Relatos

Ramón Perelló, propietario de una mercería centenaria: “Con tres días de vida ya estaba en la tienda, he jugado detrás del mostrador, el negocio es donde yo he vivido”

103 años de historia

El tendero nos ha explicado la historia de su familia, intrínsecamente ligada a este pequeño negocio del barrio de Sant Andreu

Ramón Perelló en la mercería familiar

Ramón Perelló en la mercería familiar

Cedida

Tu historia

Profesiones con alma

En Guyana Guardian queremos dar a conocer tu experiencia trabajando. ¿Sientes que tu oficio no está suficientemente valorado?, ¿Tienes una historia laboral única? Si detrás de tu profesión hay un relato inspirador, escríbenos a [email protected]

En un rincón de Sant Andreu, donde el tiempo parece haber aprendido a respetar la memoria, la Mercería Perelló continúa hilando historias desde hace más de un siglo. En 1923, Montserrat Cura y Vidal alquiló un pequeño local por 100 pesetas al mes para hacerse cargo de una mercería que ya funcionaba desde 1880. Pocos años después, se casó con el señor Perelló, representante de calcetines que visitaba a menudo la tienda. Sin saberlo, pusieron la primera puntada de un negocio familiar que acabaría convirtiéndose en un referente del comercio de proximidad en Barcelona.

Hoy, aquel hilo inicial todavía cose pasado y presente con una vitalidad sorprendente. La Mercería Perelló no es solo un establecimiento especializado, sino también un espacio de transmisión de oficio, conocimiento y vida. Al frente se encuentra la tercera generación de la familia, que ha sabido adaptarse a los cambios sociales y económicos sin perder la esencia. “Hace 103 años que la familia Perelló está en este espacio”, afirma con orgullo Ramón Perelló, actual propietario y nieto de los fundadores.

La Mercería Perelló en sus inicios
La Mercería Perelló en sus iniciosCedida

La historia familiar está estrechamente ligada al negocio. Los abuelos de Ramón tuvieron tres hijos. “El mayor se dedicó también al mundo de la mercería, pero en un almacén. La mediana fue mi madre, que hará 96 años en el mes de mayo. Y el pequeño, que ahora tiene 93, es mi tío Pere. Ellos dos llevaban el negocio con mi abuelo y mi abuela”, explica el tendero.

Unas décadas más tarde, su madre también formó una familia de tres hijos. “El mayor ahora está jubilado, era maestro. Yo soy el del medio. Me dediqué exclusivamente a la tienda. Tenía otro hermano que murió en un accidente de tráfico cuando tenía 23 años”, relata Ramón. Un negocio que también ha hecho suyo su mujer, Elena, con quien ha tenido dos hijos, que tienen sus propios oficios.

La mercería con sus productos
La mercería con sus productosCedida

Un legado de generación en generación

Durante toda la conversación, Ramón no puede esconder el afecto que siente por la Mercería Perelló, un espacio que ha marcado profundamente su vida. “A mi abuela no llegué a conocerla, pero a mi abuelo sí, hasta que tuve 10 años. Yo convivía con él, con mi tío y mis padres. Por eso, mi legado es lo que hemos aprendido de ellos. Muchas cosas se me han quedado en la memoria o en el subconsciente al ver a mi abuelo trabajar y la manera que tenía de hacerlo. Quiero decir, él era muy paciente, el trato con el público era muy calmado”, recuerda.

Ramón Perelló con su nieto Pere, abuelo y hermano del actual propietario
Ramón Perelló con su nieto Pere, abuelo y hermano del actual propietarioCedida

La conexión entre familia y trabajo se forjó desde el primer momento. “Cuando tenía tres días de vida, salí de la clínica y ya estaba en la tienda. He jugado detrás del mostrador. El negocio es donde yo he vivido”, afirma. Es por todo esto que la mercería no era solo un lugar donde se trabajaba, sino también su casa. “Es negocio y vivienda, todo junto. Para entrar en la casa tenemos que entrar obligatoriamente por el negocio, como antiguamente. Como es una finca muy estrecha, no tenemos una puerta adyacente para poder entrar”, comenta.

