Política

El precio electoral de una fatalidad

Crisis ferroviaria

Los accidentes de Adamuz y Gelida pueden costarle al PSOE dos puntos en intención de voto y dar uno más a la derecha

Vista del tren Iryo que descarriló en Adamuz e impactó contra el Alvia que circulaba en sentido contrario, con un balance de 45 víctimas mortales 

Vista del tren Iryo que descarriló en Adamuz e impactó contra el Alvia que circulaba en sentido contrario, con un balance de 45 víctimas mortales 

- / EFE

No hubo bronca política tras el accidente ferroviario de Angrois (Santiago de Compostela, julio del 2013), con un balance de 79 víctimas mortales. El foco se puso en el factor humano, aunque el diseño del trazado era problemático y las medidas de seguridad, insuficientes. Sin embargo, y pese a que la oposición mostró una deliberada contención en la exigencia de responsabilidades, el PP se dejó más de dos puntos en intención de voto declarado en el siguiente barómetro del CIS. A su vez, el PSOE se mantuvo ligeramente al alza en plena crisis del bipartidismo. La justicia ha avalado la versión del error humano como única causa del siniestro, aunque lo ha hecho 12 años después de la tragedia.

¿Pueden extrapolarse los efectos sobre el voto del accidente ocurrido en Galicia en el 2013 a la concatenación de descarrilamientos que se ha producido entre el 18 y el 20 de este mes de enero, primero en Adamuz (Córdoba), con 45 víctimas mortales, y dos días después en Gelida (Barcelona), con un maquinista muerto y la completa paralización de la red ferroviaria catalana? La investigación oficial dirimirá eventuales responsabilidades, pero el impacto en la opinión pública es inmediato y por ello independiente del dictamen técnico del siniestro.

Los dos siniestros dejarían al socialismo por debajo del 27% del voto y a Partido Popular y Vox con hasta 200 diputados

A partir de ahí, y si se toma, entre otras referencias, el precedente de Angrois, el PSOE sería hoy el principal damnificado electoralmente mientras que la derecha podría sumar hasta 250.000 votos más. Concretamente, y en base a una estimación propia del último sondeo del CIS –que dejaría a PP y PSOE en un empate técnico en torno al 29% del sufragio, con Vox en una acelerada progresión–, el impacto de la crisis ferroviaria situaría hoy a los socialistas por debajo del 27% del voto y podría catapultar a populares y ultras por encima de los 200 escaños.

Naturalmente, se trata de una foto fija sometida a los efectos emocionales de una catástrofe de gran envergadura, como también lo era el retrato del barómetro de enero, realizado con anterioridad a los descarrilamientos. La enorme paradoja de lo ocurrido es que el propio sondeo del CIS abría la puerta a una correlación bien distinta a tenor del impacto local que pudieran acabar teniendo el desorden mundial alentado por Donald Trump y su internacional populista, así como las contradicciones y errores de las derechas autóctonas. De hecho, el barómetro de enero dibujaba una expectativa en la que Sánchez podía acabar fácilmente por delante de Feijóo.

Una tragedia cuya probabilidad es de una entre varios billones se ha interpuesto en la recuperación del PSOE

Es decir, si a todo ello se suma el dato de que ese sondeo dejaba en el limbo más de un millón de votos potenciales de la izquierda, el escenario a futuro podía ser muy distinto. Con la derecha ya hípermovilizada y muy cerca de los 13 millones de sufragios totales (un récord relativo y absoluto), y la izquierda varada por debajo de los diez millones de papeletas, cualquier reactivación electoral sacaría a la luz un “voto emboscado” que beneficiaría necesariamente al PSOE y a sus socios.

Dicho de otro modo: si, alentada por las incertidumbres globales y las amenazas del populismo autoritario, la participación electoral creciera en el 2027 hasta el 71% (todavía por debajo de la de abril del 2019), el PSOE y los herederos del tándem Sumar&Podemos podrían repetir su sufragio absoluto del 2023 (casi once millones de votos ). Y en ese escenario, Sánchez podría incluso mantener el porcentaje de las anteriores elecciones (en torno al 31,5%). Solo que entonces, con una derecha canibalizada por Vox, el Partido Socialista le sacaría una ventaja de cuatro puntos al PP y sería la primera fuerza. Y lo más relevante: la traducción en escaños de ese escenario reduciría la mayoría absoluta conservadora a una mínima y frágil expresión: 176 diputados.

La foto fija del CIS de enero no contemplaba los votos potenciales que puede acabar activando el desorden mundial

El drama político del PSOE ha sido enfrentarse a unas tragedias como las de Adamuz y Gelida, cuyas probabilidades de registrarse simultáneamente son tan ínfimas (de una entre varios billones) que entran en el orden de eventos catastróficos “prácticamente imposibles” en ingeniería de seguridad. Aun así, esos sucesos “de probabilidad extremadamente baja” han bloqueado por ahora una posible recuperación de la izquierda española que podía verse alentada por el caos global que está sembrando la destructiva gobernanza de Donald Trump y otros líderes agresivos. Pero la suerte o su contraparte (la fatalidad) también juegan en las partidas de la historia.

La ‘regularización’ del voto del futuro

La anunciada regularización de hasta medio millón de inmigrantes puede favorecer a la izquierda en el futuro cuando estos obtengan la nacionalidad. Pero el impacto electoral inmediato, con el populismo xenófobo al alza, es más confuso. Complicará la pugna en la derecha, ya que el 60% de los votantes del PP considera “elevado” o “excesivo” el número de extranjeros en España. Y ese porcentaje se acerca al 80% entre el electorado de Vox (con un 50% que juzga “excesiva” la cifra de inmigrantes). Pero el PSOE también puede sufrir algún desgaste: un tercio de sus votantes considera “elevado” o “excesivo” el número de extranjeros y cree que el Gobierno debería “impedir la entrada irregular de inmigrantes”.