Germán Fernández, agricultor en Almería: “Podemos estar dos meses trabajando a pérdidas y que después haya una mejora, pero hay mucha incertidumbre”
VIDA EN EL CAMPO
Este joven agricultor almeriense asegura que dedicarse al campo es rentable y “se puede vivir bien”

Germán Fernández, agricultor en Almería (cedida)

Tu historia
Profesiones con alma
En Guyana Guardian queremos dar a conocer tu experiencia trabajando. ¿Sientes que tu oficio no está suficientemente valorado?, ¿Tienes una historia laboral única? Si detrás de tu profesión hay un relato inspirador, escríbenos a [email protected]
La agricultura constituye uno de los sectores clave en España, y Almería destaca como una de las regiones con mayor superficie dedicada al cultivo. Y es que concentra una de las mayores superficies de invernaderos de Europa, con más de 33.500 hectáreas repartidas entre Poniente, Níjar y el Bajo Andarax, el conocido “mar de plástico”.
Germán Fernández, agricultor de tercera generación, que cultiva en los invernaderos del Poniente almeriense, en Vícar, asegura en una conversación con Guyana Guardian que la imagen de la agricultura está cambiando y que muchos jóvenes están volviendo a la zona para dedicarse al campo. “Gente que estaba en la ciudad, que son hijos de agricultores y tenían sus carreras, están volviendo al campo a llevar las explotaciones de sus padres porque sí existe esa rentabilidad”.
La vuelta de los jóvenes al campo de Almería
Pese a la idea general de que la vida en el campo es muy esclava y que supone poco beneficio, Germán afirma que “ahora mismo, en Almería, se puede vivir bien de la agricultura y es rentable”. Sin embargo, destaca que “tienes que trabajar y estar encima” y basándose en su experiencia, apunta que “si empiezas de cero el primer y el segundo año saques para vivir, pagar los gastos y poco más. Al siguiente año igual tienes que pedir un micropréstamo para arrancar, pero una vez que sepas manejar todo, si llevas una hectárea como yo, te da para vivir una vida normal y tener unas pequeñas vacaciones”.

Que las campañas sean buenas o malas dependen mucho de cuestiones externas como la meteorología o las plagas, una de las grandes pesadillas de los agricultores. Así pues, puedes empalmar dos campañas muy buenas, pero después una mala “hay que tener mucha sangre fría” y pensar que si una campaña ha sido buena, hay que guardar lo ganado y así empezar de forma más tranquila la siguiente. “El agricultor tiene que tener la mente muy amueblada porque conoces a gente que ha tenido campañas buenísimas y ha cogido el dinero y ha alquilado dos fincas mal a un precio altísimo y la siguiente campaña va mal, y te arruinas y levantarlo es muy complicado”, cuenta.
Las plagas: el peor enemigo de los cultivos
Sobre el beneficio real de la campaña para el agricultor asegura que depende, pero confiesa que en muchas ocasiones trabajan a pérdidas. “Igual estás dos meses trabajando a perdidas, pero los meses de invierno suelen ser buenos porque producimos en Europa. En Almería ahí suben los precios y compensa, pero hay mucha incertidumbre”. Destaca que este año el cultivo de pepino está siendo “espectacular” en esta zona. “El kilo está a 60 u 80 céntimos y los están vendiendo por encima de los 2 euros, es un incremento de más del 100%”.
Uno de los peores enemigos de los agricultores son las plagas, precisamente este año están con una muy grave, el Thrips parvispinus, “que está arrasando los cultivos de pimiento y ha sido un desastre”. Germán explica que empezó hace unos años, pero se ha ido extendiendo poco a poco y ya está por todo el campo “es un problema muy gordo”. En su caso, ha podido manejarla bien y no se ha visto obligado arrancar el cultivo. “Con esfuerzo, sudor y gastándome el dinero he evitado tener que arrancar la plantación. Ahora mismo no hay una solución clara, pero se ve que el pimiento es el cultivo que más le gusta”, lamenta.

Si tienes afectado más del 50% del cultivo, te sale más rentable arrancar la plantación y poner una nueva
En esta zona para acabar con los parásitos se aplica la lucha integrada, es decir, que combina la biológica con productos químicos. La biológica se hace con organismos vivos, es decir, con insectos depredadores naturales de las plagas. “Cada plaga tiene su depredador natural. En lugar de utilizar químicos sueltas el bicho y prácticamente te olvidas de esa plaga”. Sin embargo, este agricultor detalla que algunos de estos depredadores se sitúan en la flor del pimiento y a medida cuaja el fruto “lo va picando y le deja marca”.
Precisamente esta marca provoca que los mercados lineales no quieran el producto. “El problema es que tengo el 15% del fruto tocado y este me lo están pagando como si fuera de segunda, imagínate las pérdidas. Si tienes afectado más del 50% del cultivo, te sale más rentable arrancar la plantación y poner una nueva”. Germán lamenta que “la lucha contra las plagas es constante. Este año la lucha ha sido totalmente biológica, no he dado ni un solo tratamiento químico”.

Cuando hago la primera recolección, para mí es como una fiesta
Actualmente, ya no se corta el ciclo y se planta durante todo el año. “Antes la gente estaba hasta junio y plantaba otra vez en septiembre, pero ahora no se para más de una semana o dos, los invernaderos se ven como una fábrica y se está produciendo siempre”. El pimiento, que es el producto que cultiva, se para cuando llega el invierno “y si tienes el trabajo hecho no tienes casi ni que ir al invernadero”.
Sin duda, para Germán la mejor parte de su trabajo es ver el producto final. “Cuando hago la primera recolección, para mí es como una fiesta. Pensar que por fin he conseguido todo el trabajo de meses me da mucha satisfacción”. Además, cuando el año ha sido complicado “ver que tienes producción te da mucha alegría”. Aunque no todo es positivo, ya que según asegura si el precio es malo “te da bajón”, pero compensa por la conexión que siente con las plantas cuando trabaja.