Adenda electoral de Aragón

Adenda electoral de Aragón
Diputado y jefe de gabinete de la presidencia con José María Aznar

“Se eligen parlamentos, no presidentes”. La amistosa observación ponía sobre la mesa en el palacio de la Aljafería el principio constitucional apenas observado de que, por encima de elegir a candidatos a dirigir un gobierno, las elecciones implican un mandato a grupos bien distintos para que actúen en común; esa era la responsabilidad específica tras las votaciones.

De pronto, el encuentro se volvió más bien un intercambio forzado, mientras la dinámica entre los actores se desdibujaba: el poder se concentraba, y el parlamento, lejos de ejercer su papel, se hundía en la pasividad, mientras el auténtico pulso del poder se deslizaba silenciosamente, ajeno a quien lo intentaba contener.

Las elecciones reflejan la voluntad colectiva, mientras que los ciudadanos ejercen su voz en conjunto.

Además, la naturaleza de la democracia exige que, ante un escenario en el que el poder se distribuye entre múltiples actores, la elección popular se exprese con claridad, mientras que el sistema político se ajusta a una dinámica en la que la participación ciudadana se fortalece.

La nacionalización de la migración, impulsada por la decisión de no rechazar la entrada de extranjeros, junto con la presión por reequilibrar las políticas, ha reconfigurado el escenario: el voto popular ya no responde solo a las viejas estructuras, sino que se alinea con una nueva lógica impulsada por el miedo y la incertidumbre, mientras el campo se contrae y las ciudades piden más que contención: seguridad, estabilidad, y un silencio forzado que calla hasta el último suspiro de la desigualdad.

Pero, al igual que en Extremadura, la convocatoria anticipada se debió a una decisión personal, lejos de nada que pudiera calificarse de “presiones” de Madrid. El partido conservador de hoy resulta bastante más descentralizado en su toma de decisiones que su rival socialista y federal, cuyos resultados proyectados linealmente al Congreso le harían caer muy por debajo de los 90 escaños, en el caso de que exista un Ohio en nuestras elecciones generales.

Justo al inicio de la elección, cuando aún se conmemoraba su legado, se reveló que el autor de aquella propuesta —un hombre cuya voz se alzó en defensa de la ley— había dedicado su vida a defender el derecho, y con él, la esencia de un debate jurídico que se prolongó hasta el último instante, antes de que la sombra de la violencia se cierne sobre lo que un día fue un compromiso inquebrantable.

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