De este legado, Ramón ha heredado también una manera muy clara de entender el oficio. “Lo tenemos planteado como un taburete de tres patas”, señala. La primera es la mercería clásica, con botones, hilos y agujas. La segunda, tiene que ver con “las labores, en cuanto a lanas, agujas de hacer media, aguja de ganchillo, puntas...”, enumera.

Ramón Perelló en el escaparate de su mercería
Ramón Perelló en el escaparate de su merceríaCedida

Dentro de este ámbito, organizan cursos. “Antiguamente, esta tradición se enseñaba de madres o abuelas a hijas, pero esto llegó un momento en que se detuvo. En el momento que la mujer accedió al mercado laboral, lógicamente, no tenía tiempo de enseñar. Entonces, esta tarea se estaba perdiendo. Muchas mercerías nos dimos cuenta de este detalle. Nosotros llevamos  más de 30 años intentando llenar este vacío que se creó en cierto momento de la historia”, manifiesta Ramón.

“Y la tercera pata es la que realmente hace más volumen y nos da más caja: los complementos de vestir. Pañuelos, bufandas de invierno, calcetines, ropa interior de hombre y de mujer... Tienes que hacer mucha más inversión, pero es la que realmente complementa a los tres; cuando uno no funciona, el otro te está ayudando en cuanto al funcionamiento del negocio” afirma el tendero.

Adaptarse sin perder la esencia

Con más de cien años de historia, los cambios son inevitables. “La clientela va variando a medida que pasan los años. También, hay gente nueva que se incorpora en nuestra zona”, apunta Ramón. Un perfil que ha desaparecido son las mujeres que cosían. “Antes teníamos muchas costureras que venían constantemente buscando botones y otros artículos. Ahora no hay”, dice. A esta gente mayor se añade un público más joven “por el hecho de que hay muchos artículos que no encuentran en otros lugares”. También son clave las “academias de confección que enseñan a diseñadores jóvenes y esto está provocando que vengan a comprar material”, señala.

Escaparate externo de la Mercería Perelló
Escaparate externo de la Mercería PerellóCedida

Respecto a la oferta, hay mucha volatilidad. “El mundo de las labores siempre va cambiando. Nos hemos tenido que ir transformando. Tenemos que hacer un poco como el camaleón. La sociedad te pide unas cosas y nosotros nos tenemos que readaptar”, comenta. Eso sí, siempre manteniendo la esencia: “La filosofía, en el fondo, es la misma. Yo creo que si pudiera hablar con mi abuela, ella me diría eso, que no hemos cambiado tanto”.

Esta capacidad de adaptación no ha estado exenta de dificultades. “Momentos complicados siempre ha habido”, reflexiona, recordando la Guerra Civil o la posguerra que vivieron sus abuelos, las grandes obras que realizaron sus padres en 1975 o la muerte de su hermano. “Este fue el gran golpe emocional para mis padres”, expresa antes de añadir: “Aquel año ya teníamos planificada mi boda. Entonces, fue una nueva incorporación de una parte muy importante de la actual Mercería Perelló, que es mi mujer Elena”.

Dificultades siempre hay, pero creo que me dejaron un negocio bastante bien montado

Ramón Perelló reflexiona sobre los retos a los que se ha enfrentado la mercería

Después han venido otros muchos momentos, pero Ramón admite que no puede quejarse. “Dificultades siempre hay, pero creo que tengo la suerte de que me dejaron un negocio bastante bien montado. No me puedo quejar. Los momentos difíciles no han estado tan virulentos como los que han podido pasar otras generaciones. Y creo que, de momento, puedo estar muy satisfecho de cómo está”, asegura.

