Una tarea invisible

Ahora que la educación vuelve a ocupar titulares, quiero hablar de quien sostiene el sistema desde lugares invisibles. En nuestro instituto, un centro de máxima complejidad, Mari trabaja en la cantina desde hace años. Oficialmente, hace bocadillos. En la práctica, hace mucho más. Alimenta a alumnos que llegan sin desayunar, acompaña a los equipos de fútbol cuando la ilusión supera los recursos y ofrece cafés que proporcionan un pequeño descanso al profesorado.

Sabe quién tiene hambre de desayuno y quién de ánimo, y actúa sin ruido, sin protocolos ni informes. También mantiene un pequeño almacén de ropa, siempre listo por si alguien tiene frío. La cantina es más que un servicio: es un pequeño refugio.

Cuando hablamos del futuro de la educación, hay que recordar a personas como ella, que hacen que todo funcione aunque inexplicablemente nadie ni siquiera lo mencione o lo mida en las estadísticas.

Sara Galiana Steinbrüggen

L’Hospitalet de Llobregat

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