Darwin y la política

Se celebró recientemente el día de Darwin y su contribución a la ciencia es también el recordatorio de una idea que incomoda a algunos. Darwin sugirió que la selección favoreció instintos sociales como la simpatía y la cooperación, porque los grupos más cohesionados sobrevivían mejor que los violentamente fragmentados. Pensadores contemporáneos como Pinker o Harari han desarrollado esa intuición en clave histórica y social.

Frente a esa lógica evolutiva, el estilo político de Donald Trump se mueve en dirección contraria: confrontación constante, presión sobre aliados tradicionales, retirada de marcos multilaterales y uso coercitivo de aranceles. Darwin es una excusa para celebrar el pensamiento científico, la curiosidad, el espíritu crítico y la evidencia empírica como bases para comprender el mundo. La política debería atender esas buenas razones.

Javier González Delgado

Terrassa

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