Una luz transformadora y espiritual une las quince obras de la exposición temporal Viure la llum. Beatus ille que acaba de inaugurar el Museo Diocesano de Barcelona. Las imágenes de contemplación, estudio y espiritualidad se suceden en un recorrido ambicioso que abarca piezas que van desde el siglo XV hasta a principios del XX, pasando por etapas como el Renacimiento y el barroco.
La selección de los artistas de la muestra no es nada modesta. Tiziano, Jan Brueghel, Francisco de Goya o Joaquín Sorolla son algunos de sus protagonistas, que invitan a reflexionar sobre la vigencia de la vida contemplativa como otra manera de habitar el mundo. Asimismo, se explora el papel de los monasterios y los conventos en la producción cultural y la transmisión del conocimiento, más allá de la espiritualidad propia del mundo monástico. Este recorrido es resultado de un trabajo de seis años producida por c2c Cultura y comisariada por la historiadora del arte Helena Alonso, que cuenta con obras procedentes de instituciones públicas y privadas, como la Archidiócesis de Sevilla o el Museo de Montserrat.
La muestra reúne un total de 15 obras de artistas de diferentes épocas, desde el siglo XV hasta inicios del XX
La exposición se articula en torno a los hombres y las mujeres que decidieron habitar la luz desde una perspectiva contemplativa, basada en el estudio, la calma, el silencio y la escucha. Por eso el uso de la expresión latina Beatus ille en el título, que alude a la alabanza de la vida sencilla en el campo frente a la ciudad. En consecuencia, el recorrido plantea si realmente esta contemplación tiene todavía vigencia en el contexto actual de hiperconectividad y vidas aceleradas en el que vivimos. Una idea que, en la actualidad, se ha explorado con productos culturales ampliamente consumidos, como el último álbum de Rosalía, Lux, o la aclamada película de Alauda Ruiz de Azúa Los domingos. Obras que se alimentan también de mística y espiritualidad.
'San Francisco recibiendo la Redoma Sagrada', de Juan de Valdès Leal
Los maestros pictóricos aquí reunidos retratan escenas costumbristas y de vida contemplativa, al mismo tiempo que recurren etapas religiosas y bélicas de gran importancia, como el movimiento de la reforma protestante en el siglo XVI o la guerra del Francés, que Goya ilustró en una serie de grabados con la técnica de aguafuerte, entre 1810 i 1815.
En la exposición sobresale la figura de Francisco de Asís como modelo de la vida contemplativa
Si en la muestra hay una figura representada que destaque, esta es la de Francisco de Asís (1182-1226), el santo católico, místico italiano y fundador de la orden de los franciscanos, que protagoniza varios óleos en el año en que se conmemora el 800.º aniversario de su muerte. Recibiendo los estigmas en el caso de Bicci di Lorenzo, sorprendido por un ángel en el de Valdés Leal, o rezando en el cielo por Zurbarán, su figura se consolida como modelo de la vida contemplativa y la fe como vivencia activa. De la misma manera, el recorrido expositivo se detiene en otras figuras católicas, como el retrato realista que Tiziano pintó del papa Pablo III, el cardenal Alessandro Farnese, que en medio de momentos de incertidumbre y tensión convocó el concilio de Trento (1545-1563).
La propuesta del Museo Diocesano concluye con la representación femenina en la Iglesia católica: las santas y las monjas de clausura. La vulnerabilidad de santa Teresa de Jesús, plasmada por Preti en pleno momento de éxtasis, acompaña el inconfundible y luminoso trazo de Sorolla a Estudio de monja (1919). Las dos invitan una vez más a la reflexión, en este caso, sobre los motivos que llevan a la clausura femenina.
