Quince días de enero
Enfoque
Trump escala la pugna por Groenlandia y coloca a Europa ante un serio dilema

Quince días de enero. Pasarán muchas cosas en las próximas semanas y meses. Las relaciones internacionales han entrado en una fase de aceleración violenta: se multiplican las amenazas. Pasarán muchas cosas, pero esos primeros quince días de enero contienen los elementos básicos de la nueva situación. El mensaje está recorriendo todos los pliegues de la sociedad, ha entrado en el bar, en la fábrica y en la oficina, no es una percepción exclusiva para especialistas. Muchísima gente ha desplegado las antenas y ha llegado a una misma conclusión: “Algo nuevo está pasando, nuestra vida se puede complicar”. La destilación social de esta percepción irá madurando en los próximos meses. Nos estamos adentrando en un cuadro político nuevo, cuya dinámica aún desconocemos.
Quince días de enero. El apresamiento de Nicolás Maduro y el intento en curso de transformar Venezuela en un protectorado norteamericano. La marginación de María Corina Machado, líder de la oposición galardonada con el premio Nobel de la Paz, que esta semana ha implorado el favor de Donald Trump regalándole la medalla del premio, ante la estupefacción del Comité Noruego del Nobel.
Nos estamos adentrando en un cuadro político nuevo e incierto; la gente está captando el cambio de rasante
Quince días de enero. Curso intensivo sobre el Ártico, ese lugar del mundo más literario que histórico, hasta ayer. Trump amenaza ahora con la subida de aranceles a aquellos países que se opongan o dificulten la anexión estadounidense de Groenlandia. Primero ofreció la compra de la isla y ahora amenaza con el uso de la fuerza. Es una compra que Estados Unidos ya planteó en la segunda mitad del siglo XIX después de adquirir Alaska a Rusia en 1867. Una compra que volvió a estar sobre la mesa en 1945, al concluir la Segunda Guerra Mundial, cuando el presidente Harry Truman ofreció cien millones de dólares en oro al gobierno democrático de Dinamarca, apenas elegido después de la ocupación nazi. Los daneses rechazaron la oferta y Truman no se les echó encima. Podía haberlo hecho.
Estados Unidos había tomado el control militar de la isla durante la guerra para evitar que cayese en manos de las tropas de Hitler. Truman no era un flojo, ni un buenista. Había ordenado lanzar dos bombas atómicas en Japón que mataron a más de doscientas mil personas. Podía haber dispuesto el lanzamiento preventivo de una bomba atómica en el mar, para impresionar a los japoneses e instarles a la rendición. Sin embargo ordenó destruir las ciudades de Hiroshima y Nagasaki con el objetivo de obtener una rápida rendición y enviar también un contundente mensaje a todo el mundo: la nueva potencia mundial es Estados Unidos.
Harry Truman no era un flojo, pero no quiso humillar a la pequeña Dinamarca en 1945. ¿Por qué? Estados Unidos quería conquistar el alma de los europeos, en competición con la Unión Soviética, cuyos soldados habían logrado tomar Berlín. Durante aquellos años, muchos europeos creían que la URSS había sido el país más determinante en la derrota del nazi-fascismo. Esa opinión cambió a lo largo de las dos décadas siguientes con la inestimable contribución de Hollywood. En dos países muy relevantes de la Europa occidental como son Francia e Italia, los comunistas gozaban de un elevado prestigio por su contribución a la resistencia. El Partido Comunista Francés fue el más votado en las primeras elecciones legislativas después de la guerra. El Partido Comunista Italiano participó activamente en la redacción de la Constitución de 1948, todavía vigente. Europa no se podía tratar de cualquier manera. El general George Marshall así lo entendió.
Las primeras elecciones legislativas en Dinamarca después de la guerra las ganó el Partido Socialdemócrata (32,8%). El Partido Comunista danés obtuvo el 12,5%, en recompensa por su papel en la resistencia. (Los socialdemócratas ya habían ganado las elecciones de 1943, toleradas por el invasor nazi para legitimar la ocupación. Los comunistas, fuera de la ley, fueron los únicos que no pudieron concurrir a esos comicios). Dinamarca salió moralmente herida de la Segunda Guerra Mundial y Truman no la quiso humillar con la anexión a la brava de Groenlandia, No quería generar resentimiento. Se contentó con mantener una base militar en Thule Pittufik), hoy dedicada a la detección temprana de mísiles intercontinentales rusos. En aquel momento Estados Unidos necesitaba ganarse el apoyo sentimental y político de los europeos. Sembrar resentimiento, habría beneficiado a la URSS. En España, sembraron resentimiento apoyando al general Franco, pero la península Ibérica ofrecía una excelente posición geográfica para los bombaderos intercontinentales y un magnífico puerto (Rota) desde el cual patrullar el Mediterráneo. España era vista en los años cincuenta como un triste patio trasero con playas intetresantes y gente atrasada y pintoresca.
Trump amenaza ahora con aranceles a los paises que apoyen a Dinamarca; el tenue silencio de Von der Leyen es insostenible
Trump no es Truman y su equipo quiere humillar a los gobiernos democráticos europeos. Les importa un bledo el resentimiento que ello pueda generar. Humillar a los gobiernos del Viejo Continente, reírse del presidente francés Macron en televisión, amenazarles constantemente con aranceles, para debilitar a la Unión Europea y alimentar el voto a los partidos de extrema derecha nacional-populista que quieren laminar la UE. Dinamarca, hoy gobernada de nuevo por los socialdemócratas, es un país atlantista, firmemente atlantista, ha endurecido sus leyes sobre la inmigración y cumple religiosamente con la orden de gastar el 5% del PIB en defensa. Y los quieren humillar.
