Alexandra Clua, francesa en España: “En lugar de comprarme un piso, gasté mis ahorros en abrir una escuela infantil. Veo cosas que me alucinan”
Familias bilingües
En 2012 abrió su propia guardería en el centro de Barcelona. Hoy destaca lo que hace bonito, único y difícil este proyecto

Alexandra no encontraba escuela infantil bilingüe para su hija y la creó ella misma.

Dejó su vida en París, se fue a estudiar a Londres, se enamoró en Escocia y emprendió un negocio en Barcelona. Alexandra Clua (55 años) es una trotamundos, pero al convertirse en madre, su vida cambió de rumbo. Paseaba empujando el carrito de su bebé por la ciudad condal en búsqueda de una guardería, pero ninguna le encantaba, por lo que decidió destinar sus ahorros a abrir la suya propia. Así, Clua es, desde hace trece años, la directora de un centro de crianza bilingüe al que acuden familias que, como ella, buscan un lugar acogedor que cuide de sus hijos rompiendo la barrera idiomática.
En esta conversación con Guyana Guardian, la francesa explica que su motivación por estudiar y vivir en Londres fue motivada por gusto por el inglés. “Influyó que escuchara mucho a Michael Jackson”, dice. Se licenció en Educación y más tarde en Informática y SEO (Search Engine Optimization). Viajó por Inglaterra y así se enamoró de Escocia. Lo que no sabía es que terminaría compartiendo su vida con un escocés al que conoció en Burdeos. Regresaron a la ciudad escocesa para trabajar, pero él “ya no quería vivir más allí, necesitaba viajar”, asegura Clua. “Tampoco queríamos ir a Francia, así que buscamos un punto medio y nos decidimos por España”.

¿Cómo fueron los primeros años en Barcelona?
Nos mudamos a Barcelona en 2003 porque pensamos que era la ciudad más agradable. Trabajaba para la UNESCO desde casa, como experta en SEO. Cuando me quedé embarazada, pensé: “Ahora tengo que aprender bien el catalán, porque voy a tener una familia aquí”. Hice todos los cursos que pude con una barriga a punto de explotar. Y tuve a mi hija en 2008.
¿Por qué decide abrir su propio centro?
A partir de 2010 empecé a buscar escuela infantil para mi hija y no encontraba lo que me encantaba. No encontraba pequeños grupos que acogieran a familias de todo el mundo. Nosotros ya éramos bilingües. Viviendo en Barcelona, ya éramos cuatro lenguas en casa (francés, inglés, español y catalán). Como no encontré ningún sitio, decidí abrir uno yo y así nació La Marelle (Rayuela, el juego infantil, en francés). Así volví a mi primera carrera universitaria: Educación. A veces no sabes por qué estudias algo y la vida te lo vuelve a poner delante.
No creo en tener que “educar” a niños pequeños
¿Es una guardería tradicional?
No lo considero como una guardería normativa; es un grupo de crianza porque tengo la licencia de club social. Eso significa que los padres tienen una mano dentro del club, participan, tenemos encuentros para hablar de coeducación. Tampoco creo en tener que “educar” a niños pequeños. No hablamos de educación de 0 a 6 años, hablamos de acompañar, de juego libre y de descubrimiento.
También nos diferencia que somos multilingües: francés, castellano e inglés. No estamos enseñando francés, pero yo hablo en francés y los niños entienden. Además, trabajamos con grupos reducidos de niños. Se parece mucho a una guardería tradicional, pero salimos mucho a la calle porque no tenemos gran espacio interior.
¿Qué es lo más difícil de emprender un proyecto así?
Los dos primeros años no tuve ningún ingreso. Sobreviví con mis ahorros. En lugar de comprarme un piso, abrí La Marelle. No recibí ningún tipo de ayuda. Todo lo que hay en el centro es personal. Lo pinté yo, decidí cómo iban a ser las paredes, busqué al carpintero que hizo la cabaña. En 13 años, casi nada ha cambiado.
Luego, durante el COVID, tuvimos que cerrar y cuando pudimos volver a la rutina de siempre, muchas familias antiguas me dijeron: “No queremos volver a la escuela donde están, ábrenos otro grupo”. Entonces abrí una segunda escuelita.
Ahora lo más complicado es la gentrificación del centro. Estamos justo en Ciutat Vella y muchas familias no pueden encontrar piso cerca. El 90% de las familias que se interesan me dicen que no tienen un piso cerca. No van a llevar a su hijo a una guardería a seis kilómetros.
¿Es sostenible económicamente hablando?
La cuota de autónomo es demasiado elevada. Como socia única de mi S.L., estoy en el régimen de autónomo, y pago más de 500 € de cuota mensual. Es un % muy importante de mi sueldo. Además, cada 3 meses se vacía la cuenta bancaria de La Marelle para poder pagar el IVA.
¿Qué perfiles de familias se interesan?
Acuden mucho los turistas y nómadas digitales. Vienen de Estados Unidos, Canadá, Francia, Filipinas… Y están aquí por dos o tres meses. Cuando empieza el buen tiempo, a partir de primavera, estamos completos, porque es cuando llegan.
¿Qué opina sobre la escolarización antes de los tres años?
Hay una creencia de que los niños necesitan socializarse a los tres años y no es cierto. Algunos están listos y otros no. En escuelas internacionales hablamos de grupos grandes. Aquí es un sitio muy pequeño, muy familiar y eso, pienso, es lo mejor para ellos. Antes de tres años, la relación uno a uno me parece fantástica.
La socialización es necesaria después de los tres años. Un niño de quince meses juega en su mundo. Si otro le quita el coche, hay batalla. Es normal, es la prolongación de su brazo. Hay emociones muy fuertes que necesitan tiempo.
En mi grupo mezclo edades. Los pequeños con los mayores desarrollan empatía, imaginación, copian lo que ven. Es algo positivo.
¿Ha notado cambios generacionales en las familias y los niños?
Sí. Primero, cosas que me alucinan: no van al médico, preguntan al ChatGPT. Tienen miedo de poner límites... Para mí, amor y límites van juntos. Aunque sin ser autoritario, tienes que decir: “Esto ya no lo puedes hacer más”.
Con las pantallas hubo un momento complicado. Hace cinco años me decían: “No come solo porque le doy de comer mientras mira dibujos”. Eso no puede ser. Ahora sí lo están controlando más.

¿Qué es lo que más le llena después de tantos años?
La familia. Yo no tengo mi familia aquí. Cada año creo una nueva familia. En octubre hacemos un aperitivo en el Parque de la Ciutadella y se crean vínculos muy fuertes entre las familias. Tengo familias de hace diez años que siguen yéndose juntos de camping. Los niños ya tienen 13 años y me siguen mandando fotos. Eso me llena muchísimo.
¿Ha pensado en qué ocurrirá con La Marelle cuando se jubile?
No he cotizado tanto como para jubilarme pronto. No sé qué haré con el proyecto en el futuro; tengo que pensarlo. Encontraré a alguien seguramente. Y en cuanto a mí, me gustaría salir de la ciudad, mudarme al campo o cerca del mar.

