Catalina y Segundo, vivían en Mallorca y se mudaron a un pueblo asturiano: “Valoramos más la tranquilidad y la calidad de vida que vivir en una gran ciudad”
Vivienda
Cada vez hay más jóvenes que deciden abandonar el ruido y el ritmo acelerado de la ciudad para buscar una mejor calidad de vida en un pueblo

Segundo y Catalina son una pareja que actualmente viven en Bilmea, tras decidir que la tranquilidad y calidad de vida estaban por encima de todo.

La crisis de la vivienda está empujando a muchas personas a replantearse dónde y cómo quieren vivir debido al encarecimiento de los alquileres, la inestabilidad y la pérdida de calidad de vida en grandes ciudades, llevan a muchas familias a buscar alternativas lejos de su lugar de origen, aunque implique empezar de cero.
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Empezar de cero no es fácil y menos cuando el motivo es que el precio de la vivienda absorbe gran parte de tu salario. Este es el ejemplo de Segundo y Catalina, una pareja que ha vivido toda su vida en Palma y que hace cuatros meses decidieron mudarse a uno de los municipios más baratos de Asturias; Blimea, una parroquia del concejo asturiano de San Martín del Rey Aurelio, que tiene unos 4.000 habitantes. En una entrevista para Guyana Guardian, la pareja nos cuenta su experiencia: “Hemos ganado mucha tranquilidad y calidad de vida”, admiten.

¿Qué fue lo que os hizo tomar la decisión definitiva de dejar Mallorca y empezar de cero en otro lugar?
Principalmente, fue el aumento descontrolado del coste de la vivienda y el cambio radical en la forma de vida. En pocos años vimos cómo los alquileres se disparaban hasta unos precios desorbitados. Además, el tráfico empeoró muchísimo: lo que antes era un trayecto de 10 minutos se convirtió en trayectos de 30-40 minutos cada día. Toda la situación nos causaba mucho estrés, así que tras reflexionar muchas veces decidimos que no era el tipo de vida que queríamos y que lo mejor sería empezar nuestro futuro fuera de la isla.
¿Qué dificultades concretas encontrabais para alquilar en la isla?
El precio era el principal problema; estábamos pagando cerca de 1.000 euros de alquiler y prácticamente todo el sueldo se iba ahí. Eso hacía que el margen para los gastos fuera menor y cambiarse a otro piso fuera muy difícil porque hay mucha inestabilidad en la isla; cada vez hay menos pisos disponibles porque muchos están enfocados al turismo, los precios están al alza, por lo que llegó un momento en el que la sensación de vivir con tranquilidad era cada vez más difícil en Palma de Mallorca.
¿Cuánto os costó la vivienda?
Compramos el piso por unos 20.000 euros, y aunque estaba teóricamente habitable, tuvimos que hacer un par de reformas para poder vivir. Los primeros días vivimos con un colchón en el suelo mientras íbamos haciendo los arreglos más imprescindibles, lo que abarató mucho el gasto, hasta gastar solamente 7.000 euros. Así que en dos meses conseguimos dejar la vivienda en condiciones para vivir en ella con normalidad.
Compramos el piso con 20.000 euros y nos gastamos 7.000 euros en reformas
El clima es uno de los grandes cambios. ¿Cómo lo estáis viviendo?
En Blimea el invierno se nota mucho más que en Mallorca, sobre todo por las mañanas y por las noches entre diciembre y febrero. El clima es mucho más frío, pero nada que no se pueda solucionar llevando más capas de ropa. Ambos sabíamos que el clima sería todo un reto, pero todas las decisiones que tomas siempre tiene alguna desventaja y nosotros decidimos que nos compensaba igualmente este cambio.
Hablas de un trato muy acogedor por parte de la gente del pueblo. ¿Podrías contarnos alguna experiencia concreta que te haya marcado?
Desde el primer momento nos hemos sentido muy bien recibidos. Por ejemplo, nuestro vecino del primer piso es una persona mayor que nos abrió su casa desde el primer día y siempre está pendiente de si necesitamos algo. La gente del pueblo es muy cercana, te saluda, se interesa por ti y te hace sentir parte del lugar en muy poco tiempo.
¿Cómo habéis hecho para conocer a tanta gente en tan poco tiempo?
Al ser un pueblo pequeño, es todo muy natural; la gente pregunta de dónde vienes, se interesa y así se crean conversaciones fácilmente. También el primer día coincidimos con algunos vecinos y, a poco a poco, nos fueron presentando a más gente a través de otras personas.
La gente del pueblo es muy cercana, te saluda, se interesa por ti y te hace sentir parte del lugar en muy poco tiempo
Comparando la vida en la ciudad con la de un pueblo pequeño, ¿qué es lo que más os ha sorprendido para bien?
Sobre todo, la tranquilidad. Aquí no hay tráfico, ni colas; puedes ir andando a casi todo y no tienes ningún problema para encontrar aparcamiento. Aquí la gente vive de forma distinta, todo es más calmado y eso se nota muchísimo en el día a día. Definitivamente, sentimos que hemos ganado más calidad de vida. Ahora valoramos más la tranquilidad, el trato humano y la calidad de vida que el hecho de tener todo cerca o vivir en una gran ciudad.
¿Hay algo que echéis especialmente de menos de Mallorca o de la vida anterior?
Echamos mucho de menos a nuestros familiares, y eso es lo más duro de este cambio. También echamos de menos a nuestro círculo de amigos. Sin embargo, intentamos compensarlo viajando y manteniendo el contacto constante gracias a la tecnología.
¿Cómo ha cambiado vuestro ritmo de vida y vuestra forma de relacionaros desde que vivís en Blimea?
Desde que vivimos aquí hemos aprendido a vivir con menos estrés y más calma. Aquí conoces a todos tus vecinos, hablamos y saludamos a la gente en la calle y, sobre todo, sentimos que hay un trato más humano y cercano que el que teníamos en la ciudad. Aquí hay sentimiento de comunidad y te hacen sentir acompañado en todo el proceso, algo que sentíamos que se había perdido en la ciudad.
Al final es normal sentir contraste; en las ciudades grandes hay mucha más gente, hay mucho turismo y sientes que todo va muy deprisa, como si fueras a contrarreloj. Aquí eso no pasa, porque somos menos personas.

¿Crees que este tipo de vida es para todo el mundo o hay que estar en un momento vital concreto para dar el paso?
Definitivamente, no es para todo el mundo. Hay personas que necesitan la ciudad, el movimiento constante o ciertos servicios. Pero también creemos que mucha gente que piensa que no podría vivir en un pueblo se sorprendería si lo probara, porque cambia mucho la perspectiva.
En Blimea tenemos los servicios básicos y esenciales como farmacias, colegio, centro de salud, etc. Pero si buscas un centro comercial, tiendas de ropa y otro tipo de ocio, tienes que desplazarte a la ciudad más cercana que es Oviedo. En cambio, en Mallorca tienes todo tipo de servicios que quieras y todo lo tienes muy cerca.
Para terminar, ¿qué le dirías a alguien que se siente atrapado por la situación de la vivienda en las grandes ciudades, pero no se atreve a dar el salto?
Animamos a todos aquellos que se sienten estancados a que prueben el cambio. Al final, un cambio no tiene por qué ser definitivo, pero la experiencia vale la pena; mucha gente descubriría que su calidad de vida y su forma de pensar pueden cambiar mucho más de lo que imagina.