
Sánchez se agarra a Trump
La primera pregunta que le hicimos el viernes a Pedro Sánchez fue la misma que en la anterior entrevista que le realizamos, en junio del 2024, y es la cuestión que toda la opinión pública española lleva tiempo haciéndose: ¿puede aguantar hasta el final de la legislatura a pesar de su debilidad parlamentaria? El presidente del Gobierno contesta que no solamente tiene vocación de culminarla, “sino que quiero trascenderla y continuar hasta la entrada de la década del 2030, si así lo quieren los españoles”. Para ello, Sánchez juega con las buenas perspectivas de la economía española y ha encontrado en la política internacional un buen argumento para presentarse como alternativa al auge del trumpismo. “¿De verdad quieres para tu país lo que no quieres para el mundo?”, se pregunta. Afirma que España “vive hoy uno de sus mejores momentos en sus últimos 40 años de historia” y se enfrenta a la “involución” que para él supone la alternativa de PP y Vox, a los que mete en el mismo saco. Asegura que todas las comunidades autónomas acabarán aceptando el nuevo modelo de financiación y no renuncia a aprobar los presupuestos.
La inestabilidad de la geopolítica mundial es, sin duda, una oportunidad para un Sánchez que es de los pocos líderes progresistas que siguen en el poder en Europa y al que solo le supera en tiempo de permanencia el húngaro Viktor Orbán. En momentos tan agitados, Sánchez se ve legitimado para pedir una mayor integración en defensa y seguridad “que no tiene por qué pasar por un acuerdo con los 27” y pedir a las autoridades de la UE que hagan oír su voz con más fuerza. Después de ser uno de los mandatarios europeos más agresivos contra Israel, lo ha sido ahora contra Donald Trump por sus decisiones sobre Venezuela y Groenlandia, y no esconde sus buenas relaciones con China. Incluso se siente refrendado en su decisión de no pasar del 2% de la contribución en defensa en la OTAN, ahora que Dinamarca, que sí llega al 5%, se encuentra con la paradoja de que está amenazada por Estados Unidos.

Sánchez tiene siete vidas, como los gatos, y sabe adaptarse a las circunstancias. Ahora, en pleno impacto mundial de Trump, ha visto la ocasión propicia para aparecer como el antídoto ante esta ola conservadora. Argumentos no le van a faltar.
