Opinión
Norbert Bilbeny Garcia

Norbert Bilbeny

Catedrático y exdecano de Filosofía de la UB

Patriotismo 2026

El mensaje de Navidad de Felipe VI lo podría firmar un republicano. El de Año Nuevo de Macron lo suscribiría un monárquico. Además del tono, este último abre y cierra con “mis queridos compatriotas”. El primero habla de “espacio compartido”, “bien común”, “solidaridad”, “sentimiento de país” y “sentido de comunidad”. La palabra más pronunciada: convivencia. Hoy la patria y el patriotismo no generan mucho sentimiento ni movilizan. Solo los extremismos lo jalean. Y si hablamos de crisis de las instituciones, la patria, la más intangible de ellas, no es una salvedad.

  
  Andriy Andriyenko / via AP

No pasa nada: lo importante es el sentido de comunidad y, por lo menos, la solidaridad. Sin embargo, no es lo mismo hablar de la patria en tiempos de paz que hacerlo en tiempos de guerra o de preparación para ella. Como el patriotismo tiene un significado y una carga emocional superiores a los del nacionalismo, estrictamente político, entonces la llamada de la patria sí cobra sentido. Por eso a los ejércitos se les infunde en todo tiempo el sentimiento patriótico. Y en tiempo de guerra, los soldados y los civiles que luchan­ por su país son llamados patriotas, y los que no lo hacen son antipa­triotas. Los alemanes del III Reich fueron patriotas por fanatismo al principio, pero por necesidad al final, con aquel Volkssturm de ancianos y niños frente a los rusos en Berlín.

¿Cómo ven los ucranianos que arriesgan su vida a los más de siete millones de conciudadanos que han marchado de su país?

Eso que escribo no es una felicitación muy de Año Nuevo. Pero es de plena, aunque lamentable, actualidad. Porque hay dos países en guerra en Europa y los que no lo están se están rearmando. Y porque en estos pasados días no se ha podido dejar de pensar en las bombas que siguen cayendo cerca de nosotros incluso en Navidad; en los miles de jóvenes rusos y de otros países que son carne de cañón y en los millones de ucranianos que resisten por patriotismo la invasión rusa. ¿Haríamos nosotros lo mismo ante una ocupación extranjera? Es de suponer que sí y entonces los que defenderían el país serían patriotas, y los que no, antipatriotas.

Ahora mismo podemos preguntarnos: ¿Cómo ven los ucranianos que arriesgan su vida a los más de siete millones de conciudadanos que han marchado de su país? No todos son mujeres y niños. ¿Y cómo los verán después de la guerra, regresen o no? No es difícil imaginarlo. Muchos seguimos pensando que con invocar y que nos movilice la solidaridad, el partido invisible, y el más grande, ya es más que suficiente para defender todo lo público. Pero el patriotismo pasa cuentas al final, incluso en tiempos de paz.

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