María Algueró, madre de acogida de tres hijos y uno en adopción: “No pensamos en lo que va a pasar; vivir al día nos hace disfrutar mucho más de todo”
FAMILIAS
María siempre había querido tener una gran familia; biológicamente no ha sido posible, pero no se resignaron y optaron por ser padres de acogida

María Algueró junto a su familia (cedida)

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María Algueró siempre soñó con ser madre. “Soy profesora y me dedico a trabajar con niños; ser madre era el sueño de mi vida”, cuenta en una entrevista para Guyana Guardian. Se casó en 2016 y en sus planes estaba el de formar una familia; sin embargo, cuando se empezaron a buscar el bebé, no lograba quedarse embarazada y se dieron cuenta de que algo no iba bien. A partir de ahí empezaron con varios tratamientos y diversas operaciones hasta que decidieron aceptar que no se podía quedar embarazada. “Fue un palo gordo, pero en realidad seguía con el deseo de ser madre, y que no sean biológicos me da igual. Mi prioridad era formar una familia y me daba igual la forma en la que fuera”, asegura.
Empezaron un proceso de adopción internacional, pero cerraron muchos países en los que estaban interesados y cerraron esa vía. En una de las charlas informativas, les hablaron de la acogida y María se quedó con eso en la cabeza y se empezó a informar sobre esta alternativa. “Al principio dudábamos mucho porque no conocíamos a nadie, era un mundo muy desconocido, no sabíamos cómo íbamos a terminar, pero al final ha sido la manera por la que hemos podido ser padres”, apunta.
Mi prioridad era formar una familia y me daba igual la forma en la que fuera
En la primera charla a la que asistieron, supieron que estaban convencidos de su decisión. “Te cuentan la realidad, que es muy dura; creo también que es la manera de cribar porque no a todo el mundo le encaja”, cuenta. En su caso, todo fue muy rápido. Presentaron los papeles para acoger a dos hermanos de entre 0 y 3 años, y cuando aún no había llegado la carta con la idoneidad, recibieron una llamada. “Cuando me dijeron que tenían dos hermanos pequeños, dejé de escuchar y me metí en el baño a llorar”, confiesa. Solo dos días después de esta llamada, tuvieron una reunión de ofrecimiento donde les explicaron la edad, nombre y situación personal y médica de los niños.

Su llegada fue maravillosa, era como un sueño para nosotros y para ellos la oportunidad de poder vivir en una familia
A partir de ahí, tenían 48 horas más para decidir si querían seguir adelante con el proceso. “Allí ya dijimos que no teníamos nada que pensar, que era lo que iba a llegar a casa y ya está”, afirma. Cuando confirmaron su decisión, prepararon un álbum con fotografías para enseñárselo a los niños y fue en ese momento cuando les enseñaron una fotografía de los pequeños. Pocos días más tarde, en junio del 2019, los niños, de 1 año y medio y 2 años y medio, ya estaban en casa. “Su llegada fue maravillosa, era como un sueño para nosotros y para ellos la oportunidad de poder vivir en una familia”, cuenta.
Poco después de su llegada, llegó la pandemia de la covid, un periodo de tiempo que en su caso “lejos de ser un horror, fue maravilloso porque nos dio tiempo a hacer más vínculo. Al final, son niños y hay que trabajar muchas cosas”. Durante este tiempo, María y su pareja reflexionaron sobre la posibilidad de incorporar un nuevo miembro a la familia: “Creo que lo mejor que le puedes dejar a un niño es un hermano”, asegura. Sin embargo, tuvieron que esperar a que los niños llevaran un año en casa para poder presentar los papeles de nuevo.
Creo que lo mejor que le puedes dejar a un niño es un hermano
Solo dos meses después, estaban inmersos otra vez en el proceso de acogida. “El mediano llegó con 7 meses y había estado toda su vida en una residencia”, cuenta. La llegada de un nuevo niño, fue una decisión tomada y consensuada entre todos. “Para mí era importante tener en cuenta que el ofrecimiento ya no lo hacíamos dos personas, sino que éramos una familia de cuatro”, cuenta. Desde el principio comentaron con los niños la situación y ellos estuvieron de acuerdo y emocionados.

