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Discotecas libres de móviles: ¿una restricción justificada? Así cambia la experiencia de ir a locales que prohíben usar el teléfono

Móviles, prohibidos

En toda Europa se están poniendo de moda las salas de ocio nocturno que no permiten el uso del teléfono para preservar la privacidad de los clientes

Practica el 'mindful eating', escoge una comida al día sin pantallas y pon siempre la mesa, aunque comas solo

Cada vez hay más discotecas libres de móviles.

Cada vez hay más discotecas libres de móviles.

Diseño: Selu Manzano

Cada vez hay más discotecas que prohíben el uso de móviles en la pista de baile. Desde Ibiza hasta Berlín, algunos clubes piden a sus asistentes cubrir la cámara del teléfono o directamente dejarlo en un bolsillo para que la noche se viva sin pantallas ni sin grabar a los asistentes. La medida, que busca fomentar la presencia y la interacción en la pista, ha generado atención mediática y ha avivado el debate sobre cómo la tecnología afecta la experiencia nocturna.

En agosto de 2024 el legendario club Pikes Ibiza decidió extender su política “phone-free” a los siete días de la semana, después de probarla solo los lunes y comprobar la buena acogida del público. El local defendía la medida con un mensaje claro: “queremos que bailes como si nadie te estuviera mirando”, apelando a una experiencia más libre y menos mediada por la cámara del teléfono.

Según el propio club, la norma no implica dejar el móvil en la entrada, sino cubrir la cámara con una pegatina. “Por supuesto, puedes llevar tu teléfono a Pikes… simplemente colocaremos una pegatina sobre la cámara de tu dispositivo cuando pases por la entrada. Te pedimos muy amablemente que te abstengas de grabar o usar la cámara, y nuestro equipo hará cumplir la norma con toda cortesía si te sorprenden intentando sacar una foto traviesa, aunque es posible que incluso otros asistentes te lo recuerden de manera muy amable antes de que nosotros intervengamos”, explicaban desde Pikes.

Un ejemplo similar aparece en Manchester. En diciembre de 2024, The Guardian informaba de la apertura de Amber’s, un club que nació directamente como espacio sin móviles. Su director, Jeremy Abbott, explicaba al diario que querían que “la música y la experiencia estuvieran en primer plano”, convencidos de que los teléfonos restan presencia y rompen la energía colectiva.

Este tipo de políticas, sin embargo, no son nuevas en determinados circuitos. Aaron (30) es clubber habitual y viajar para salir de fiesta es algo común en su vida. “En Berlín, según tengo entendido, ponerte la pegatina en el móvil es lo más normal”. La práctica en la ciudad alemana fue popularizada por clubes como Berghain y asumida cada vez por más discotecas como parte de una cultura basada en el respeto, la intimidad y la experiencia compartida.

“En Madrid me han tapado la cámara en Laster, RaveOut500, Mondo Disko (hace años) o en fiestas de colectivos más pequeñas. En Barcelona, en Les Enfants. Además también en fiestas sex positive como MyPleasure o Skin”, explica Aaron. Esta cultura “sin móviles” se vincula además con los valores originales de la música rave y con la creación de espacios seguros y acogedores para comunidades diversas, promoviendo inclusión y respeto en la pista de baile

En muchos locales te ponen una pegatina en la cámara.
En muchos locales te ponen una pegatina en la cámara.

Sin embargo, la percepción de los asistentes no siempre coincide con la norma. Una encuesta de Censuswide a más de 2.000 clubbers revela que la mitad piensa que los móviles están “arruinando” la experiencia en la pista de baile. Pero a su vez el 55% admite usar el móvil mientras baila, principalmente para grabarse o compartir contenido en redes. Esta ambivalencia refleja la realidad de muchas discotecas, y es que no todos los asistentes cumplen estrictamente la norma, sino que algunos la perciben más como un gesto simbólico que como una imposición.

Otro factor que influye en la popularización del fenómeno es el comportamiento de los asistentes tras años en los que la cultura del cringe es cada día más común, especialmente entre la Generación Z. Muchos jóvenes sienten vergüenza o inseguridad a la hora de bailar en público por temor a ser juzgados o expuestos en redes sociales. O, por otro lado, al contrario, como comentaban desde Pikes o Amber’s, la experiencia se arruina cuando la gente está más concentrada en grabarse que en disfrutar.

Si grabas, no disfrutas.
Si grabas, no disfrutas.Getty Images

Aaron, que ha vivido estas experiencias de primera mano, matiza la eficacia de las normas. “Si grabo en una fiesta no lo hago tanto tiempo como para que me saque de la experiencia”, señala. En su opinión, la diferencia sería más notable en conciertos que en clubs, ya que se trata de eventos más cortos y con un mayor componente de recuerdo. En las fiestas largas, sostiene, el móvil no es necesariamente el factor que define la experiencia total de la noche.

Para él, lo determinante es el tipo de público. “Las fiestas donde mejor me lo paso suelen tener un público que no se preocupa por grabar”, explica. Además, la eficacia real de estas normas es limitada. Muchos asistentes encuentran formas de esquivarlas, algo que Aaron reconoce sin dramatismo: “Al final es una pegatina. Si quieres hacer un vídeo, siempre puedes hacerlo un poco a escondidas o grabar un audio”. En este sentido, la prohibición funciona más como un gesto simbólico o una declaración de intenciones que como una barrera infranqueable.

Una práctica que viene de lejos

En España, el uso de pegatinas en las cámaras ya generó polémica antes de que el debate se centrara en la experiencia nocturna. En 2020, RTVE recogía las quejas de clientes a los que no se les permitía entrar en discotecas si no aceptaban tapar la cámara del móvil, en un contexto marcado por las restricciones sanitarias de la pandemia. En aquel momento, la medida se interpretó más como un mecanismo de control que como una apuesta cultural.

También desde la cabina del DJ surgen posiciones matizadas. El DJ Fat Tony, citado por MusicRadar, ha definido los móviles como una “bendición y una maldición”; útiles para documentar momentos especiales, pero capaces de arruinar la energía de la pista cuando se usan en exceso. Para algunos locales, la prohibición es una herramienta para proteger la intimidad y la energía, pero para otros asistentes, es un gesto estético que no ataca el fondo del problema.

De momento esta tendencia empieza a extenderse pero no es una práctica normalizada en la mayoría de espacios nocturnos. Con el tiempo, podremos valorar si el verdadero cambio llega con una norma en la puerta o con un público que decide disfrutar sin muchas distracciones.

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