Yves Guillamot, el hombre más importante del mundo del videojuego, es un francés visionario que supo ganar el pulso a todas las grandes empresas del sector
Fundador de Ubisoft
Yves Guilemot es una auténtica rara avis en la industria del videojuego, y ha demostrado de lo que es capaz un líder con una visión clara
Qué hay detrás de la crisis sin precedentes de Ubisoft: “Son años de malas decisiones que, al final, acaban explotando. Y quienes pagan son los trabajadores”

Yves Guillamot, fundador de Ubisoft.

En el mundo del videojuego hay pocos empresarios que puedan acusar una gran longevidad. Esta es una industria extremadamente competitiva, en la que prosperar y sobrevivir en la cumbre es muy difícil y donde nadie ha conseguido mantenerse en lo más alto durante más de cinco años seguidos bajo una política clara: “crear un entorno de trabajo en el que los desarrolladores no tengan miedo de fallar”. Lo más cerca que hemos estado de un gran hombre detrás de la empresa dominante del mercado es un francés de un pequeño villorrio que ha montado un auténtico emporio familiar y que aún hoy sigue luchando por mantenerlo. Su nombre es Yves Guillemot y su empresa, Ubisoft.
Nacido en Carentoir, un pueblo al este de Francia de apenas 3.000 habitantes, Yves Guillemot nació en el seno de una familia de granjeros. Hijo de una familia de cinco hermanos, su infancia transcurrió ayudando a sus padres con el negocio familiar, tanto en el envío como en la entrega y el manejo de las cuentas de la granja.
Los cinco hermanos fueron a la universidad y, durante ese periodo formativo, ganaron experiencia empresarial, regresando a la granja una vez concluyeron sus estudios. Pero aunque la granja no iba mal, estaba sufriendo un declive evidente debido a los costes de producción y a la mayor competencia de terceros países, lo que hacía que fuera cada vez menos rentable. Algo que llevó a los hermanos a ponerse manos a la obra para encontrar un modo de diversificar los negocios de la familia.
El método que encontraron —y que encontró específicamente el segundo hermano mayor, Claude— fue la venta de discos de música. Los míticos y hoy casi olvidados CD. Y, viendo que la idea funcionaba, pronto decidieron expandirse a los ordenadores, el software que los acompañaba y, con el tiempo, también a los videojuegos.
Así surgió, en 1984, Guillemot Informatique, una empresa que vendía solo a través de correo directamente a tiendas y que era capaz de vender a un 50 % del coste de su competencia. ¿Cómo era posible vender con precios tan significativamente más bajos? Porque los Guillemot se dieron cuenta de que era más barato comprar los mismos materiales en Reino Unido y que se los enviaran a Francia que adquirirlos directamente a los distribuidores franceses. Y eso es lo que hicieron: cortar de raíz con el intermediario para convertirse ellos mismos en quienes establecían un trato más justo y, en el proceso, hacerse con el negocio.
Los Guillemot se dieron cuenta de que era más barato comprar los mismos materiales en Reino Unido y que se los enviaran a Francia que adquirirlos directamente a los distribuidores franceses
En 1985 establecieron Guillemot Corporation para vender no solo piezas de hardware, sino también software. Para 1986, la compañía ya había ingresado alrededor de 40 millones de francos —cerca de 6 millones de euros actuales ajustados a la inflación— y, siendo conscientes de que los videojuegos eran el software que más dinero movía, decidieron introducirse no solo en el desarrollo, sino también en la publicación de los mismos. De ese modo, el 28 de marzo de 1986 nació Ubi Soft Entertainment S.A.
Una empresa en busca de su expansión
Cómo pasó de ser la mayor empresa de videojuegos francesa a conquistar el mundo
Ubisoft, que no cambiaría su nombre hasta que rediseñara su logotipo en 2003, estableció su sede en Créteil, una pequeña ciudad en la región histórica de Bretaña. La razón fue que, tanto entre los franceses como entre los países vecinos, se consideraba una zona particularmente agradable y bonita del país, con la intención de atraer talento tanto francés como europeo a la empresa. Algo que consiguieron, al menos en sus primeros días, con un éxito relativo.

