con la humedad de latitudes medias está generando que la tormenta de invierno registre un volumen extraordinario de nieve.


