Guapa, joven y rica: la dama que ayudó a la Guardia Civil a capturar a la cúpula de ETA

Un agente que sirvió 20 años en Euskadi revela en una novela cómo actuaba su mejor colaboradora

FRANCIA-DETENCIÓN CÚPULA ETA: BIDART (FRANCIA), 30/03/1992.- Uno de los ciudadanos franceses detenidos (3d) en la operación desarrollada ayer por la policía francesa contra la cúpula de la organización terrorista ETA, es trasladado a la comisaría de Bayona. EFE/Carlos Villagrán/ct

Uno de los detenidos en Bidart, Pierre Langou, en la célebre operación del 29 de marzo de 1992

CARLOS VILLAGRÁN / EFE

Qui êtes vous? Philippe Lassalle Astis, alias Taxi o Filipo, colaborador de ETA, corta el paso a Clare, una vendedora de cosméticos de la marca Avon que acaba de visitar a su madre –le ha comprado una colonia– y está a punto de abandonar el piso que ambos comparten en Ascain, a siete kilómetros de San Juan de Luz. El hombre no se aparta ni siquiera cuando su madre le pide que no sea “grosero” y deje salir del piso a la chica. Tiene unos treinta años y es rubia, alta y muy bella, pero lo único que tiene el hombre son sospechas: Philippe es el encargado de los traslados de algunos miembros de la cúpula terrorista en el sur de Francia y en especial de José Luis Álvarez Santa­cristina, alias Txelis , ideólogo de la banda, y por ello anda con pies de plomo. Estamos en marzo de 1992. Sólo el año anterior, ETA ha asesinado a 46 personas.

La mujer está nerviosa. Ya abandonaba la vivienda porque ya ha logrado corroborar que allí vive Filipo. Con su pericia, ha logrado saber que el hombre que está con la señora en una foto ante el monte Igueldo es su hijo y que se llama Philippe Lassalle Astis. Y ese hombre de la foto es el mismo de otra foto que hace pocos días le ha mostrado su contacto en la Guardia Civil, con la que colabora en labores de información y logística.

La mujer se puso a disposición policial tras el asesinato de su amante, un empresario vasco-francés

Pero ahora Philippe acaba de llegar y observa con detenimiento a la mujer en busca de alguna señal, o nervios, hasta que pasan unos instantes –eternos– y finalmente la deja salir.

Una vez en la calle, la mujer respira hondo y piensa: “Philippe Lassalle: te pillé”.

Con él caerá la cúpula de ETA, en la célebre operación del 29 de marzo de 1992 en Bidart (a 14 kilómetros de Ascain), en el golpe más demoledor que las fuerzas policiales dieron a la banda terrorista.

ETA-EXTRADICION:El etarra José Luis Alvarez Santacristina

El etarra José Luis Alvarez Santacristina, alias Txelis, cuando fue extraditado por Francia en noviembre de 1999 

EFE / ARCHIVO

Falta poco para los Juegos Olímpicos de Barcelona. Son detenidos el líder de la organización y responsable de los comandos, Francisco Múgica Garmendia, Pakito ; el principal experto en explosivos, José María Arregui Erostarbe, Fitipaldi ; Txelis , por supuesto, y una decena más de colaboradores.

El papel de Clare, o Marie, o La dama, como la llaman en la Guardia Civil, es clave en aquella operación. La historia de esta mujer fue revelada en un artículo por el abogado José María Fuster Fabra, explicando que la desvela la novela Llueve sobre Intxaurrondo (Ed. Círculo Rojo), cuyo autor es el teniente de la Guardia Civil Francisco Hermida, en colaboración con Juan Manuel Fernández Millán. “La historia es cierta, yo me he limitado, por cuestiones de seguridad, a alterar algunos nombres”, explica el agente en conversación telefónica. Fuster Fabra defendió a Hermida en un caso de torturas que no llegó a juicio.

Es Hermida quien en una reunión con Clare, o Marie, le ha mostrado una imagen, de mala calidad, en la que se ve a un hombre que vive en la zona de Ascain, a quien quieren localizar para que les lleve a la cúpula de ETA. La mujer se ha dedicado a recorrer casa a casa todo el pueblo, que por fortuna no es muy grande, vendiendo cosmética, hasta que lo detecta. Es Hermida –camuflado en otro apellidos en la novela– quien la ha reclutado como colaboradora de la Guardia Civil. O, mejor dicho, a la que ella se ha ofrecido. Ni se llama Clare ni Marie ni es vendedora de cosméticos ni es agente de ningún cuerpo policial. Es guapa, rica y francesa y por tanto tiene un perfil atípico que interesa extraordinaria­mente como colaboradora. Es una mujer que actúa por venganza contra ETA porque ésta ha asesinado al hombre de su vida, que ni siquiera es su esposo sino que es su amante. Un empresario vasco francés, víctima en 1984 de una ejecución en Behovia (Irún) mien­tras come con varios amigos antes de asistir a un Real Sociedad–Valencia. Aquel asesinato fue cometido por Javier Ángel Aguirre, Ramon Zapirain e Idoia López, tal como Hermida y Fernández detallan en la novela, con nombres reales de tres etarras.

Ayudas logísticas

La mujer compró coches y alquiló pisos para la lucha antiterrorista: desde uno de ellos controlaron la residencia de Txelis, ideólogo de la organización armada

El libro cuenta que aquella ejecución de ETA se debió en parte a que el empresario había sido señalado por su supuesta colaboración con los GAL, los Grupos Antiterroristas de Liberación que actuaban parapolicialmente contra ETA, financiados desde el Estado.

El libro también cuenta que, cuando Hermida le preguntó qué sería capaz de hacer contra ETA, ella prometió: “Si es para acabar con esos hijos de puta, pídeme lo que sea”. Hermida estuvo destinado en el País Vasco entre 1979 y 1999 y fue uno de los dos controladores de la mujer. Ésta vive hoy en Francia, en una residencia de ancianos, y no pudo ser entrevistada. “No me ha costado nada escribir esta historia porque me he limitado a dar rienda suelta a mis vivencias”, explica Hermida.

La localización de Filipo no fue la única misión de La dama. Antes ayudó en el alquiler y compra de vehículos y de viviendas. Una de ellas estaba frente a un hotel, en Ghetary, donde solía alojarse Txelis . Como acostumbraba a hacer, la policía francesa preguntó a la mujer para qué quería el piso. Les contó que tenía un familiar en una residencia de ancianos cercana y que por eso al piso irían a dormir ocupantes diferentes, familiares que vendrían de España. Pero ni eran familiares ni iban a dormir. Eran guardias civiles y observaban día y noche las entradas y salidas del hotel.

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