Bienvenida sea la prohibición del uso de las redes sociales a menores de 16 años, aunque ya suscite dudas sobre cómo aplicarla en la práctica. Esta medida tiene cierto paralelismo con la regulación del acceso a las bebidas alcohólicas para menores, vigente desde hace años. Pero en ambos casos el objetivo no se alcanza solo con métodos coercitivos, sino que deben estar acompañados de un enfoque pedagógico del problema: la clave es la divulgación de los riesgos que conllevan, en su caso, las redes sociales o el consumo de alcohol. Es una tarea que debe realizarse ya en la escuela y, sobre todo, en el seno de la propia familia, la referencia educativa fundamental de un menor.
Francisco Javier Laso Guzmán
Girona
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