La factura proforma

Muchos de nosotros ya hemos desarrollado reflejos casi felinos para esquivar los intentos diarios de estafa que nos llegan desde SMS, watsaps, correos electrónicos, llamadas telefónicas...

Sin embargo, existe una modalidad de fraude mucho más elegante, discreta, que suele pasar desapercibida. Ocurre en algunos restaurantes (y bares), justo en el momento culminante de la experiencia gastronómica: el pago. Entonces aparece el famoso ticket “proforma”, también conocido como “este papelito que no ha pasado jamás por la contabilidad”. Un documento de gran valor emocional pero de nulo interés fiscal. Si el cliente tiene la osadía de pagar en efectivo, el importe no se registra, el IVA se volatiliza y todos contentos… o casi todos.

El resultado es una obra maes­tra de la picaresca moderna: doble estafa. Al Estado, por no declarar el ingreso correspondiente, y al cliente, al que se sustrae directamente ese 10% de IVA que ha pagado con la ingenua creencia de vivir en un sistema tributario funcional. Todo ello envuelto en mantel, sonrisa profesional y el detalle final de desearle a uno que vuelva pronto.

Julián Revuelta

Tarragona

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