Ciencia Neo

Martin Heidegger, filósofo, 1953: “El verdadero peligro tecnológico no está en las máquinas, sino en la relación de dominio que el ser humano establece con el mundo”

Reflexión

A mediados del siglo XX, el pensador alemán Martin Heidegger hizo ver al mundo que tanto el arte como la técnica forman parte de una misma actividad “poética”, pues consisten, en última instancia, en lo mismo: hacer real algo que previamente no existía

Diógenes de Sinope, el filósofo griego que nos advirtió sobre el capitalismo tecnológico: “El dinero es la ruina de la humanidad, una telaraña que atrapa a los débiles y deja escapar a los fuertes”

El pensador alemán Martin Heidegger.

El pensador alemán Martin Heidegger.

El 18 de noviembre de 1953, uno de los filósofos más importantes del siglo XX, Martin Heidegger, fue invitado para dar una conferencia titulada La pregunta por la técnica ante el auditorio de la Academia Bávara de Bellas Artes. El motivo no fue otro que el eminente pensador alemán arrojara luz sobre el papel de las artes en una época marcada por una gran tecnificación.

Heidegger sorprendió a su audiencia con una disertación en la que, en lugar de dar protagonismo a las bellas artes, se decantó por centrarse en intentar definir la esencia de la técnica, ya que, si nos remontamos a su origen etimológico, la techné, según los griegos, englobaba todo tipo de creación humana. De este modo, tanto el arte como la técnica forman parte de una misma actividad “poética”, pues consisten, en última instancia, en lo mismo: en “traer-ahí-delante”, en hacer presente, en materializar, en hacer real algo que previamente no existía.

De acuerdo con Heidegger, “la representación corriente de la técnica, según la cual ella es un medio y un hacer del hombre” no es del todo incorrecta. Sin embargo, analizada la cuestión en profundidad, “la técnica no es un mero medio” sino “un modo del salir de lo oculto”, pues consigue extraer “algo que no se produce a sí mismo y todavía no se halla ahí delante”. Así, un arquitecto o un ingeniero “que construye una casa o un barco hace salir de lo oculto”.

Claramente, esta concepción de la técnica como un “desvelamiento” dota este acto de una dignidad mística, casi divina, algo que trae “la presencia de los dioses”. Esta definición eleva al ser humano a la altura de la propia Naturaleza, pues esta también actúa de esta manera en “el más alto sentido, porque tiene en sí misma la eclosión de las flores”.

El suizo François Dussaud, uno de los grandes inventores del siglo XX, acercó la tecnología al mundo.
El suizo François Dussaud, uno de los grandes inventores del siglo XX, acercó la tecnología al mundo.Copyright ralfhettler.com

No obstante, el “peligro” es que parece que hemos olvidado esto a favor de una obsesión meramente instrumental. “Lo que queremos”, dice Heidegger, “es tener la técnica en nuestras manos. Queremos dominarla. El querer dominarla se hace tanto más urgente cuanto mayor es la amenaza de la técnica de escapar al dominio del hombre”. En resumen: cuanto más amenazados nos sentimos, más queremos dominarla. 

Esto ha desembocado en que, más allá de la “técnica artesanal”, nuestra tecnología se haya vuelto, a ojos del pensador alemán, un tanto “inquietante”. El filósofo dirá que la “técnica moderna” también es “un hacer salir de lo oculto” pero que ha perdido, en cierto modo, su talante poético, su relación cooperativa con el medio natural. El auge tecnológico se ha convertido en “una provocación que pone ante la Naturaleza la exigencia de suministrar energía que pueda ser extraída y almacenada”.

Para Heidegger, el ser humano tras la Revolución Industrial ha roto su vínculo técnico con el entorno, antes sano, al violentarlo y explotarlo solo en su propio beneficio, olvidando retornar de algún modo los bienes extraídos. “De otro modo aparece el campo que cultivaba antes el labrador, cuando cultivar significaba aún abrigar y cuidar”, expone melancólicamente el filósofo.

En el mundo moderno hipertecnificado, no queda ya nada de este quid pro quo en el que “el hacer del campesino no provoca al campo de labor (sino que) entrega la sementera a las fuerzas de crecimiento y cobija su prosperar”. Ahora, “la agricultura es industria mecanizada de la alimentación. Al aire se lo emplaza a que dé nitrógeno, al suelo a que dé minerales, al mineral a que dé uranio, a este a que dé energía atómica, que puede ser desatada para la destrucción”.

Según Heidegger, “la agricultura es industria mecanizada de la alimentación”.
Según Heidegger, “la agricultura es industria mecanizada de la alimentación”.Getty Images/iStockphoto

Muy crítico, Heidegger expone que, al perder la relación poética entre técnica y naturaleza, “el hombre está en peligro desde el sino”. Es decir, al considerar su capacidad de creación como meramente instrumental en vez de como un acto sagrado que “hace que mire e ingrese en la suprema dignidad de su esencia”, se pone en riesgo a sí mismo sin saberlo y “se pavonea tomando la figura del señor de la tierra”.

Pese a todo, el filósofo considera que “lo peligroso no es la técnica”, que “no hay nada demoníaco” en ella. “Lo que amenaza al hombre no viene en primer lugar de los efectos posiblemente mortales de las máquinas y los aparatos de la técnica. La auténtica amenaza ha abordado ya al hombre en su esencia”. Es su voluntad de dominio técnico del planeta lo que le ha convertido en su propio enemigo.

La auténtica amenaza ha abordado ya al hombre en su esencia. Es su voluntad de dominio técnico del planeta lo que le ha convertido en su propio enemigo

¿Debemos entonces volver a un primitivismo? No. Heidegger afirmará, tomando prestado para ello una frase del poeta Hölderlin, que “donde está el peligro, crece también lo que salva”. Una de las citas anteriores no termina únicamente con que la energía atómica “puede ser desatada para la destrucción”, sino que tras ello el filósofo asevera que también puede ser destinada a una “utilización pacífica”.

Central de energía nuclear, un claro ejemplo de tecnología de doble filo.
Central de energía nuclear, un claro ejemplo de tecnología de doble filo.Getty Images

Esto no significa que lo que puede “salvar” al ser humano es una nueva tecnología más avanzada, sino una revisión de nuestra relación con la misma, redescubriendo y asumiendo su esencia poética en lugar de andar siempre ambicionando un control tecnocrático. Mientras sigamos concibiéndola como un simple instrumento a dominar, estaremos atrapados en la misma estructura que nos pone en peligro. Pensar la técnica como un modo de “desocultamiento”, de siguiente paso tras la verdad, y no solo como una herramienta de dominio, abre la posibilidad de una relación más libre con ella.

En una época marcada por la inteligencia artificial, la automatización y la explotación sistemática de la naturaleza, La pregunta por la técnica de Martin Heidegger nos sigue invitando a una interpelación incómoda y exigente. No nos anima a pensar en cuál es el siguiente avance técnico al que debemos aspirar, sino qué tipo de seres humanos estamos llegando a ser al pervertir nuestro sino creativo. Y, sobre todo, nos lleva a plantearnos si seremos capaces de hacer honor a nuestro destino, que no es otro que habitar este mundo, como escribió Hölderlin, poéticamente.

Profesor de Filosofía, articulista, dramaturgo, guionista y un largo etcétera. Cuando buscas la definición de intrusista laboral, sale mi foto.

Etiquetas