
La declinante Europa
Pedro Sánchez se quedó el sábado bastante solo en su condena firme de la captura de Nicolás Maduro, que definió como una violación del derecho internacional. A lo largo del día de ayer, la reacción de la UE siguió siendo tan tibia como errática. Era previsible. Venezuela queda lejos, está en la órbita americana y, además, ningún demócrata de verdad puede simpatizar con un líder autoritario y cruel como el chavista. Seguro que mucha gente en absoluto partidaria de Donald Trump asistió con malsana satisfacción al paseíllo penitenciario de un sujeto que ha llenado las cárceles venezolanas de presos políticos. Pero, como decíamos, la firmeza del Gobierno español contrastó con las respuestas calculadamente descafeinadas de otros gobiernos. ¿Quién ha cambiado de posición? ¿Se ha radicalizado el líder del PSOE por la influencia de sus socios de izquierda o es Europa la que está inmersa en un vertiginoso giro conservador que lo ha dejado desubicado?
El novelista Julian Barnes acaba de publicar un lúcido ensayo titulado Mis cambios de opinión (Anagrama) en el que reflexiona sobre cómo nuestras convicciones más arraigadas mudan a lo largo de la vida sin que nos tengamos que fustigar por ello. En el libro puntualiza que, a veces, los cambios de opinión no los experimentan los individuos/votantes, sino también los partidos políticos y los gobiernos. El autor de El ruido del tiempo atribuye al giro ultraconservador iniciado por Margaret Thatcher el hecho de que él, que se considera un centrista, se haya quedado en apariencia escorado a la izquierda por haber permanecido fiel a sus convicciones de siempre. ¿Le estará pasando esto al ciudadano Sánchez, cada vez más aislado? ¿Pensará de forma diferente la oposición venezolana sobre Trump, ahora que se intuye que a este se la trae al pairo la maldad del chavismo y que su plan es garantizarse un uso desinhibido del petróleo ajeno? ¿Cuántas veces podemos cambiar de opinión?
La que no parece por la labor de cambiar es esa Europa que se desdibuja como los cuadro impresionista conforme nos acercamos a ellos. Cuando Trump ocupe Groenlandia sin necesidad de disparar un solo tiro, la reacción de los estados miembro será ofrecer compensaciones a Dinamarca para que se resigne a la nueva realidad y no la líe más de la cuenta. Total, solo hay hielo.
