Por si quedaba alguna duda, el presidente Donald Trump ha confirmado una vez más su desprecio por la lucha contra el cambio climático. A través de una serie de órdenes ejecutivas y directrices administrativas firmadas el jueves, el líder republicano ha acabado oficialmente con las limitaciones federales sobre los gases de efecto invernadero. Y, por si fuera poco, en una maniobra legal sin precedentes, ha revocado la facultad del propio Gobierno estadounidense para combatir el cambio climático.
Esta decisión supone eliminar la base legal que permitía al Gobierno federal regular las emisiones de dióxido de carbono y metano, entre otros, en aplicación de la ley de Aire Limpio. Sin este reconocimiento científico, la Agencia de Protección Ambiental (EPA), pierde la facultad jurídica para imponer límites a la contaminación de vehículos, centrales eléctricas y la industria del petróleo y el gas. Recordemos que, según los científicos, estos son los factores que están intensificando las olas de calor, las sequías, los incendios forestales y otros fenómenos meteorológicos extremos con una alta factura humana y en las infraestructuras.
Con estos decretos, EE.UU. Pasa a ser la única gran potencia occidental que niega oficialmente la validez de los estudios científicos que vinculan las emisiones humanas con el calentamiento global, al tiempo que cierra la puerta a cualquier acción climática federal. Al anunciar su decisión, Trump dijo que ponía punto final a una “desastrosa política de la era Obama”, que “dañó gravemente a la industria automotriz estadounidense y aumentó masivamente los precios para los consumidores”, y calificó la medida como “la mayor acción de desregulación en la historia de Estados Unidos”.
Su argumento central para adoptar esta decisión es puramente económico, y favorece a los fabricantes de automóviles. Hay que recordar también que el sector de los combustibles fósiles fue uno de los grandes financiadores de la campaña de Trump y está metido de lleno en su Gobierno. A partir de ahora fabricar coches en EE.UU. Será más barato porque, anulada la premisa de que el CO2es un contaminante regulable, decaen automáticamente los mandatos federales que impulsaban la fabricación de vehículos eléctricos y los estrictos niveles de eficiencia de combustible fijados por la administración anterior.
El presidente elimina la validez de los avances científicos que avalan la lucha climática
La otra cara de la moneda es que fabricar vehículos menos eficientes en consumo de combustible y lucha medioambiental puede limitar sus ventas en el extranjero, pues el cliente exterior priorizará coches menos contaminantes. Y queda por ver si esta derogación ayudará a los republicanos a ganar votos en las elecciones de midterm de noviembre.
Desde el año pasado, Trump ha cancelado ayudas por más de 7.500 millones de dólares a más de 220 proyectos energéticos en 16 estados demócratas, la mayoría enfocados a fuentes renovables, lo que está siendo objeto de batallas judiciales. Como también lo será esta última decisión, ya que gobernadores demócratas y organizaciones ambientalistas han anunciado que impugnarán las acciones de la Administración Trump en una batalla legal de largo recorrido que probablemente llegue al Supremo.
La organización Fondo de Defensa Ambiental ha avanzado que la derogación de las normas para combatir el cambio climático puede provocar hasta 58.000 muertes prematuras adicionales en EE.UU. Y 37 millones de ataques de asma adicionales hasta el año 2055.
La derogación por EE.UU. –que bajo la presidencia Trump se ha retirado dos veces de los Acuerdos de París– de la que se llamaba conclusión de peligro , que desde el 2009 daba fundamento legal y científico para combatir la emisión de gases de efecto invernadero, es un golpe demoledor a los intentos globales de poner freno al calentamiento del planeta. Al eliminar la determinación científica que obligaba al Estado a regular el dióxido de carbono, EE.UU. Pierde el ancla que lo mantenía unido a los tratados internacionales. Esta decisión supone un retroceso mucho más radical en la lucha climática en comparación con las medidas para debilitar las regulaciones adoptadas durante el primer mandato de Trump.
La decisión es un golpe demoledor al combate para intentar frenar el calentamiento global
La cara opuesta a esta apuesta estadounidense por la energía fósil es su gran rival, China, que lidera las renovables dentro y fuera de sus fronteras. Y lo mismo ocurre con la movilidad eléctrica, exportando coches alimentados por baterías en lugar de gasolina. Así, mientras la Unión Europea y China aceleran sus inversiones en tecnologías verdes, EE.UU. Se repliega hacia una soberanía energética basada en recursos fósiles porque Trump afirma que el cambio climático es “un engaño masivo” y adora el carbón, al que califica de “limpio y hermoso”.