Durante este tiempo, seguían en el proceso de adopción de necesidades especiales, pero finalmente decidieron cerrarlo porque la situación había cambiado, y cada niño tenía sus capacidades distintas. Pero, de nuevo, la vida decidió darles un vuelco y, tras ocho años cerrado, en enero de 2022 el proceso de adopción nacional ordinaria de Madrid —al que optaban 1.600 familias— se abrió y se inscribieron pensando que no les tocaría. “Tuvimos la suerte de nuestra vida. Se hizo por sorteo y ordenaron por número de DNI. Siempre rellenaba todo con el de mi marido, pero esa vez lo hice con el mío”, cuenta.
En octubre del mismo año ya tenían la idoneidad y en noviembre volvió a sonar el teléfono con el ofrecimiento de un bebé prematuro de 27 semanas, que estaba ingresado en el hospital sin pronóstico. Tras estar un mes ingresados, les dieron el alta, pero cuando llevaba ocho días en casa, el niño dejó de respirar. “No sabíamos nada de lo que estaba por venir, pero es un niño que depende de la corriente para poder respirar porque no le funciona el sistema nervioso central”, explica.
Es un regalo por el que no puedo dar más gracias cada día porque esté aquí
Ahora, con 3 años, es un niño dependiente 100%. “Vamos día a día, nadie daba un duro por él y ahora mismo es un regalo por el que no puedo dar más gracias cada día porque esté aquí”, cuenta. Sus hermanos son conscientes del problema del pequeño de la familia, ya que durante sus primeros años de vida ha estado más tiempo en el hospital que en casa. “En casa tenemos una UCI montada, la niña sabe cómo funciona el respirador y todas las máquinas, sabe cómo encenderlo y apagarlo todo”, explica.
Los tres mayores de la familia, de 9, 8 y 5 años, están en acogimiento permanente y una vez al mes se reúnen con su familia en un punto de encuentro. Un momento, que María y su marido trabajan para “que quieran ir y vayan contentos, que puedan llevar cosas para enseñarles. Intentamos que, dentro de la situación compleja que tienen, lo normalicen y hagan las cosas para que lo entiendan mejor”, explica.

Desde el primer momento es un tema que se ha hablado en casa de forma muy clara. “Ellos dicen que somos una familia de acogida y lo ven supernormal. La realidad en mi casa es que hay tres niños de acogida y un niño adoptado. No es la realidad en otras casas y hemos normalizado mucho la situación”, comenta. María asegura que era muy importante que los niños entendieran la situación y “tienen clarísimo que tienen dos familias, que hay dos mamás y dos papás”.
Pese a que existe la posibilidad de que los niños vuelvan con su familia biológica, en casa no se convive con ese miedo. “Cuando empezamos en esta aventura, cambiamos de chip. No puedes pensar que es tu hijo y nadie te quita nada porque no es tuyo. Estamos mientras se necesite”, afirma. La vida en la familia se vive al día a día: “A día de hoy no pensamos en lo que va a pasar; vivir al día nos hace disfrutar mucho más de todo”, asegura. María y su marido tienen una acogida permanente. Si en algún momento los niños retomaran el contacto con su familia, “no es de la noche a la mañana, se hace de forma progresiva porque supondría que la situación ha cambiado”.
Por supuesto, los quiero igual a todos; que el pequeño tenga un papel con nuestros apellidos, no me supone nada
Sobre la posibilidad de adoptar a los niños, María cuenta que “cuando cumplan 18 años, ya no es un menor en acogida y hay un vacío legal. En ese caso se podría plantear la adopción, pero es algo que ellos tendrían que querer. Hay veces que los niños quieren y las familias de acogida los adoptan”. No es un tema que preocupe especialmente a María: “Por supuesto, los quiero igual a todos; que el pequeño tenga un papel con nuestros apellidos, no me supone nada”.
A nivel personal, María asegura que la llegada de los pequeños, les ha cambiado como personas. “Nos ha hecho ser mejor persona, a valorar todo de otra manera y nos ha hecho entender todo diferente”. En su casa, no hay espacio para la incertidumbre porque “vivimos al día”. Pese a que no todo es fácil, María afirma que “no lo cambiaría por nada. Mi espinita es no haber podido vivir un embarazo, pero si me dicen que lo puedo vivir a cambio de esto, no vuelvo atrás”. “Puedo haber tenido un día horroroso que, cuando están en la cama y paso por las habitaciones y les doy un beso a cada uno, para mí eso es el mejor momento del día. Estamos todos en casa, estamos todos bien, solo puedo dar gracias”.
Mi espinita es no haber podido vivir un embarazo, pero si me dicen que lo puedo vivir a cambio de esto, no vuelvo atrás
Cuando se iniciaron en el proceso de acogida, sintieron que no tenían referentes y no conocían a ninguna familia que lo fuera. Precisamente, fue eso lo que le motivó a dar visibilidad a este modelo de familia a través de las redes sociales. “Es un tema tabú. Era un tema del que no se hablaba; creo que se ha avanzado mucho en ese sentido y que se va concienciando más y es importante hablar de ello”, asegura.
