Contaminación

Más restricciones en Barcelona para 2026: ¿Por qué las etiquetas ambientales no son del todo justas?

Movilidad

Consumidores y expertos en medioambiente denuncian que el actual criterio perpetúa una llamativa paradoja: coches que contaminan más tienen mejores etiquetas que otros con menos emisiones

Las etiquetas ECO y CERO están en entredicho: expertos y consumidores consideran que los criterios de no son justos 

Las etiquetas ECO y CERO están en entredicho: expertos y consumidores consideran que los criterios de no son justos 

Jose González Buenaposada/iStock

Las etiquetas ambientales de la Dirección General de Tráfico (DGT), vigentes desde 2016, tienen como objetivo principal “discriminar positivamente” a los vehículos más respetuosos con el medio ambiente. ¿Qué quiere decir esto? Premiar a los coches con bajas emisiones de C02, uno de los principales gases de efecto invernadero que están calentando el planeta. Circular con un distintivo “Cero” o “Eco” permite moverse sin restricciones -entrar a las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE)-, pagar menos impuestos y aparcar con precios reducidos, entre otras ventajas. El problema, denunciado por técnicos, expertos en calidad del aire y organizaciones medioambientales, es que estas pegatinas no se entregan por las emisiones reales de los rodados. Se utilizan “criterios de mercado” -tipo de motorización y año de matriculación- que están perpetuando una llamativa paradoja: coches que contaminan más tienen mejores etiquetas que otros con menos emisiones.

En muchas ciudades, los coches sin etiqueta tienen vedada la circulación. El distintivo B -vehículos de gasolina anteriores a 2006 y diésel a 2015- empezará en las próximas semanas a sufrir restricciones. En Barcelona, desde el 1º de enero de 2026, los coches con etiqueta B podrán seguir circulando por la ZBE en condiciones normales, pero quedarán excluidos cuando se activen episodios de contaminación, en los horarios habituales de la zona restringida. Se trata de un cambio relevante para miles de conductores que, por el momento, no se veían afectados por esta política de movilidad.

Las pegatinas condicionan la forma de comprar coches y circular. No podemos permitirnos un sistema desfasado que convalida casos absurdos

Miguel Ángel Lafarga

Experto en movilidad eléctrica

Las etiquetas de la DGT sirven para catalogar el nivel de emisones de los automóviles
Las etiquetas de la DGT sirven para catalogar el nivel de emisones de los automóvilesTerceros

Ahora bien, ¿todo coche a combustión -etiqueta B o C- contamina más que aquellos con pegatinas Cero o Eco? Paradójicamente, no. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) pone un ejemplo: un Vehículo Utilitario Deportivo (SUV) cero kilómetro con un motor híbrido que emite 293 g/km de CO2 dispone de una pegatina Eco; mientras que una berlina compacta matriculada en 2010 con un motor a combustión que libera 126 g/km de CO2 -menos de la mitad- tiene una etiqueta C. “Es un sistema injusto que roza la estafa”, sentencia Alejandro Tena, responsable de comunicación de Fundación Renovables, una de las tantas organizaciones que lleva años denunciando esta irregularidad.

La Ley de Movilidad Sostenible, aprobada el 8 de octubre por el Congreso, incluía el compromiso del Gobierno de revisar y reformar el sistema de etiquetas ambientales de la DGT. Sin embargo, una enmienda del Partido Popular en el Senado, que ha contado con el apoyo de Vox y Junts, ha logrado eliminar del texto esta disposición, por lo que las etiquetas se seguirán entregando sin contemplar las emisiones de CO2 como criterio principal. “Nos guste o no, estas pegatinas condicionan nuestra forma de movernos, de comprar coches y hasta dónde podemos circular. Por eso no podemos permitirnos un sistema desfasado que convalida casos absurdos”, cuestiona Miguel Ángel Lafarga Navarro, experto en movilidad eléctrica.

En la mira de los expertos están los coches que para la DGT figuran como menos contaminantes de lo que en realidad son: híbridos enchufables (PHEV, por sus siglas en inglés), híbridos convencionales (HEV), los microhíbridos o de hibridación ligera (MHEV) y los coches de gas, principalmente los que utilizan gas licuado del petróleo (GLP)

Estas etiquetas, aclara Tena, tienen un impacto político. Las administraciones las usan como instrumento para permitir o restringir la circulación en las ZBE, para bonificar los impuestos asociados a los vehículos y para fijar las tarifas de aparcamiento en la vía pública. “Se trata de la única herramienta en común que tienen todas las ciudades para fijar muchas de las políticas de movilidad”, agrega.

Un ejemplo: el Ayuntamiento de Madrid ha adelantado que el próximo Impuesto de Circulación (IVTM) se va a basar en las etiquetas medioambientales de la DGT y no en la potencia fiscal del vehículo, como hasta ahora. Pagarán más aquellos vehículos que tenga pegatina de color amarilla o verde (B o C) en su parabrisas. Por el contrario, los vehículos Cero y ECO van a poder acceder a distintas bonificaciones.

