
El expansionismo tiene un precio
FUTUROS IMPERFECTOS
Lo bueno de poner las cosas por escrito es que permite ordenar las ideas. Lo malo es que, a veces, quien escribe las tiene tan desordenadas que el resultado final demuestra su confusión mental. Le ha pasado a Donald Trump, que en un mensaje al primer ministro noruego, Gahr Støre, le ha culpado de su afán de anexionarse Groenlandia por su negativa a concederle el premio Nobel de la Paz. Lo de menos es que el Gobierno de este país escandinavo no tenga nada que ver con el galardón, pues lo otorga un comité independiente. Lo de más es que en el derecho internacional no hay ningún apartado donde diga que si a uno no le conceden una cosa, está legitimado para quedarse otra.

Por cierto, Trump discute que la propiedad de Groenlandia no figura en ningún papel. Falso. Los daneses iniciaron la colonización en 1721 y su propiedad fue reconocida en el tratado de Kiel de 1814, tras las guerras napoleónicas. Y Estados Unidos reconoció la soberanía de Dinamarca en 1916.
Si Trump se apodera de Groenlandia, deberá celebrarlo con los inuit comiendo foca
Gahr Støre debería responder a Trump que, si un día Groenlandia estuviera bajo su mando, debería celebrarlo con los inuit, que es el pueblo indígena que habita esta región del Ártico desde tiempos inmemoriales. Los inuit le prepararían una foca, que es el plato nacional. El chef Anthony Bourdain lo explicó en su libro Malos tragos. Después de cazar una foca, fue invitado a comerla, mientras delante de él la descuartizaban, separando la carne, la grasa y los sesos. La abuela de la casa tuvo el honor de abrir el cráneo e introducir las manos en el mejunje, mientras el hijo troceaba el riñón. Todos los congregados se disputaban las mejores partes del animal, al tiempo que se embadurnaban la cara de sangre.
El momento cumbre fue cuando la anciana cogió unas moras congeladas y las mezcló con unos despojos húmedos, que glaseó con sangre y grasa y ofreció a Bourdain. Este confesó que se quedó sin palabras para glosar el momento.
Aunque el festival gastronómico de la foca no está tan lejos de los grasientos desayunos de Trump, creo que la lectura de este texto frenaría más sus ímpetus con respecto a Groenlandia que los planes de respuesta de la UE. Es por aportar una idea más.