La amenaza lanzada ayer por Trump de encarecer los aranceles para los países que se solidaricen con Dinamarca coloca a la Unión Europa ante una seria disyuntiva. Si agacha la cabeza está perdida. Si la levanta, habrá pelea. El prolongado silencio de Ursula von der Leyen es impresentable. Si los principales países europeos se mantienen solidarios con Dinamarca va a haber pelea política con sanciones económicas. La cuestión de la defensa europea se situará en primer plano. Podría ocurrir que una serie de países diesen un primer paso para mancomunar su política de defensa, sin esperar al consenso de los 27. La cuestión de Groenlandia puede concluir con una humillación en toda regla de la Unión Europea, puede acabar provocando el colapso de la OTAN, si Estados Unidos da el paso de invadir la isla ártica; pero también puede acelerar la configuración de una Europa asimétrica, la Europa de distintas velocidades de la que se viene hablando desde hace años.
Hay más lecciones, todas ellas inscritas en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicada a principios del pasado mes de diciembre, documento que toda persona interesada en el devenir del mundo debería tener impreso o descargado en su ordenador. América para los americanos (estadounidenses). Contención de China en todo el hemisferio occidental, así en el Ártico como en Latinoamérica. Denigración de la Unión Europea y apoyo activo a las fuerzas patrióticas que quieren laminarla o disminuirla. Control de las grandes rutas de navegación comercial. Y una propuesta de “equilibrio estratégico’ con Rusia. Esas son las líneas básicas de esa nueva doctrina de seguridad nacional. Todo lo que está ocurriendo obedece a esas líneas.
Estados Unidos ya no siente la necesidad de ganarse el alma de los europeos, sus prioridades ahora son otras: contener a China, negociar una situación de equilibrio estratégico con Rusia, con el lejano objetivo de reblandecer la alianza China-Rusia, e imponer sus intereses estratégicos y comerciales en Europa negociando con los estados europeos uno por uno, previo debilitamiento de la UE. Abolir cualquier reglamentación europea que ponga condiciones a las grandes empresas tecnológicas norteamericanas. Los primeros quince días de enero han clarificado bastantes cosas. Hace dos semanas reinaba la estupefacción, ahora la nueva situación empieza a ser entendida. El envite es durísimo. Estamos entrando en una fase neocolonial.

El envite es duro, el cambio de época está acelerando, ochenta años de historia están saltando por la ventana, van a pasar muchas más cosas. Y hay que tener algunas fechas apuntadas en el calendario. Anoten la siguiente: 12 de abril. Ese día se van a celebrar elecciones legislativas en Hungría, país en el que se halla la sede social de la plataforma Patriotas por Europa, la plataforma que reúne a la mayoría de los partidos nacional-populistas europeos, entusiastas de la presidencia Trump en un grado u otro. Hay gradaciones, si. Durante estos primeros quince días de enero hemos visto a Vox aplaudiendo con entusiasmo la intervención de Estados Unidos en Venezuela y hemos leído el distanciamiento de Marine Le Pen en nombre de la soberanía nacional. Hay gradaciones distintas en ese bloque, hay posiciones que pueden llegar a ser antagónicas, pero todos ellos, con el concurso de Giorgia Meloni, primera ministra italiana, harán campaña a favor de Víktor Orbán. Ya está circulando un vídeo en que los principales exponentes de la extrema derecha europea apoyan la reelección del primer ministro húngaro.
Es un manifiesto temprano -aún faltan más de dos meses para esas elecciones, porque Orbán puede perder después de más de quince años ininterrumpidos en el poder. Esta vez no le disputa el puesto un frente unitario de toda la oposición promovido por la izquierda. El adversario se llama Péter Magyar (Pedro Húngaro, traducido literalmente al castellano), antiguo alto dirigente de Fidesz, el partido gobernante. El nuevo partido de Magyar se llama Tisza (Respeto y Libertad) y está afiliado al Partido Popular Europeo. Se presenta a las elecciones con un programa conservador-centrista, que aboga por la regeneración de las instituciones y una mejora de las relaciones con la Unión Europea. Orbán acusa a Magyar de ser un submarino de Bruselas y ha advertido a los embajadores europeos en Budapest que no interfieran en la batalla electoral húngara.
Anoten la siguiente: 12 de abril. Ese día se van a celebrar elecciones legislativas en Hungría
Veremos a Donald Trump y a Vladímir Putin apoyando la continuidad del actual gobierno húngaro. Veremos en acción a Elon Musk y la red X. Veremos en acción a todos los partidos del bloque patriótico, porque la batalla de Budapest será muy importante. Orbán es el gran inspirador de los Patriotas por Europa y hace de puente entre Trump y Putin. Con fondos gubernamentales húngaros se ha alimentado la fundación Danube (Danube Institute) que mantiene una estrecha relación con la fundación ultraconservadora norteamericana Heritage (The Heritage Foundation) y con los círculos nacionalistas rusos que tienen como principal referencia a Aleksandr Duguin. En Hungría está el reactor nuclear del trumpismo europeo.
Esas elecciones van a ser fundamentales. Hay que empezar a observarlas con atención, mientras se va calentando la batalla por el Ártico y Groenlandia se convierte en un tremendo reto para la Unión Europea. Hay que ver cómo discurren esas elecciones y cuál es su desenlace.



