Opinión
Justo Barranco Martín

Justo Barranco

Periodista

Obsesión con Europa

Últimamente estoy obsesionado con Europa. Estamos en una fase extremadamente delicada de la historia europea. La UE puede alcanzar algo más coherente o hundirse. Europa afronta muchos más desafíos que el resto del mundo. “Corre el riesgo de ser marginada, estallar”, aseguraba hace ahora justo un año Amin Maalouf, el autor de ensayos como Identidades asesinas, al recibir el Premi Internacional Catalunya. Trump acababa de ganar las elecciones en EE.UU. Y pintaban bastos para el Viejo Continente con él y un vicepresidente patrocinado por un halcón de Silicon Valley, Peter Thiel, que ha dicho que no cree que hoy la democracia y la libertad sean compatibles.

 
 Daniel Schäfer/dpa / Europa Press

No será la primera vez que rindan vasallaje los países de la otrora orgullosa Europa que acabó conquistando el globo gracias a la técnica en la que hoy va tarde. Los imperios milenarios caen, como Bizancio, y los tiempos cambian los podios: China recupera ahora el poder que ostentó siglos, un cambio de eje que anima la crisis actual. Pero más allá de los tiempos en los que califas y sultanes tenían dominios en Europa, desde que el Viejo Continente cedió el cetro imperial y EE.UU. Se erigió en potencia dominante quizá sí sea la primera vez que se le pide un vasallaje tan descarnado. Y también la primera que Europa mantiene, por lo menos oficialmente, una unión económica y semipolítica creada para acabar con milenarias guerras internas.

Sería injusto decir que la UE no ha sido un buen intento, y prematuro decir que está perdido

Los tiempos de crisis nos ofrecen miradas sobre nosotros mismos urgentes y a veces injustas, pero no parece desmesurado aventurar que Europa ha sido el alumno aventajado de un nuevo proyecto de sociedad que lo ha confiado todo, a veces de manera desmesurada, al poder apaciguador de los intercambios comerciales. La economía como argamasa para, con el tiempo, construir una unión con más asideros. No ha acabado de funcionar en lo externo, y en lo interno los perdedores de la globalización han alzado su voz. 

Pero sería injusto decir que no ha sido un buen intento que habría merecido correcciones. Y sería prematuro decir que está perdido. La UE, pese a su creciente quinta columna, tiene una fuerza real con la que no contaba en otros momentos. Timothy Garton Ash señalaba que todos estos años “hemos creado europeos, ahora tenemos que hacer Europa”. Puede ser el momento.

Justo Barranco Martín

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