Relatos

A sus 48 años, Carolina Morales Tab

Historias de vida

Una dama que, pese a encarar dificultades, conservó su entereza y entrega, conduciendo su camino con valentía y capacidad de superación ante los diversos obstáculos.

Morales siempre lleva una silla de playa en el maletero por si echa de menos el mar. “Cuando no puedo ir al mar me voy al río con ella”. 

Morales acostumbra llevar una silla de playa en su maletero por si extraña el mar. “Cuando no puedo ir al mar me voy al río con ella”. 

Cedida

Carolina Morales no es famosa, simplemente (y orgullosamente) es hija, madre y amiga de sus amigos. Como puede serlo cualquiera que lea estas líneas. Y aunque hay tantas historias como vidas, el relato que comparte esta mujer en una conversación con Guyana Guardian termina siendo el empujón de un lunes por la mañana, el asiento vacío en un tren abarrotado de gente o una bebida caliente en una fría tarde de invierno. 

La historia de Carolina tiene, como la de todos, diferentes capítulos: la infancia, la juventud y la adultez. Siendo el tercero el más largo al tratar la búsqueda de un hogar, la maternidad, el trabajo y el afrontar, en dos ocasiones, la adversidad más temida: un cáncer. Sumergirse en la historia de Morales conlleva sentirse arropado por sus palabras de superación y positivismo. Así, mencionará en repetidas ocasiones las palabras “felicidad”, “atrévete” y “miedo”.

Su ciudad natal es Sevilla, aunque creció en La Palma.

Se mudó a Sevilla por su pasión por la

Carolina Morales

Empresaria

El padre de esta es sevillano, aunque, explica, se mudó a Gran Canaria con once años. Por ello visitaban la ciudad andaluza a menudo y ese contacto fue lo que le permitió enamorarse. “Yo de pequeña siempre les decía a mis padres que no quería que me regalaran nada en la vida, que solo quería una casa en Sevilla”, explica. “No me vine por amor a un sevillano, yo me vine por amor a la ciudad. Es un auténtico idilio lo que siento por Sevilla”, asegura. “Tiene esas cosas que te emocionan: el olor, su luz, sus bares, su vida, es única... Para mí eso es una ciudad con una gran identidad; este es el mayor patrimonio que puede tener una ciudad”, concluye.

Estudió Derecho porque de pequeña quería cambiar el mundo, pero era muy sensible para tratar con personas y sus problemas, así que optó por especializarse en urbanismo por ser una especialidad creativa. “Lo tenía todo: la vida perfecta de salir a las tres y media de la tarde, un buen puesto, un buen sueldo. Pero a mí el cuerpo me pedía más”, asegura la canaria. 

La calma y el atrevimiento van de la mano con la canaria.
La calma y el atrevimiento van de la mano con la canaria.Cedida

Contaba con 35 años al momento de abandonar su región de volcanes, a sus progenitores y amistades, regresando nuevamente a Sevilla. Aparte de experimentar libertad, igualmente sentía temor y comenta: “Yo no me vine con 20 años, lo hice cuando mi hijo tenía casi dos años, sin trabajo, empezando una empresa desde cero sin saber cómo me iba a ir”. No obstante, se aferra a un pensamiento sólido: “Yo siempre digo que en la vida hay que atreverse”.

El afecto tiene que añadir, no resultar una carga.

Durante su etapa inicial en la urbe, finalizó el vínculo con el padre de su hijo. “Ojalá me equivoque todos los días por amor”, manifiesta. Morales rechaza los encasillamientos y resta relevancia a carecer de pareja a sus 48 años ya que, afirma: “Estoy encantada de la vida”. Se cuestiona con asombro: “¿Quién va a decir que no está puesto para el amor? El amor no debe ser un sacrificio”. Comenta la importancia de ser la guía de uno mismo. Mantener el amor propio y la dicha que siente al estar rodeada de afecto por sus parientes y amistades... “Me llevo bien conmigo”, agrega.

Experimenta de cerca el cariño 'perpetuo', habiendo sido criada por unos progenitores que coincidieron cuando su progenitora contaba con 12 años. “Mis padres siguen caminando cogidos de la mano. El amor se transforma, pero siguen felizmente enamorados”, afirma. Y relata que a veces su progenitor conversa con San Antonio para ver si le envía un compañero sentimental, si bien a sus padres, comenta, les da tranquilidad saber que su hija se desenvuelve bien sola.

Al hablar Morales de su hijo (14 años), lo hace con la satisfacción que toda madre suele irradiar; si bien reconoce que a muchas mujeres la crianza les dicta el camino que deben transitar. No obstante, para la canaria, la maternidad no supone un lastre al no haberle impedido cumplir sus anhelos. De hecho, piensa que la ha impulsado en el sentido opuesto: “Me ha empujado a atreverme, ¿qué ejemplo le daría a mi hijo si no?”.