“Medidas como estás se están adoptando por toda España cuando hay muchos informes técnicos que acreditan que hay coches híbridos que emiten más que sus homólogos de gasolina. No tiene sentido”, cuestiona Tena.

Favorecer la renovación del parque automovilístico

Cartel de la ZBE (zona de baixes emisions) en la Ronda de Dalt de Barcelona
Cartel de la ZBE (zona de baixes emisions) en la Ronda de Dalt de BarcelonaXavier Cervera / Propias

Para las organizaciones ambientales que cuestionan este sistema de etiquetado, las pegatinas de la DGT buscan “favorecer” la renovación del parque automovilístico sin tener en cuenta el factor clave: las emisiones de CO2 de los vehículos.

Señalan que no hay nada que impida confeccionar etiquetas ajustadas a este criterio. Por ley, todos los fabricantes están obligados a declarar las emisiones de sus vehículos. “No hay ningún tipo de limitaciones técnicas para actualizar el sistema de etiquetado. No podemos convalidar que el greenwashing venga de la propia DGT”, cuestiona el portavoz de Fundación Renovables.

Para OCU, el actual sistema de etiquetas ambientales de la DGT “sirvió en su día” para “concienciar de que es posible elegir entre coches más o menos contaminantes”. Pero en la actualidad ha quedado “desfasado”, puesto que los “únicos motores que garantizan menos emisiones” son los de los vehículos 100% eléctricos. Para el resto, “debería valorarse las emisiones medidas en su homologación”, criterio que no se está teniendo en cuenta.

Las etiquetas también “engañan” a los consumidores, coinciden estas organizaciones. “No aporta información veraz a los usuarios. Esto también es muy preocupante, al margen de las zonas de bajas emisiones y de las medidas que se toman a partir de estas etiquetas. Las encuestas revelan que cada vez más consumidores buscan vehículos que emitan menos por una preocupación ambiental. Al salir de una concesionaria con una etiqueta Cero o Eco, mucha gente infiere que su coche no contamina. Cuando no es así”, insiste Tena.

Al caerse la posibilidad de una modificación de las etiquetas mediante la Ley de Movilidad Sostenible, la única opción que queda es que el ministerio del Interior -la cartera competente- decida iniciar un proceso de revisión: “Es una puerta que sigue abierta. El Gobierno sabe que el sistema está desfasado. Urge contar con un sistema útil y coherente de distintivos ambientales para vehículos que contribuya eficazmente a la reducción de las emisiones”.

Cómo deberían ser las etiquetas

La propuesta de las organizaciones ambientales es que la etiqueta Cero sea únicamente para los coches 100% eléctricos
La propuesta de las organizaciones ambientales es que la etiqueta Cero sea únicamente para los coches 100% eléctricosACN / Gerard Vilà

El sistema actual tiene cuatro etiquetas. El distintivo ”0 emisiones” (azul) se entrega a los eléctricos de batería (BEV) o de autonomía extendida (REEV), así como los híbridos enchufables (PHEV) con una autonomía mínima de 40 kilómetros o vehículos de pila de combustible.

La etiqueta “Eco” (verde y azul) califica a turismos, furgonetas ligeras, vehículos de más de ocho plazas y vehículos de transporte de mercancías híbridos enchufables con una autonomía inferior a los 40 kilómetros, híbridos no enchufables y vehículos propulsados por gas natural (GNC y GNL) y gas licuado del petróleo (GLP).

La pegatina “C” (verde) identifica a los turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculados a partir de enero de 2006 y diésel a partir de 2014; también es válida para vehículos de más de ocho plazas y de transporte de mercancías, tanto de gasolina como de diésel, matriculados a partir de 2014.

Seguir con las actuales etiquetas  distorsiona el mercado,  genera desconfianza y complica la toma de decisiones para miles de compradores. 

Miguel Ángel Lafarga Navarro

Experto en movilidad eléctrica

El distintivo “B” (amarillo) se utiliza para turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculadas a partir de enero del 2000 y diésel a partir de enero del 2006. También se entrega a los ejemplares de más de ocho plazas y de transporte de mercancías tanto de gasolina como de diésel matriculados a partir de 2005.

La propuesta de las organizaciones ambientales es que la etiqueta Cero sea únicamente para los coches 100% eléctricos y confeccionar distintas letras (D, C, B, A) que midan las emisiones reales de los vehículos, sin importar el tipo de motor ni el año de matriculación.

“Seguir con las actuales etiquetas tiene muchas consecuencias: se distorsiona el mercado, se premia a modelos que no son tan “limpios” como aparentan, se genera desconfianza en una herramienta que debería ser transparente, y se complica la toma de decisiones para miles de compradores. No es un debate ideológico. Es un debate técnico. Y la realidad es que si queremos ciudades más limpias, necesitamos etiquetas que correspondan con lo que emite cada coche, no con lo que declara su ficha técnica”, reflexiona Navarro, experto en movilidad eléctrica.

Andrés Actis Fernández

Andrés Actis Fernández

Periodista especializado en clima y medio ambiente

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