Relatos

Jordi Llorens, con 92 años de edad, un jubilado apasionado por el coleccionismo: “Cada mañana me levanto y pinto, tengo 100 cuadros en mi casa; estoy muy satisfecho con mi vida”

Pasiones tras la jubilación

Los pasatiempos representan un fundamento crucial en el transcurso del retiro. El barcelonés y carpintero jubilado Jordi Llorens comprende esto a la perfección y ocupa sus jornadas reuniendo piezas diversas y pintando.

Afirma que su instrucción gradual lo ha acabado convirtiendo.

Jordi Llorens, 92 años, jubilado apasionado por el coleccionismo

Jordi Llorens, 92 años, jubilado apasionado por el coleccionismo

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Con nueve décadas de vida, Jordi Llorens conversa sobre el arte del barro con la fluidez propia de quien rememora una labor asimilada desde la niñez. Para él, no se trata meramente de un interés reciente o un entretenimiento para el retiro, sino de una inclinación desarrollada junto a una trayectoria consagrada al diseño de interiores y la madera, transformándose paulatinamente en un referente fundamental del conocimiento cerámico en Cataluña. “Con el paso del tiempo me he ido haciendo un experto”, relata el veterano autor durante esta charla mantenida con Guyana Guardian.

Llorens vino al mundo en 1935 en Barcelona y consagró su existencia entera al negocio familiar de carpintería y ebanistería que cuenta con 180 años de historia. Según sus propias palabras, se retiró al cumplir los 66 años de manera prácticamente obligatoria, “me encantaba mi trabajo y no tenía pensado retirarme, pero mi asesor fiscal me lo recomendó”, explica. “No lo recomendaría”, narra entre risas.

Jordi Llorens, 90 años, ebanista jubilado
Jordi Llorens, 90 años, ebanista jubiladoCedida

Fue en su etapa de retiro cuando surgió su pasión por el arte y la cerámica catalana. “He aprendido muchísimo” admite que esta trayectoria lo acabó transformando en un referente. La formación continua, el examen de obras antiguas y el vínculo con diversos coleccionistas le permitieron especializarse en cerámica catalana, valenciana y aragonesa.

A lo largo del tiempo, esa sabiduría se plasmó en la escritura. Tras retirarse, ha editado siete volúmenes centrados en la alfarería, varios de los cuales se han vuelto textos fundamentales para seguidores y expertos. Rememora que por mucho tiempo numerosos investigadores empleaban casi exclusivamente un único tratado, el del boletinista Banllori. “Todo el mundo iba con ese libro”, aclara. Sus obras surgen justamente del deseo de expandir dicho conjunto y organizar un legado que, por un periodo prolongado, se había manejado de manera fragmentada.

Me siento una persona afortunada por la existencia que llevo.

Jordi Llorens, 92 años

Sin embargo, el afán de coleccionar no supuso únicamente una tarea intelectual. Su vivienda se halla colmada de arte y piezas cerámicas. Sus muros lucen creaciones del siglo XVII, alfarería aragonesa y catalana, producto de una perspectiva cultivada desde su juventud. “Esta sensibilidad viene de mi padre, Francesc Llorens i Riu, quien tuvo un papel clave en la creación de una de las mejores colecciones de muebles del país, hoy depositada en el Ayuntamiento de Barcelona”, detalla Llorens.

Aquel recorrido propició que, con el paso de los años, bastantes coleccionistas buscaran su ayuda. Llorens señala que durante su trayectoria ha guiado a múltiples personas, y no resulta extraño que, después del deceso de un interesado, los hijos o nietos se comuniquen con él para tasar y clasificar los objetos. “Te das cuenta de la responsabilidad que implica poner nombre y contexto a una colección entera”, asegura.

En lugar de percibirlo como una distinción demorada, Llorens describe el acto de coleccionar como una manera de habitar la realidad. Con 90 años de edad, conserva su interés plenamente vivo y un vínculo tranquilo con el transcurrir de los días. “Me considero un privilegiado”, reflexiona todas las noches antes de dormir. “Estoy muy agradecido por la vida que tengo (y que he tenido), y sobre todo por la mujer con la que me casé”, relata al rememorar a su esposa, la cual murió hace dos años.

Sucede que el aficionado al arte se refiere al fallecimiento con total normalidad. “Pienso que cuando me tenga que morir me moriré y ya, estoy muy satisfecho con mi vida”, finaliza conmovida. 

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