Las Torres Petronas, faros de Oriente

Lectores Corresponsales

Estos gigantes diseñados por César Pelli son icónicos por ser las estructuras gemelas más altas del mundo

Las Torres Petronas de Kuala Lumpur.

Las Torres Petronas de Kuala Lumpur.

Cristina Maruri / https://cristinamaruri.com/

* La autora forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian

Supongo que cruzar el mundo para conocerlas puede considerarse un acto de gran idealismo con ciertas dosis de rara avis, pero qué sería de nuestra vida sin la persecución de sueños. Sin las mariposas que se nos crean cuando preparamos el viaje o cuando nos llegan las entradas adquiridas on line, para evitar colas.

Es mi primer día en la capital de Malasia, Kuala Lumpur, y desde la azotea del hotel, tomo un café, acompañada del amanecer. Un sol abre el telón de colores y edificios, carreteras y humanos, que por mi perspectiva parecen hormiguitas.

Ya hace calor y al menor movimiento se transpira, pero sigo empeñada en no subirme a un Bolt y realizar a pie la media hora o dos kilómetros largos, que me separan de ellas. Con la ayuda de Google Maps y en una ciudad segura, corre pocos riesgos esta aventurera a la que le fascina el descubrir.

Y empiezo descubriendo pequeños locales con las persianas ya abiertas, ultramarinos y mini restaurantes, en un barrio eminentemente diverso como lo es Butik Bintang. Tras la cuesta continuo por una arteria principal, en la que vehículos compiten con el tranvía elevado, sugiriéndome un Chicago cien años por delante.

Los vehículos compiten con el tranvía elevado, sugiriéndome un Chicago cien años por delante

Me siento cigarra, aunque las manos no las lleve en los bolsillos sino agarrando la mochila, pero silbo, mientras mi mirada trata de sobrevolarlo todo.

Más autopistas, cruces, edificios, comercios abiertos y por abrir. Ruido, calor, color, seres humanos con alguna misión, primando a buen seguro la de ir a trabajar; y yo, obedeciendo a mi brújula.

La primera imagen que tengo de ellas es parcial, sus últimos pisos, anillos que se elevan hacia el cielo. Me impresionan, no solo por sus dimensiones colosales, sino por su armónica delicadeza. Estos gigantes diseñados por César Pelli, e icónicos por ser las estructuras gemelas más altas del mundo, sorprenden, impactan, reconfortan.

Cristina Maruri, lectora corresponsal de Guyana Guardian, contemplando el amanecer de las Torres Petronas.

Cristina Maruri, lectora corresponsal de Guyana Guardian, contemplando el amanecer de las Torres Petronas.

Cristina Maruri / https://cristinamaruri.com/

Me impresionan, no solo por sus dimensiones colosales, sino por su armónica delicadeza

Algo en ellas me recuerda al Taj Mahal. A simple vista quién lo diría, pero me apuesto a que en el corazón de sendos artífices, residía sensibilidad, debilidad por la belleza y mucho amor.

Como he llegado temprano, me doy una vuelta para admirarlas y contemplar su estampa por completo. Lo consigo desde los escalones del parque, al final de una fuente rectangular que no expulsa agua. Me detengo y consiguen ensimismarme, pero el reloj quiebra mi sueño y avisa.

Penetro en ellas. Se forma cola, comprueban nuestras entradas y nos reúnen en grupos cerca de un Photocall disponible por un módico precio. Nos conducen a un ascensor supersónico, y desembarcamos frente al puente en el que se rodó el film La Trampa, situado en la planta 41 a una altura de 170 metros. 

Puente en las Torres Petronas, planta 41.

Puente en las Torres Petronas, planta 41.

Cristina Maruri / https://cristinamaruri.com/

Lo recorremos y nos hacemos fotografías, admirando por sus cristaleras, una ciudad dinamizada y futurista, plagada de rascacielos como un campo de setas. Tras diez minutos nos recogen de este puente, que hace las veces de tirante para evitar que las torres se desplomen con los movimientos sísmicos y de nuevo al ascensor. Desembocamos en la planta 86 con un mirador 360º. 

