Si una persona con problemas auditivos quiere acudir a algún espectáculo en Barcelona, sus opciones son escasas: ir al Liceu o al Teatre Nacional de Catalunya (sala grande). Dichos espacios ofrecen la oportunidad de acceder a una pantalla individual donde la obra es traducida al catalán, para todos los espectadores, o disponer de unos auriculares conectados al de los autores, que posibilitan disfrutar de la obra. En la gala de los Goya, únicamente hubo una persona con discapacidad auditiva que pudo seguir el evento.
¿Hasta cuándo no será obligado subtitular los actos culturales, recurso que unifica a todas las personas con pérdida auditiva, sean prelocutivos, poslocultivos o de presbiacusia? Por otra parte, resulta paradójico ver como en algún teatro se puede seguir la representación en pantallas colgantes con subtítulos en inglés, cuando se ignora al sordo. ¿Dónde está la inclusión social de estas personas? ¿Cómo es posible que este subgrupo social no esté plenamente contemplado en una sociedad inclusiva?
María Teresa Casasnovas
Barcelona