Opinión

Champions de 24 quilates

La intensidad emocional alcanzó niveles inéditos este miércoles durante el cierre de la fase de grupos de la Champions. No únicamente los ocho clubes clasificados de forma directa a octavos y el Benfica, que frente al Real Madrid vivió el momento cumbre gracias al tanto de su guardameta ucraniano Anatoli Trubin en el descuento, resultaron triunfadores en la velada. Igualmente la UEFA. El sistema renovado conserva el esquema tradicional de méritos deportivos (donde compiten los más destacados de cada año) y lo enriquece con una programación que lleva este final hacia una gran variedad de sentimientos. El esférico circula por toda Europa y una anotación en Lisboa es capaz de generar desconcierto en Almaty, situada a 7.000 kilómetros de alejamiento. La respuesta para la Champions se hallaba en su propio seno y no en la Superliga, aquel proyecto gestado por un grupo reducido que jamás obtuvo el respaldo del balompié europeo. Mucho menos de la Premier, siempre firme al proteger los principios fundamentales de la disciplina y de sus seguidores, alejándose del lucro de unos pocos. Debido a que el fútbol representa pasión. Y esta Champions asegura dicha entrega.