Encogida, seria, asustada y cabizbaja. Así entró hoy Elisa Pinto a la sala de la Audiencia Nacional donde se está enjuiciando al empresario Javier López Madrid, consejero del grupo Villar Mir, al excomisario de Policía José Manuel Villarejo y al socio de éste Rafael Redondo por perpetrar un plan para actuar contra la dermatóloga para frenarla policialmente ante el presunto acoso que estaba sufriendo por parte de uno de sus pacientes, el yerno de uno de los empresario más importantes de este país, Juan Miguel Villar Mir -ya fallecido-.
Han pasado trece años desde que empezó su infierno pero eso no le ha evitado romper a llorar cuando ha empezado a recordar el presunto acoso sufrido por López Madrid, seguido de amenazas de muerte contra ella y su familia -incluidos sus dos hijos menores de edad en aquella época- y acabando con dos ataques físicos, uno por apuñalamiento. Por este último ataque ella misma identificó primero por fotografía y después en una rueda de reconocimiento a José Manuel Villarejo como el autor.
Por el acoso y apuñalamiento todavía no se ha celebrado el juicio, que será en los juzgados de Madrid el mes que viene. Sin embargo, esta semana ha arrancado otro juicio por la contratación por parte de López Madrid a Villarejo -siendo este todavía policía en activo- para frenar las posibles denuncias que pensaba interponer Pinto contra el empresario por el acoso que estaba sufriendo.
Hoy era el turno de la declaración de Pinto como testigo. Se sentó frente al tribunal y con Villarejo, a quien ella ha identificado como su agresor, a pocos metros, por encima de ella, sentado en estrados con toga al estar colegiado como abogado. La presidenta del tribunal, Teresa Palacios, defendió que Villarejo tenía derecho a estar ahí sentado.
Las dermatóloga relató cómo conoció a López Madrid en el 2012 en su consulta, como un paciente más. Se intercambiaron los teléfonos y empezaron una relación más allá de lo estrictamente profesional.
Los mensajes fueron subiendo de intensidad y de tono. “Empezó a existir una comunicación que yo no quería tener”. Pinto, entre lloros, ha explicado cómo él le escribía whatsapp y si ella no contestaba empezaba a llamarle hasta que respondía, y si no respondía entonces acudía a su consulta o incluso a su casa. “Él tenía el poder. Tenía los contactos con los centros hospitalarios con los que yo trabajaba y era amigo de mis pacientes”, explicó.
Pinto siguió su relato. En junio del 2013 ya no podía más, “estaba muy cansada”. “Yo no quería mantener más esa situación”, dice la médico justo antes de derrumbarse. Fue ahí cuando ella le amenazó con denunciarle si no paraba aunque, según ha explicado, se lo decía para que frenara aunque no pensaba denunciarlo por las consecuencias que podría acarrear.
Fue entonces cuando López Madrid le llamó y le dijo que había contratado a un comisario que se llamaba Villarejo, que era experto en hacer coartadas y que podía enterrar cualquier denuncia. “Me dijo que Villarejo era experto en poner en su sitio a chulas como yo. Me dijo que se lo había presentado Granados -en referencia a Francisco Granados, ex número 3 de la Comunidad de Madrid- en el hotel Santo Mauro”, apuntó.
A pesar de esta conversación, la comunicación continuó. Entonces ella empezó a engañarle y decirle que no estaba en España los fines de semana o que se pasaba todo el verano fuera. “Un día apareció en mi casa. Bajé porque quería darme unos libros. Se me puso muy agresivo. Me dijo que el comisario Villarejo le había dicho que yo no estaba en Italia como le había dicho. Me dijo que estaba localizada en todo momento”, subrayó.
Después de aquello, ella empezó a recibir llamadas, que le hablaban de López Madrid. Esas primeras llamadas no era amenazantes. Entonces ella recuerda que se lo contó al empresario para ir a poner una denuncia pero él la convenció para que no lo hiciera.
