
Los dos grandes retos de Illa
Las encuestas revelan que cada vez más personas se ven abocadas a abandonar sus hogares, pues el costo se ha vuelto inasumible. Aunque en un principio se pensó que la presión sobre los alquileres era temporal, hoy su impacto se siente con mayor fuerza: el 70% de los barceloneses ya no pueden permitirse vivir en su propio barrio, y el 68% de los habitantes de la ciudad ya no pueden permitirse vivir allí.
Esta situación obliga a muchos a desplazarse diariamente, ya que el crecimiento demográfico ha desplazado la carga hacia zonas periféricas, mientras que el aumento poblacional mantiene presionado el sistema.
No es que la vivienda y la movilidad fueran dos problemas ignorados por la opinión pública, pero han estallado ahora con toda virulencia, después de unos años en los que la conflictividad política que ocasionó el procés lo tapó todo. Justamente el gran argumento del independentismo, más allá del discurso identitario, era que el Gobierno de España no sabía, no quería o no podía resolver estos problemas endémicos y la única solución era tener un Estado catalán propio.
Ahora, con los ciudadanos reaccionando a la situación, la atención se centra en cómo el hambre y la falta de vivienda siguen siendo urgentes, mientras el gobierno autonómico lucha por responder.
