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Antonio Fernandes, hacker, sobre la deep web: “Es muy fácil entrar en la deep web; lo difícil es salir sin problemas”

Ciberseguridad

El experto en ciberseguridad explica cómo funciona la red Tor, por qué no es tan inaccesible como parece y cómo se ha convertido en un espacio clave para el crimen digital y también para la libertad de expresión

Antonio Fernandes, hacker, sobre la deep web: “Es muy fácil entrar en la deep web; lo difícil es salir sin problemas”

Antonio Fernandes, hacker, sobre la deep web: “Es muy fácil entrar en la deep web; lo difícil es salir sin problemas”

Javier Cárdenad

Antonio Fernandes es uno de los hackers más veteranos del país. Empezó en los años noventa, cuando internet aún no formaba parte de la vida cotidiana, y hoy es divulgador, experto en ciberseguridad y evaluador independiente para la Comisión Europea. En una entrevista en el canal de YouTube de Javier Cárdenas, desmonta muchos de los mitos que rodean a la deep web y alerta de los riesgos reales que existen al adentrarse en ella.

Una de las ideas más extendidas es que la deep web es inaccesible o extremadamente compleja, pero Fernandes lo niega con rotundidad. “Eso es muy sencillo”, afirma al explicar cómo entrar. Basta con descargar el navegador Tor para acceder a dominios.onion, el entorno más conocido de la llamada dark web. “Solo te bajas este programa y ya tienes acceso”, resume.

“Eso es muy sencillo: te bajas el Tor Browser y ya tienes acceso”, explica el hacker al desmontar el mito de una deep web inaccesible

Entonces, ¿por qué la deep web tiene fama de ser un territorio oculto y peligroso? Según Fernandes, la clave está en el anonimato. “Es muy anónima y muy difícil de rastrear”, explica, matizando que no es imposible, pero sí extremadamente complejo. De hecho, recuerda que la policía también accede a estas redes y las utiliza en sus investigaciones.

El origen de la red Tor, señala, no tiene nada de criminal. Fue diseñada para proteger la libertad de expresión en países donde opinar puede tener consecuencias graves. “Se inventó para permitir que la gente se conectara sin tener represalias”, explica. El problema llegó cuando actores malintencionados vieron en ese anonimato una oportunidad perfecta para delinquir.

Desde entonces, la deep web se ha convertido en el escaparate de algunos de los delitos digitales más conocidos. Fernandes menciona los marketplaces clandestinos donde se venden drogas, armas y otros productos ilegales, pero también recuerda que muchos de los mayores robos no se hacen públicos. “El más conocido seguramente no lo conozcamos, porque no se ha hecho público”, afirma.

En el ámbito empresarial, el modelo delictivo ha evolucionado. Más que robar dinero directamente, muchos grupos optan por el secuestro de datos. “Entran en tu empresa, miran dónde están los datos importantes, los cifran y te piden un rescate”, explica. Y si la empresa no paga, la presión escala: primero con la amenaza de publicar los datos y, después, intentando extorsionar a clientes y proveedores.

“Si no pagas, publican los datos y empiezan a extorsionar a tus clientes”, advierte sobre el funcionamiento del chantaje digital

Frente a la imagen del hacker como delincuente, Fernandes recuerda que existe un mundo legal y muy lucrativo dentro de la ciberseguridad. Habla del bug bounty, programas en los que las empresas pagan por detectar fallos. “En España ya hay quien ha superado el millón de dólares trabajando desde su casa”, señala, colaborando con gigantes como Twitter o Facebook.

La entrevista deja claro que la deep web no es un lugar mágico ni inaccesible, pero tampoco un juego. Entrar es fácil; entender dónde te metes y evitar problemas es otra historia. Un entorno creado para proteger libertades que hoy convive con algunas de las prácticas más agresivas del cibercrimen moderno.

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