A sus 80 años, la exquios
Historias de vida
Carme vive en el vecindario de La Barceloneta, situado en Barcelona. Esta señora de avanzada edad regentó un humilde puesto de periódicos en el centro de la urbe, un espacio que, bajo su punto de vista, se ha transformado significativamente.
Afirma que el flujo mercantil se transformó con tanta rapidez que casi la integridad

Carme, 80 años, vecina de la Barceloneta

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Los núcleos urbanos se transforman junto a sus residentes, si bien en urbes como Barcelona, los vecinos no representan el único motor de transformación de sus vías. Específicamente, la metrópoli ha experimentado un crecimiento masivo en la afluencia de viajeros. Las estadísticas muestran que durante el año 2000 la localidad recibía a 4 millones de turistas; para 2024, ese número escaló hasta los 15,5 millones.
Este incremento ha transformado la manera en que los habitantes y comercios de barrio experimentan el espíritu de Barcelona. Carme, con 80 años de edad, ha habitado siempre en el corazón de la ciudad Condal. En realidad, fue dueña de un modesto puesto de prensa en la calle Ferran. “He podido ver cómo ha cambiado todo”, señala para Guyana Guardian.

La mujer de ochenta años ofrecía bisutería y artículos de obsequio en un punto fundamental del centro de Barcelona: el Gótico. Hoy en día, es uno de los distritos con mayor tránsito de personas -14.2000 viajeros por cada kilómetro cuadrado, de acuerdo con las estadísticas de Metrópoli Abierta-, y cada vez son menos los comercios tradicionales que resisten a este incremento. “Antes ya había turismo, pero había tiendas de gente de Barcelona. En 20 años todo ha cambiado muchísimo; la mayoría de negocios ya no existen”, comenta Carme.
Al visitar otras naciones es preciso integrarse, y de igual forma los viajeros tendrían que ajustarse en nuestro territorio
“Mi quiosco era una auténtica ventana al mundo; era tan pequeño que la gente ni entraba, se atendía desde fuera”, agrega. Debido a esa gran concurrencia de visitantes, la antigua dueña logró aprender francés, italiano y un poco de inglés, si bien siempre es favorable a proteger el habla regional. “Muchos turistas se piensan que todo el mundo tiene que hablar su idioma, pero no es así. Cuando vamos a otro país debemos adaptarnos, deberían hacerlo aquí también”, sostiene.
En la actualidad Carme habita a escasos metros de la costa en el distrito de La Barceloneta, donde se deleita, según relata ella misma, con el mar diariamente, aun durante los meses de frío. “Siempre digo que la vejez es una cuestión de actitud. No quiero simplemente aceptar mi condición, hay que hacerle frente”, finaliza la mujer de ochenta años.