Mirador 360 en la planta 86 de las Torres Petronas.

Mirador 360 en la planta 86 de las Torres Petronas.

Cristina Maruri / https://cristinamaruri.com/

Todo se ve lejano y diminuto, en un día meridianamente claro, por ser Kuala Lumpur una ciudad de poco coche y mucho transporte público, logrando que la mirada pueda recorrer kilómetros y kilómetros. Tiempo de nuevo para la contemplación, la fotografía y la adquisición de souvenirs en su tienda oficial.

Cristina Maruri, en las Torres Petronas, divisando Merdeka 118, el segundo rascacielos más alto del mundo.

Cristina Maruri, en las Torres Petronas, divisando Merdeka 118, el segundo rascacielos más alto del mundo.

Cristina Maruri / https://cristinamaruri.com/

Y tic tac, tic, tac, la arena se termina y descendemos.

De nuevo en el parque, me siento en un banco y reflexiono sobre lo experimentado, mientras inquieta busco la manera de asistir a su encendido, como si se trataran del árbol de Navidad en el Rockefeller Center. Del amanecer al atardecer.

Diez euros dan para mucho. Para adquirir un pase de día en el W hotel y tener derecho al acceso y uso de sus instalaciones, sin necesidad de estar alojado.

Disfruto de la jornada en el barrio chino e indio de la ciudad y hacia las cinco, meto mi bikini en la mochila y de nuevo caminando y sudando, busco y hallo el hotel. Impecable su gran lobby, impecable en modernismo, lujo y decoración, pero no me detengo, no voy al gimnasio ni utilizo el spa, porque mi intención y atención se halla en la piscina de su techo, con unas vistas espectaculares.

Se abre el espacio con grupos de confortables sillones, mesitas y una gran barra desde la que se divisan las Petronas y la Torre de Comunicaciones que se anaranja, con los rayos de un sol que bosteza. Me cambio y me zambullo, ante la mirada atónita, por no decir reprobable, de algún huésped musulmán, que no tolera tanta carne femenina expuesta y de haber podido, tal vez me hubiera impuesto algún que otro latigazo y colocado a la fuerza un burkini. Pero cuento a mi favor, con la libertad lograda por una democracia avanzada y un país al que todavía la religión no ha sometido por completo.

Se divisan las Petronas y la Torre de Comunicaciones que se anaranja, con los rayos de un sol que bosteza

Bebiendo un coco marcado con la letra W, e incluido junto a la rayada toalla en el pase del día, espero el atardecer.

Coctelería al atardecer.

Coctelería al atardecer.

Cristina Maruri / https://cristinamaruri.com/

Cómo las luces artificiales sustituyen a la natural. Neones por doquier que nos entretienen, hasta que dos sirenas de cola plateada emergen desde un océano de asfalto, para codearse con las estrellas.

Su imagen es fantástica y casi sepulcral, dado el blanco limpio y frío de sus luces, que se extiende y las envuelve, como manto de iluminación reverberando, entre esa especie de niebla, producida por calor y humedad. “Esto sí que es magia en un momento de diez”; me digo, y apuro las últimas gotas de mi vegetal bebida.

Encendido de luces con las Torres Petronas.

Encendido de luces con las Torres Petronas.

Cristina Maruri / https://cristinamaruri.com/

Me levanto y las fotografío desde todos los ángulos; embebida, idiotizada. Solamente es al final del “carrete” cuando escucho música disco y tenedores, golpeando platos conteniendo cenas.

Y no puedo abandonar la escena sin bailar. Como lo hizo Kevin Costner alrededor de la hoguera, yo lo hago enmarcando la piscina. Ellos degustan exquisiteces, mientras yo toco las nubes con la punta de los dedos.

Marco de rascacielos.

Marco de rascacielos.

Cristina Maruri / https://cristinamaruri.com/
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