Neo

Martín Vigo, experto en ciberseguridad, sobre la videovigilancia inteligente: “La era del espionaje masivo ‘por nuestro propio bien’ ha llegado para quedarse”

Ciberseguridad

El investigador alerta del avance silencioso de sistemas de vigilancia con cámaras, micrófonos e inteligencia artificial que ya operan a gran escala sin un debate público real

Martín Vigo, experto en ciberseguridad, sobre la videovigilancia inteligente: “La era del espionaje masivo ‘por nuestro propio bien’ ha llegado para quedarse” 

Martín Vigo, experto en ciberseguridad, sobre la videovigilancia inteligente: “La era del espionaje masivo ‘por nuestro propio bien’ ha llegado para quedarse” 

Abat Oliva

“La era del espionaje masivo por nuestro propio bien ha llegado para quedarse.” Con esta frase, pronunciada al inicio del episodio 139 del pódcast Tierra de Hackers, Martín Vigo resume el fondo de una investigación que pone el foco en cómo la videovigilancia inteligente se está normalizando sin apenas oposición social.

Vigo explica que ya no se trata de cámaras aisladas, sino de infraestructuras completas de vigilancia capaces de registrar movimientos, sonidos y patrones de comportamiento. “No hablamos solo de cámaras —advierte—, hablamos de redes que ven, escuchan, correlacionan y almacenan información a escala de ciudad”.

“No venden cámaras, venden un ecosistema”

El caso central es el de Flock Safety, una empresa estadounidense que ha desplegado decenas de miles de sensores en calles, barrios y urbanizaciones. Su tecnología estrella son las cámaras lectoras de matrículas, pero su alcance va mucho más allá. “Todo coche que pasa queda registrado: la matrícula, la marca, el modelo, el color, si lleva pegatinas o daños visibles”, explica Vigo.

Ese nivel de detalle permite crear lo que la propia empresa llama una “huella digital del vehículo”. “Aunque cambies la matrícula, el sistema puede seguir reconociendo el coche por sus características”. A esto se suma una plataforma centralizada que permite cruzar datos, reconstruir trayectos y correlacionar movimientos en el tiempo.

“Antes escuchaban disparos; ahora escuchan a personas”

Uno de los puntos más inquietantes llega con los micrófonos instalados en postes urbanos. Vigo recuerda que se vendieron como sensores para detectar disparos, pero alerta de un cambio clave: “Ahora detectan gritos, llamadas de auxilio y situaciones de angustia”. Para el experto, el problema no es solo técnico, sino estructural. “Para detectar un grito, el micrófono tiene que estar escuchando todo el tiempo. Y cuando escuchas voces humanas, escuchas absolutamente todo”.

Además, subraya que esta ampliación de capacidades se ha hecho sin debate público ni control institucional. “El hardware ya está instalado. Activar nuevas funciones es tan sencillo como cambiar un interruptor”.

El episodio también aborda las graves vulnerabilidades detectadas en estos sistemas. Vigo cita investigaciones independientes que han identificado decenas de fallos de seguridad en cámaras y sensores ya desplegados. “Estamos hablando de dispositivos en la vía pública que se comportan como teléfonos rooteados, con firmware sin verificar y accesos sin protección”, denuncia.

Según explica, estos fallos permitirían manipular vídeo, audio o datos que pueden acabar utilizándose como pruebas judiciales. “Si puedes borrar eventos o alterar registros, el problema ya no es solo la privacidad, es la integridad del sistema”.

Vigo conecta este fenómeno con Europa y España, donde también se están implantando cámaras con inteligencia artificial. Apoyándose en estudios académicos y policiales, señala que la videovigilancia mejora la percepción de seguridad, pero no reduce de forma significativa la delincuencia. “Nos sentimos más seguros, pero los datos no demuestran que los delitos bajen”, afirma.

Para explicar cómo se ha llegado hasta aquí, recurre al concepto de la ventana de Overton: la normalización progresiva de lo que antes parecía inaceptable. “Primero fueron cámaras en parkings, luego lectores de matrículas, después micrófonos para disparos. Ahora escuchan voces humanas. Cada paso parece pequeño, pero cuando miras atrás te das cuenta de que hemos recorrido kilómetros”.

El episodio cierra con una advertencia clara: si aceptamos cámaras, micrófonos e inteligencia artificial en el espacio público, la exigencia de transparencia, auditorías y control democrático debería ser máxima. Porque, como recuerda Vigo desde el primer minuto, esta era ya no es futura, ya está aquí.

Etiquetas