En aquellas fechas, siguieron las comunicaciones. Hay un registro de una conversación de más de dos horas entre ellos. “Yo no podía cortar con la comunicación. Dependía de lo que quería él. Llora. Recibía las llamadas y al final lo cogía porque si no podía aparecer en mi casa”, indicó.
En diciembre, hubo un paso más. López Madrid acudió a su consulta con otra persona a que presentó como abogado y que luego se ha identificado era Rafael Redondo, socio de Villarejo. Cerraron la puerta, la sentaron en su silla, y le dijeron que sabían que ella estaba haciendo llamadas amenazantes a López Madrid y su familia y que parase porque la policía la había localizado y sabían que era ella.
“Mi consulta y mi casa debían ser mi zona de seguridad. Pero mandaba él. Me sentó. Yo no entendía. Le decía, 'no se de que me hablas'”, rememoró. Esa conversación fue grabada y acabó filtrada a un medio de comunicación dentro de una campaña de desprestigio contra ella, audio que por otro lado apareció en casa de Villarejo cuando fue detenido en noviembre del 2017.
A partir de ese momento las llamadas anónimas se intensificaron, ya con amenazas de muerte e insultos: “te vamos a matar; puta loca; tus niños son muy pequeños, tus niños son muy frágiles”, recordó con la voz quebrada. Cuando una tarde, un señor se acercó en la puerta del colegio a su hijo pequeño fue cuando decidió denunciar lo que estaba pasando. Llegó a interponer hasta 15 denuncias en la comisaría de Chamartín pero nadie le hacía caso. Su abogado llegó incluso a presentar un escrito ante la dirección adjunta de la Policía, en el Ministerio del Interior, para quejarse de la inacción. Lo que no sabían es que se habían metido en la boca del lobo.
Sólo se sabía años después tras la detención de Villarejo. En sus agendas tenía apuntado cómo la cúpula policial ayudó y maniobró para evitar que las denuncias de Pinto llegaran a buen término. Todo lo contrario. Ayudaron a López Madrid a actuar policial y judicialmente contra Pinto. Llegó a ser detenida por acosar al empresario. Aunque toda esa operativa, después de que se destaparan los negocios de Villarejo y las cloacas policiales, quedó archivado.
Pese a que el plato fuerte de la sesión era la declaración de la dermatóloga, el tribunal ha escuchado a más testigos este miércoles. Entre ellos, el comisario Alberto Carba, que actualmente está al frente da la Policía Judicial de Madrid. Este mando policial, en mitad de las investigaciones de denuncias cruzadas entre López Madrid y Pinto, se intercambió mensajes con el empresario acusado.
En uno, le avanzó a López Madrid que “este partido lo vamos a ganar”. Por este asunto se ha interesado la acusación popular, al entender que el comisario tomó parte en el fuego cruzado a favor del empresario. Carba, que ha agradecido el poder explicar su versión ante supuestas tergiversaciones realizadas en los medios de comunicación, ha asegurado que el día antes de enviar ese mensaje, el directivo lo llamó “desesperado” alertándole de que se estaba subiendo a la azotea de su casa para suicidarse.
El policía defenidó, escudándose en el estatuto de la víctima, y en su dotes como “negociador” que le envió ese mensaje a López Madrid para animarle a creer en que “la justicia” ganaría el partido. La abogada de Pinto le ha preguntado si ese mismo estatuto de la víctima se lo aplicó a Pinto. Contestó que no.
Por videoconferencia declaró también el testigo Alejandro De Pedro, quien ha explicado que López Madrid contrató los servicios de su empresa de asesoría de comunicación. A partir de ahí, su declaración ha estado llena de vagas respuestas, aludiendo al largo tiempo que ha transcurrido desde que tuvieron lugar los hechos.
La defensa puso sobre la mesa un mensaje, de marzo de 2014, en el que López Madrid mencionaba a un comisario que le iba a resolver “un problema”. Según De Pedro, acudió a la oficina de López Madrid porque pensaba que le había hacheado el ordenador “una señora”, que supuestamente era Pinto. Le recomendó acudir a un especialista.