En sus inicios, Ubisoft quiso tanto publicar juegos de otros como crear y publicar los suyos propios. Su primer juego, Zombi, publicado en enero de 1987, apenas vendió 5.000 copias y hoy está esencialmente olvidado en la historia del medio, aunque eso no les desanimó.
Durante 1987, Ubisoft entró en tratos de distribución para llevar sus juegos a España y Alemania Occidental, además de conseguir los derechos para la publicación de títulos de Elite Software, entre ellos Commando e Ikari Warriors, que se convirtieron en grandes éxitos de ventas. Asentándose de ese modo como una compañía con su propia hoja de ruta dentro de la corporación de empresas de los Guillemot, Yves Guillemot fue nombrado CEO de Ubisoft, comenzando así el ascenso de la empresa.
Para 1988 había seis desarrolladores trabajando en la compañía. Durante los años siguientes, Ubisoft se especializó en adaptar videojuegos de terceros para los ordenadores europeos más populares, como Amiga o Atari ST, y posteriormente para las consolas de Nintendo, la NES y la SNES. Poco a poco fue especializándose en la publicación de juegos de terceros, especialmente a partir de 1993, cuando Guillemot cerró acuerdos con gigantes como Electronic Arts, Sierra On-Line y MicroProse para publicar sus títulos en Francia, convirtiéndose ese mismo año en la mayor distribuidora de videojuegos del país.
Ubisoft salió a bolsa en 1996 y consiguió 80 millones de dólares en fondos, con los que pudieron expandirse. En los dos años siguientes establecieron estudios por todo el mundo, incluidos Annecy, Shanghái, Montreal y Milán. ¿El resultado? Realmente, poco.
Irónicamente, el primer gran éxito de Ubisoft ya había ocurrido y el siguiente tardaría años en materializarse. El primer juego que arrasó vino de Ubi Soft Paris y fue fruto del concepto de un genio de dieciséis años llamado Michel Ancel. Rayman se publicó en septiembre de 1995 y, antes de finalizar el año, había vendido más de 400.000 copias solo en Europa y había recibido excelentes críticas por parte de los medios especializados. A lo largo de su vida comercial ha vendido más de tres millones de copias y se ha convertido en uno de los títulos más vendidos de la primera PlayStation y de los años noventa en general.
En ese sentido, Ubisoft le debe buena parte de su historia a Rayman, ya que resulta dudoso que su salida a bolsa hubiera sido tan exitosa sin este peculiar personaje sin brazos ni piernas, aunque con manos y pies.
El gran golpe de gracia
Cómo Guillemot logró que Ubisoft fuera sinónimo de videojuego
Yves Guillemot entendió pronto que, para competir más allá del mercado francés y europeo, necesitaba propiedades intelectuales (IP) propias. Rayman funcionó, en parte, porque era suyo: todo lo que generó se lo quedaron ellos. Algo que no ocurrió con Star Wars Episode I: Racer, lanzado en 1999, que aunque vendió más de tres millones de copias, al ser un producto licenciado no podía explotarse de la misma manera.
Con Rayman podían hacer secuelas, merchandising, series, cameos y todo tipo de explotaciones comerciales. Guillemot tenía claro que, para hacerse un hueco en el mercado estadounidense, necesitaba IP fuertes bajo su control. De ahí que su obsesión en los años siguientes fuera construir un portafolio de franquicias propias.
Tras algunos intentos irregulares, encontraron la fórmula. Al comprar Red Storm Entertainment en 2000, accedieron a los derechos de la franquicia Tom Clancy, dando lugar a Ghost Recon, Rainbow Six y Splinter Cell, referencias que siguen activas y gozan de gran popularidad en Estados Unidos, demostrando que Guillemot supo identificar dónde estaba el potencial de crecimiento.
Otra adquisición clave llegó en 2001 con la compra de la división de entretenimiento de The Learning Company, que incluía licencias como Myst y Prince of Persia. Esta última se reinventó con Las Arenas del Tiempo, convirtiéndose en un éxito tanto en EE. UU. Como en Europa.
Menos fortuna tuvieron los siguientes proyectos de Ancel. Beyond Good & Evil (2003) fue aclamado por la crítica pero fracasó comercialmente, mientras que Peter Jackson’s King Kong (2005), recibido de forma tibia, tampoco cumplió expectativas, pese a anticipar otra obsesión de Guillemot: los videojuegos basados en licencias audiovisuales.
Con el tiempo, Ubisoft se ha centrado en IP que puedan explotarse de forma sistemática, sin renunciar del todo a cierto espíritu creativo. De ahí la continuidad de Assassin’s Creed, Far Cry o Watch Dogs, así como la permanencia de Rayman, Prince of Persia o las sagas de Tom Clancy. Una apuesta clara por la familiaridad y la seguridad de la fórmula.
La lucha por la familia
Todo lo que ha hecho Yves Guillemot para mantener el control de la empresa
Ubisoft ha estado cerca de cambiar de manos en varias ocasiones, pero Guillemot ha luchado para evitarlo. La familia dividió desde el principio beneficios y responsabilidades de forma equitativa, algo que se ha mantenido con el tiempo. En 2004, Electronic Arts adquirió el 19,9 % de Ubisoft, una operación percibida como hostil. Aunque EA negó esa intención, acabó vendiendo su participación en 2010.
En 2015, Vivendi inició la compra de acciones con la intención de hacerse con la compañía. Guillemot defendió la independencia de Ubisoft alegando que una filosofía distinta podía afectar al proceso creativo. El conflicto terminó en 2018 con un acuerdo que incluía la entrada de Tencent, que adquirió un 5 % de las acciones y facilitó la llegada de Ubisoft al mercado chino.
Más recientemente, ha habido intentos de venta a capital privado, pero todo apunta a que Ubisoft seguirá siendo una empresa controlada por la familia Guillemot. Porque, si algo está claro, es que Yves Guillemot no tiene intención de vender ni de dejar que nadie se apropie de lo que su familia ha construido.


