
La medalla del desamor
FUTUROS IMPERFECTOS
Hace 30 años, tras ganar España el bronce ante Francia en balonmano, el jugador Mateo Garralda decidió compartir la medalla con su amigo Enric Masip, que no pudo acudir a los Juegos de Atlanta de 1996 a causa de una lesión. Garralda se fue a ver un joyero en Barcelona, que le cortó la presea al biés. De esta manera pudo entregar una de las dos mitades a Masip, y declaró: “Es mi amigo y se la merecía”.

Hay gestos que están llenos de dignidad y afecto, que con el tiempo suben de valor, otros resultan humillantes y forzados hasta el punto de que provocan el efecto contrario al pretendido. Es el caso del detalle que la opositora venezolana María Corina Machado ha querido tener con Donald Trump, al entregarle en la Casa Blanca la medalla que el Comité del Nobel le libró en Oslo hace un mes, por el que suspiraba el presidente de Estados Unidos. Según Machado, fue un gesto para agradecer su compromiso con la libertad, que Trump aceptó sin ofrecerle nada a cambio. El presidente ni la salió a recibir a la entrada del recinto, ni hubo foto de bienvenida, y se limitó a ofrecerle un almuerzo en su salón privado. Tal como dijo el inquilino de la Casa Blanca tras la operación militar en la que secuestró a Nicolás Maduro y a su esposa, Machado no es la persona idónea para liderar un cambio de régimen en Venezuela y, tras el encuentro del jueves, la secretaria de prense repitió las mismas palabras.
Machado entrega a Trump la presea del Nobel, pero el galardón es intransferible
Ante el hecho insólito de que un premiado con el Nobel de la Paz traspase la medalla a un tercero, el Comité del Nobel ha advertido a Machado que el galardón es intransferible y que lo que ha hecho es una desconsideración con la decisión del jurado.
La opositora venezolana quiso halagar a Trump, pero no le sirvió de nada, pues el presidente sigue pensando que no debía haber aceptado el premio en su día. Todo lo que Machado se llevó de Washington fue una comida de la que no hay ni foto. Como dijo Martin Luther King: “Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda”. Para un narcisista como Trump, la medalla sin su nombre le pareció un mal premio de consolación. Machado no solo se dejó la presea en la Casa Blanca, también su dignidad.
