El eterno eje pendiente

No hace ni cinco, ni diez, ni quince, ni veinte. Hace la friolera de treinta años que los pueblos del Pirineo reclaman un eje viario en condiciones. Por ejemplo, la mejora de la N-260 entre Xerallo y El Pont de Suert, un punto negro de la red viaria pirenaica, viene pidiéndose desde 1995. En el 2008, el entonces conseller de Política Territorial, Joaquim Nadal, pactó su mejora. Y casi veinte años después, se anuncia la licitación para, de una vez por todas, abordar la transformación de este eje que los pueblos del entorno vienen reclamando desde hace tres décadas. Bienvenida la apuesta anunciada ayer por el conseller de Presidència para mejorar unas comunicaciones viarias que son vitales para un territorio amenazado por la despoblación. La inversión, de 280 millones, va a cargo del Estado (titular de la vía), y de la supervisión del proyecto se encargará la Generalitat. La apuesta por el eje incluye la mejora de otro tipo de comunicación también esencial, el despliegue de la red de fibra óptica a través de esta N-260.

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