“Mi hijo no juega al fútbol. Con esto te lo digo todo”, explica la canaria. Y cuenta que, a diferencia de los chicos y chicas de su edad, no tiene redes sociales, tal vez porque Morales tampoco tiene, aunque asegura que probablemente su hijo no le pregunta porque sabe que tendrá un 'no' por respuesta. “Prefiero que mi hijo se tire horas dibujando. Veo en los niños de hoy en día que hay un nivel de resistencia a la frustración más bajo. Yo a mi hijo le digo que no pasa nada porque le interesen otras cosas. Es que ahí está la magia”, subraya.

Busca colmar locales y hospedajes con relatos verídicos

Siempre sintió que su hábitat eran los bares, la gastronomía y ese hogar que tienes en cada uno de tus viajes: los hoteles. Al llegar a Sevilla, Morales impulsó una empresa de branding y comunicación para hoteles y restaurantes por un simple motivo: para crear y contar historias reales. Explica que hace años, cuando aún trabajaba para el Gobierno de Canarias, fue a un bar y, como siempre que entraba a un establecimiento así, se embelesó con la propuesta, la decoración y con cada detalle. Le contó a quien estaba detrás de la barra de forma casual lo que ella veía en ese local (resultó ser el propietario)  y se convirtió en su primer cliente. 

La canaria quiere crear y trasladar a los lectores de los medios y usuarios de redes sociales la historia que hay detrás de cada local o alojamiento: “La barra, la emoción del sabor, lo que se origina alrededor de una mesa, los detalles que hacen que te emociones cuando te alojas en un hotel...  Eso me hacía feliz”, asegura Morales, que quiere llenarlos de gente y de vida. Continúa explicando que son los pequeños gestos los que pueden cambiar la vida o el día de alguien y comparte un ejemplo: “Esta mañana se sentó una señora a mi lado y le dije: ‘Señora, por Dios, qué guapa está usted’. Esa mujer me sonrió y me cogió la mano. Y ese contacto me hizo feliz. Eso es cambiar el mundo”.

Su lema: razón y calma unidos

Carolina relata su experiencia con el cáncer, afección que ha impactado su trayectoria en dos etapas. El diagnóstico inicial ocurrió ocho meses después de su ruptura matrimonial. Fue algo imprevisto, al punto de que asistió a su puesto laboral esa jornada. Consultó al facultativo: “¿Voy a poder ver a mi hijo casarse?” A Morales no le importaba si su descendiente se casaba; pretendía descubrir en las palabras del experto si llegaría a ver a su hijo convertirse en adulto. 

La segunda recaída sí  la recuerda devastadora. También pasó por la quimioterapia y esa vez le quitaron los dos pechos. “Tras mi primer cáncer vivía la vida con prisa, con ansia, por si se me acababa” y asegura que fue un error: “No disfrutaba de la tranquilidad de vivir”. Justamente ocurrió durante el 2020, el año del COVID, por lo que la canaria explica lo que supuso estar aislada, encerrada y estirada en una cama durante tanto tiempo. “Me cansé. Pedí ver a mi hijo, a pesar del virus, y él me salvó la vida”, declara. 

Carolina Morales Tabares en su esencia, con todo lo que la representa.
Carolina Morales Tabares en su esencia, con todo lo que la representa.Cedida

Ahora comparte su mayor miedo: “Tengo miedo a morirme porque no quiero perderme nada. Y no hablo de algo extraordinario; me refiero a dar un paseo, a comer las papas con carne de mi madre, a una tarde de mímica con mi hijo y los abuelos, a leer, descubrir con mi hijo, estar con mis amigas...”. Y comparte también sus aprendizajes: “Tuve muchísimo tiempo para quitarme capas… para volver a ponerme piel nueva… Pensar qué gente sí y qué gente no. Ahora sé lo que quiero y lo que no quiero”.

Carolina Morales no cuenta finales perfectos, pero sí reales. Habla de la resiliencia, del coraje y de ver los días de otra manera. “Este año quiero coger a Sevilla por la cintura”, dice orgullosa. “Pasearé con calma, regalaré amor y trabajaré duro para contar historias, porque es lo que me llena”. Recuerda que “la vida te puede cambiar en cinco minutos” e invita a quien haya llegado hasta aquí a atreverse a hacer lo que le haga feliz, rodearse de personas que le sumen, hallar la tranquilidad y tirar “pa' lante”, termina diciendo.

Etiquetas