
Cómo resistirse a lo inevitable
Gane quien gane el pulso para controlar la Warner Bros, ya sea la insaciable Netflix o una Paramount que ha caído en la órbita del trumpismo, la derrota está asegurada para los consumidores (los precios de las suscripciones tenderán a encarecerse y habrá menos oferta, como se apunta en Economía) pero, sobre todo, para la diversidad cultural, hoy tan en retroceso como las especies animales, el activismo climático o el hábito de leer seguido.
Con un agravante en el caso de que el resultado final sea la compra de Warner por Paramount: la posible conversión de la poderosa CNN en un nuevo canal de agitación ultraderechista, objetivo que debe de tener en mente un Donald Trump cada vez más decantado hacia una suerte de capitalismo autoritario.
Con una BBC intimidada por los órdagos judiciales de la Casa Blanca, la supervivencia de la CNN como un canal razonablemente independiente es importante para la salud democrática.

La pérdida de diversidad cultural es una amenaza muy real. Además, la compra de Warner puede tener efectos devastadores para el empleo. La creciente sustitución de puestos de trabajo por la IA, una tendencia que se extiende en los grandes estudios, agrava el panorama.
Así las cosas, la concatenación de noticias sobre operaciones que configuran un nuevo orden uniformizador y tecnoautoritario es tan intensa que induce a una cierta resignación. Se impone, en cierto modo, el inevitabilismo sobre el que alertaba Soshana Zuboff en La era del capitalismo de la vigilancia (Paidós): los problemas son tan inabarcables que domina la tentación de obviarlos.
Pero puede que haya vida más allá del algoritmo. La alternativa a esta uniformización serán formas de resistencia que exploren las grietas del sistema. En los últimos tiempos hemos asistido al éxito internacional de algunas iniciativas culturales ultralocales que no renuncian a su especificidad para hacerse digeribles por el gran público, pero que por su calidad y audacia acaban saltando fronteras.
A modo de ejemplo, citaremos aquí los discos de Rosalía, el rap en gaélico de Kneecap, el rock tuareg en tamashek de Mdou Moctar, el cine independiente coreano, la película Alcarràs o el delirante fresco literario de Jaén al mundo de David Uclés. Son fogonazos de Inteligencia Humana para resistirse a lo inevitable.


