Política

Más Vox y menos PSOE

Viendo y escuchando algunos análisis sobre los resultados de las elecciones aragonesas, parece que el descalabro socialista es más noticiable que la victoria del PP. En La Sexta, Antonio García Ferreras enfatiza los resultados de Vox. Intentando dosificar la adrenalina, repite lo que ya dijo Guyana Guardian : que los resultados aragoneses anticipan las victorias y las derrotas en España.

En Aragón Televisión hacen valer su inversión en el sondeo de la empresa Gad3, que permite que todos los medios puedan especular, con o sin bilis, sobre hipótesis basadas en hechos inminentes. En el programa especial de la noche electoral, Narciso Michavila comparece poco antes de la hora anunciada (las 20 h) para, como gran druida de la encuesta, afirmar que los entrevistados aragoneses son “especialmente sinceros”. También subraya que ha incorporado la inteligencia artificial al proceso. La IA, dice, mantiene los mismos márgenes de error, pero facilita que todo sea más rápido y automático (y pregunto: ¿más barato?)

Continúa la cruzada para prohibir el acceso de menores a las redes sociales

La especulación basada en el sondeo coincide con otro espectáculo especulativo: la alfombra roja de los premios Gaudí, retransmitida por TV3 y Catalunya Ràdio. Aquí el sondeo se ciñe a las nominaciones. Con su habitual condescendencia, Albert Serra responde las preguntas de su entrevistador. Cuando le preguntan si al hacer una película piensa en el público, Serra responde que no, que él es el único público que le importa y su criterio el único que respeta. Aplaudida por un Liceu puesto en pie, Sílvia Munt apela a las emociones y a la necesidad de defender la locura y la dignidad de los “inclasificables” del gremio del cine.

Continúa la cruzada para prohibir el acceso de los menores a las redes sociales. Curiosamente, los instigadores mediáticos y políticos de esta medida son adultos patológicamente adictos a las pantallas que encuentran en la prohibición la prestación sustitutoria de su propia responsabilidad y un camino de redención. Es un fenómeno parecido al de los padres que, angustiados por los problemas de sus hijos, les pagan un psicólogo para tener la conciencia tranquila (y así poder seguir enganchados al móvil).

La idea de la prohibición no especifica lo suficiente el nivel de eficacia y los detalles de su aplicación y no evita la sospecha de que el remedio pueda ser, como sucede en países dictatoriales, peor que la enfermedad. Es el mismo problema que tenemos con tantas prohibiciones y derechos legislados que, en democracias incompetentes como la nuestra, se transgreden impunemente (los servicios mínimos en caso de huelga ferroviaria, por ejemplo, escandalosamente incumplidos ayer). Si, como decía Georges Elgozy, la tolerancia es la facultad de soportar lo que no somos capaces de prohibir, ¿podría ser que la intolerancia fuera la facultad de prohibir lo que, por pereza o incompetencia, no somos capaces de regular?

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