Premios institucionales y reconocimiento de un barrio

La trayectoria de la Mercería Perelló ha sido reconocida con varios premios, culminando con la celebración del centenario en 2023. “Estamos muy agradecidos. Recibir el premio de Comercio Centenario, de manos del presidente en el Palau de la Generalitat... Es un honor. No por mí, sino por las generaciones que me han precedido. Es un orgullo. De hecho, siempre hemos tenido en el escaparate todos los diplomas”, dice Ramón.

Pero también valora especialmente los reconocimientos vecinales. “Hay escuelas que han hecho trabajos de campo por el barrio y han venido y nos han dado un diploma, y también lo tengo ahí, en el escaparate, como si fuera lo de la Generalitat”, explica. Este aprecio está directamente vinculado con su implicación con el barrio. “Para nosotros, el hecho de vivir en Sant Andreu es muy importante. Siempre nos hemos querido involucrar mucho con el pueblo. De pequeños, siempre hemos estado en asociaciones, en la parroquia, en diferentes estamentos culturales... Hemos participado no solo económicamente, aportando dinero para que se hagan los actos sociales, sino también participando nosotros, personalmente”, narra el tendero.

Fachada de la Mercería Perelló para celebrar su centenario
Fachada de la Mercería Perelló para celebrar su centenarioCedida

Un momento muy especial fue el año pasado, cuando durante el día de la fiesta mayor del barrio, “en el pasacalle, nos pidieron a nosotros específicamente que fuéramos los abanderados de la bandera de Sant Andreu. Mi mujer y yo custodiados por la Guardia Urbana de gala”. Otra forma de poner en valor “la tarea de tres generaciones, de haber participado activamente en la vida social del barrio”.

El futuro incierto de los negocios antiguos

No es ningún secreto que, en los últimos años, muchos negocios de gran antigüedad han cerrado sus puertas. “Es una lástima que lugares de Barcelona u otras poblaciones vivan esta pérdida del comercio tradicional”. Una situación que Ramón afronta con cierta tristeza y sin tener claro cuál es la clave para cambiar esta problemática. “No se pueden dar lecciones en estos casos porque yo tampoco tengo la clave. Es muy complicado y entiendo que no es fácil, pero lo que sí me doy cuenta es que, muchas veces, los pequeños comerciantes tenemos mucho miedo a las administraciones porque lo están queriendo controlar todo, económicamente sobre todo”, manifiesta.

Interior de la Mercería Perelló en la actualidad
Interior de la Mercería Perelló en la actualidadCedida

En cuanto al futuro de la Mercería Perelló, Ramón calcula que todavía trabajarán unos años más. “Yo ahora tengo 61 años, pero mi mujer tiene 56. Entonces, hasta que ella no acabe, yo tampoco me podré jubilar. Por lo tanto, todavía nos quedan 7 u 8 años trabajando aquí”, explica. Después, la continuidad es incierta. “Mis hijos prefieren tener sus oficios de los estudios que han hecho. Entonces, hoy por hoy, no contemplan continuar”, comenta Perelló.

“Quizás en este tiempo, si mis hijos se lo repiensan... Mi ilusión sería que esto siguiera hasta de la familia. Pero lo veo complicado. Quizás, en estos años que te digo, nos tendremos que jubilar y cerrar”, añade el tendero. En caso de que esto pasara, Ramón querría que la persona que comprara el negocio “hiciera lo que nosotros hemos hecho durante 103 años, con la filosofía de mi familia”.

La Mercería Perelló se encuentra en el barrio de Sant Andreu
La Mercería Perelló se encuentra en el barrio de Sant AndreuCedida

De este modo, después de más de un siglo atendiendo a generaciones enteras, la Mercería Perelló continúa siendo un espacio de “calidez, puertas abiertas, amistad y vida”, expresa Ramón. Este pequeño negocio es el testigo vivo de que las tiendas pueden ser espacios de encuentro y confianza, donde el comercio local es parte indisociable de la vida del barrio. Una pequeña luz de esperanza para seguir soñando con un futuro centrado en la artesanía y la comunidad.

Etiquetas