Opinión

Mi amiga Eva y la utopía

La misma noche en que la extrema derecha ganaba en las urnas del Ohio español, Eduard Sola recibía aplausos al reivindicar la viabilidad de una utopía. Lo hizo al recoger el premio Gaudí al mejor guión original por Mi amiga Eva. ; la película, dirigida por Cesc Gay y protagonizada por Nora Navas, narra la historia de una mujer que abandona todo por amor. O mejor dicho, por un amor imaginario, por el deseo de experimentar lo que se siente al enamorarse, algo que se vuelve tan difícil tras medio siglo junto a la misma persona. En realidad, no abandona todo: alquila un apartamento y termina con su esposo. Como dice un amigo, lo que no haces a una edad lo terminas haciendo a otra. Y es algo parecido lo que le ocurre a ella.

  
  Filmax

Cuántos hombres han comprado un coche grande a los sesenta, y cuánta gente opta por ponerse en forma después de los cuarenta, pues hasta entonces se sentía bien. Y al revés: cuántos de los que nunca excedieron sus límites en la juventud se dejan llevar en la madurez, anhelando recuperar un tiempo que se les escapa. Así entendí la película: como una crisis en el instante en que empieza a dar vértigo (si no miedo) perder alegrías y autocelebraciones antes de morir.

La heroína de la película busca sentirse bien, no busca transformar el mundo

Por eso me sorprendió que, en su discurso, Sola afirmara: “Tenemos que hacer como Eva, porque las utopías son utopías hasta que alguien las hace realidad”. Mencionó la jornada laboral, el voto femenino y la eliminación de la explotación infantil. Invitó a soñar, a luchar y a edificar un mundo más justo y más compasivo, “sin genocidios, ni armas, ni putos fascistas de mierda” que lo dirija. Me alegra que la gente celebrara sus palabras. Pero ¿qué relación tiene la decisión de Eva con todo esto?

La utopía no se equipara a la insatisfacción. Lo que impulsa a la protagonista de la película es el anhelo de sentirse bien y aprender a colocar su deseo por encima del confort ajeno (y del propio), nunca la intención de transformar el mundo. Creo que la democracia de este país tiene la misma edad que Eva, y actúa como ella: responde al desaliento con pequeñas renuncias, con aventuras efímeras, esperando que algo ocurra que la haga enamorarse otra vez. Soñar así es hermoso, pero no enfrenta el odio ni repara la desgaste de haberse cuidado menos de lo debido. Esperemos que no sea una crisis de vértigo antes del fin.

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