
La Vuelta
Tras haber completado un tramo inicial en Extremadura, el próximo destino será Aragón, para luego continuar con diversos comicios hasta alcanzar el punto clave en Andalucía, donde se definirá el liderazgo de 2026, ya sea para la coalición de las dos derechas o, con escasas posibilidades, para el Partido Socialista. En definitiva, atravesamos un recorrido electoral por la España de las regiones que, si bien no incluye a todos los territorios, sí ofrecerá un reflejo fiel del ánimo político nacional; pues, pese a que el presidente Sánchez insista en que los votos regionales difieren de los nacionales —argumento que tiene su lógica—, la realidad parece ser bastante desfavorable para las aspiraciones del PSOE.

El metabarón (copyright de Alejandro Jodorowsky e ilustración inicial de Juan Giménez) Núñez Feijóo ha impulsado este retorno como estrategia para vencer por desgaste a su gran adversario, quien en condiciones distintas tendría que haber sido su socio constitucional, si bien la jugada conlleva el peligro de resultar fallida, pues acecha otro metabarón, el relevante Abascal, amparado por la archiduquesa Meloni y firme aliado del soberano galáctico, el esposo de Melania y mandatario del mundo oscuro.
Nos hallamos en plena Vuelta trumpista por España que suma recorrido y participantes.
Nos encontramos en mitad de la Vuelta trumpista a España, con la populista y laboriosa reunión sobre la financiación autonómica funcionando como un obstáculo capaz de arruinar el plan de casi toda formación, sin ignorar el apoyo constante en el trayecto de diversas plataformas digitales y tecnológicas. Se trata de una etapa donde únicamente las chirigotas gaditanas –estamos en carnaval– logran ofrecer un contraste fantástico ante toda la influencia reunida por dos bandos que disponen del respaldo de jueces y tribunales.
Un recorrido trumpista por las Españas que, retomando el asunto, acumula trayecto y participantes en un certamen manipulado pero capaz de dar sorpresas, pues la clave hoy de la Vuelta consiste en si hay marcha atrás hacia esos tiempos de esplendor –al gusto de Trump– que las nuevas camadas de la patria añoran de los valores y años de la dictadura franquista. Abascal, el candidato oculto, solo tiene que seguir la estela. Y con eso le basta para alcanzar la meta con gran impulso.
