Señor Pou, estrena usted nueva película. No para. La cantidad de obras de teatro que ha interpretado. El cine y la televisión también han contado con su trabajo. Es un actor de gran envergadura, que ha representado a personajes de la talla de Cicerón, del Capitán Ahab en Moby Dick, de Sócrates, de Felipe IV en Las meninas, de Buero Vallejo, su primer Estudio 1 en TVE. Ahí fue cuando lo descubrí. Pero no me voy a extender con la lista de personajes y obras con las que se ha ganado la admiración y el respeto de actores y directores con los que ha trabajado.
Mi asombro durante mucho tiempo fue verle cruzar el paso de peatones de la Gran Via, a la altura de Urgell, por delante del autobús de TMB que yo conducía. Muchos de sus personajes cruzaban con usted. Si el día lo permitía, ocupaba una mesa en la terraza de una cafetería y leía el diario.
En más de una ocasión estuve tentado de bajarme a saludarle. El riesgo de ser multado por la Guardia Urbana, o por la empresa, me hizo desistir. Seguro que si le hubiese contado que sería capaz de cometer esa locura, me habría dicho que había maneras menos arriesgadas que esa para saludarle.
Me jubilé. Ignoro si sigue con el hábito de tomar café y leer el diario en esa terraza. Perdí esa oportunidad. A sus ochenta años, señor Pou, sigue usted trabajando. No pare de hacerlo. Yo no dejaré de seguirle.
Eduardo Torralvo
Barcelona