Opinión

Cuba, en situación límite

El incidente en aguas cubanas en el que una embarcación de agentes fronterizos disparó contra una lancha rápida ocupada por diez tripulantes –cuatro de los cuales murieron y el resto resultó herido– al no obedecer las órdenes de alto para ser identificados, puede aumentar aún más la tensión existente entre Cuba y Estados Unidos, que viene maniobrando para asfixiar la economía de la isla como medio para hacer caer el régimen castrista.

La Habana ha asegurado que en la lancha iban diez terroristas, ciudadanos cubanos que vivían en EE.UU., que iban fuertemente armados y que pretendían infiltrarse en la isla para perpetrar acciones desestabilizadoras. “Cuba se defenderá de cualquier agresión terrorista y mercenaria”, dijo ayer el presidente Miguel Díaz-Canel. EE.UU. Ha negado estar implicado en el suceso y su secretario de Estado, Marco Rubio, de origen cubano, ha dicho que lo estaban investigando y que responderán “como corresponda”.

Este incidente se produjo el mismo día en que el presidente Trump dio algo de oxígeno a la catastrófica situación de la isla al autorizar al Departamento del Tesoro a que compañías vendan crudo de origen venezolano a Cuba con fines humanitarios, para que puedan seguir funcionando los comercios y los hogares. Las condiciones puestas por Trump excluyen a las instituciones del régimen castrista y al ejército.

El suceso del bote eleva la crispación por

Y es que la situación humanitaria que atraviesa la isla caribeña con este bloqueo la está llevando al límite. La economía está al borde del colapso y la crisis es la peor desde el triunfo de la revolución castrista en 1959. Las aerolíneas han suspendido o reprogramado sus vuelos a la isla al no poder repostar combustible. El Gobierno se ha visto obligado a cerrar muchos hoteles y el turismo ha huido en desbandada, cuando se trata de un sector que supone el 13% de la economía cubana. En las grandes ciudades apenas hay transporte público por falta de combustible, se ha recomendado el teletrabajo y las universidades y escuelas funcionan virtualmente, aunque muchas han cerrado por falta de energía eléctrica.

La vida para la población es cada día más difícil y desesperada y la escasez de alimentos y medicinas, que ya formaba parte de la dura realidad cubana desde hace mucho tiempo, se ha agudizado, y el racionamiento es cada vez más estricto. Los apagones, cada vez más largos, hacen que no funcionen las bombas y el agua corriente no llegue a las casas. Las basuras se queman en la calle al no ser recogidas y los cubanos han vuelto a cocinar con leña y carbón en un país a oscuras y sin internet en el que la población, exhausta, sobrevive al día.

Si bien es evidente que las medidas estadounidenses pueden estar ejerciendo mayor presión sobre Cuba, el pésimo resultado de su economía se debe a la planificación central del Partido Comunista, indiscutible desde el establecimiento de la dictadura en 1959. El deterioro constante de la economía ha provocado un marcado descenso en la calidad de vida de los cubanos. No olvidemos que antes de la decisión de Trump de asfixia económica, Cuba ya vivía hasta 18 horas diarias sin electricidad. El país no produce nada y una economía estatizada y centralizada ha demostrado después de décadas ser profundamente ineficaz. Y la sempiterna retórica antiimperialista del castrismo no llena los estómagos de los cubanos.

La falta de carburante sitúa a la isla

Esta crisis podría obligar al régimen a cambiar de rumbo pronto o incluso hacer que se derrumbe. El castrismo, acorralado, se ha visto obligado a abrirse al diálogo con Washington ante el abismo económico que suponen las sanciones de la Casa Blanca. El régimen, tambaleante prácticamente desde los años noventa tras la caída de la URSS, lleva decenios reprimiendo y está aislado. Tras perder el sustento de la Venezuela chavista solo le queda el apoyo político de otra dictadura, Nicaragua, y la ayuda humanitaria de México. China, el gigante comunista, no salvará a Cuba, otro país comunista, y hasta Rusia queda lejos, aunque ayer compró la versión cubana del incidente con la lancha calificándolo de “provocación de EE.UU.”

Trump ha visto que el petróleo es más eficaz que una intervención militar para presionar a Cuba, y asfixia al castrismo para que caiga la dictadura más vieja del hemisferio occidental. La pregunta es si lo que EE.UU. Está buscando es una Delcy Rodríguez en Cuba, una persona que pueda ser la próxima gobernante de la isla tutelada y vigilada por Washington, al igual que está haciendo con la presidenta encargada de Venezuela. Se trataría de alentar una reacción interna para relevar a los herederos de Fidel. El futuro liderazgo político en Cuba puede estar en juego estos días y el debate es qué figuras dentro del sistema podrían asumir mayor protagonismo en caso de cambios internos o presiones externas.